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El color de la política

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Publicado en: Gobernanza. Revista Internacional para el desarrollo humano. IIGOV.org 15.02.2005 (formato pdf)

El naranja y el lila están de moda. Al menos, en la política. La noche del 21 al 22 de noviembre de 2004, el pueblo de Ucrania se echa a las calles. Muchos no aceptan el resultado de unas elecciones que consideran fraudulentas y dan la victoria al candidato pro-ruso y azul Viktor Yanukóvich. A este movimiento popular se le conoce como la revolución naranja porque la gente llevaba prendas de color naranja, el color del líder pro europeísta, Viktor Yúshenko. A finales de diciembre de 2004 Yúshenko gana las nuevas elecciones. Pocos días antes se descubre que intentaron envenenarlo durante la primera campaña electoral. Su esposa le había comentado que sus besos sabían a veneno.

En España, meses antes, otro partido adoptó este recurrente color cuando salió del gobierno de España. Durante la celebración del 15 Congreso, ya en la oposición, el Partido Popular abandonó el sobrio azul por el moderno naranja en plena búsqueda de una nueva percepción social y pública. El efecto del color naranja es complejo según la psicología de los colores. Posee una fuerza activa, radiante y expresiva, de carácter estimulante y cualidad dinámica positiva y energética.

Desconocemos todavía el carácter terapéutico del cambio al naranja por parte del PP, pero sí sabemos que Yúshenko ganó las elecciones gracias a su visible revolución. Sus banderas y sus bufandas se veían mucho más que la propia presencia de sus seguidores. Por eso, la solución más útil provino de quienes tomaron millares de bolsas de basura naranjas y escribieron en ellas el nombre de Yúschenko. Tras abrirles unos huecos para la cabeza y los brazos, distribuyeron el resultado entre los manifestantes: la prenda impermeable permitió permanecer a sus electores en vigilia permanente frente al fraude, a temperaturas bajo cero. La televisión hizo el resto.

El color naranja permitió –rápidamente- unir a la mayoría de los ciudadanos en una nueva identidad nacional. La del color del cambio. El color de la complicidad. Sus simpatizantes aseguran que Yúshenko lo eligió porque es diferente del rojo soviético. Naranja frente a rojo y azul. El naranja dibujaba un camino de revolución más pacífica y calmada, casi despojada de valores ideológicos, más lúdica y festiva. Más ciudadana, en definitiva. Tony Blair ha optado por un malva liláceo, transparente y luminoso. A medio camino entre el rojo de los laboristas y el azul europeo combinados. En la conferencia anual que los laboristas celebraron el pasado mes de septiembre en Brigthon, el new labour sorprendió a todos con una apuesta cromática innovadora y diferente de la cultura estética y política de la socialdemocracia. El resultado era magnético, telegénico. Su lila era casi fucsia en televisión, creando un efecto muy atractivo. Todos los oradores destacaban del fondo, ganando en presencia y seguridad. Otra vez, el new labour se presentaba como lo nuevo. Hoy, meses después, el lila se apodera, como un movimiento anónimo y cómplice, de la iluminación nocturna de algunos edificios en Londres. O de la librería de la Tate Modern. El color une, sin palabras.

Naranjas energéticos, lilas cómplices, nuevos colores para las nuevas revoluciones o propuestas del siglo XXI. Colores que ya son fondo, decorado, armonías visuales más que banderas. Colores para integrar (como el lema de los laboristas “A better life for all”). Colores para ser vistos, para reconocerse, para sumar.

Peter Glotz, político y filósofo alemán, y actualmente rector de la Universidad de Sankt Gallen (Suiza) es uno de los referentes socialdemócratas europeos más destacados. En una de sus entrevistas recientes declaraba que las victorias políticas y electorales se basaban en una combinación de “personas, programas y organización”. ¿Eso es todo? Quizás también les falte escoger bien el color.

Antoni Gutiérrez-Rubí, asesor de comunicación.

Referencias de interés:
India vota por Indiala estabilidad Fuente: El País (17.05.2009

Una Experiencia Animada e Interactiva de la Comunicación y el Simbolismo del Color (María Claudia Cortés)
Fuente: Qué nos dicen los colores (18.07.07)



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    Comentarios

    Pingback de Por el color de su corbata les conoceréis « Comunicación (política) y Relaciones Públicas
    Fecha: Abril 28, 2010, 11:26 pm

    [...] Muchos han sido los análisis que se han realizado de los debates, los programas electorales, los perfiles personales y profesionales de estos tres candidatos e incluso de las futuras primeras damas. Sin embargo, me gustaría detenerme en un elemento quizá secundario, pero sin duda, crucial para la identificación de los candidatos, que no es otro que la simbología del color. [...]