El príncipe contra el rey

Publicado en: El Periódico 14.05.2006 (formato pdf) y El Periódico (versión en catalán) 14.05.2006 (formato pdf)

Alonso y Schumacher se retan dentro y fuera de la pista. En la F-1,quizá el deporte más exigente con el triunfo, no existe el jogo bonito; el duelo necesita rivalidad extrema. El mercado y las audiencias, también. Sin lucha, el campeonato se devalúa. Por ello, hasta el más grande Schumacher, necesita de jóvenes arrogantes dispuestos a discutir su autoridad. No hay nada más épico que destronar a un rey, aunque seas ya príncipe. La sucesión natural no basta para el ambicioso. El relevo debe ser forzado para que sea mítico. No es igual ganar a Raikkonen que al heptacampeón. Eso lo haría inolvidable. La rivalidad se nutre de antagonismos que se alimentan con una amplia gama de emociones, estéticas e iconos.Estos son losmás relevantes.

Azul contra rojo. El azul es el color del cielo y del mar, los horizontes sin fin, por lo que se asocia a laestabilidad, la confianza y la inteligencia. Se suele usar para anunciar productos relacionados con la tecnología y es un color frío propio de un conductor calculador. El color rojo es el del fuego y la sangre, por lo que se asocia al peligro, la energía y la pasión. Es un color caliente que se ajusta a la conducción temperamental de Schumacher y es el favorito para anunciar coches y motos, bebidas energéticas y todo tipo de deportes. De alta visibilidad, se usa en las señales al tiempo que es el color indiscutible de la atracción emocional.

Marea contra furia. La Alonsomanía es potente pero aún muy española para poder rivalizar con los tifosi de Ferrari. Puedes ser sueco o alemán, pero si crees en la victoria y luchas por ella tanto como un italiano puedes ser un tifoso global. La marea azul es demasiado local todavía para competir con la furia roja en el terreno de las pasiones sin patria.

Tiburón y bala roja
Renault contra Ferrari. El equipo revolucionario contra los constructores más poderosos. El tiburón de Alonso contra la bala roja. Un equipo francés con piloto español contra un equipo italiano con líder alemán. Michelin contra Bridgestone.

El Profeta contra el Káiser. El campeón más joven contra el abuelo del circuito. El duelo deportivo es también emocional y escénico. La F-1 exige una concentración sin la cual ninguna técnica es útil a 300 por hora. Ambos rivalizan en frialdad y exigencia, pero la aparente humildad y la profética visión de la carrera de Alonso se han convertido, para muchos, en falsa modestia y arrogancia petulante. Schumacher no disimula lo que es: un impertinente obsesivo con la victoria pero que el año pasado demostró que sabe perder –y trabajar humildemente– como nadie lo ha hecho con su palmarés.

Publicidad contra prensa. Alonso es un tipo multianuncio. No le queda ni la cremallera del mono sin patrocinar o producto que no le tiente hasta convertirlo en bailarín de claqué si la multinacional lo exige. Pero se mueve mal con los medios pese a que ha dado 200 entrevistas en un año. Recela de la prensa española y se siente incomprendido. Schumi gestiona mejor el presente. Su palmarés le permite defender su jerarquía y no le importa posar con un habano sin forzar su imagen con piruetas imposibles. Conoce la urticaria de Alonso y se esfuerza en ganar en los medios como paso previo a hacerlo sobre el asfalto.

Ego contra ego. La publicidad es la gasolina del negocio y se revaloriza cuando el piloto es el protagonista. Y la imagen que proyectan juega un papel clave en la percepción del consumidor. Ser campeón exige ser también un campeón emocional y moral, ser simpático o parecerlo. La risa desinhibida de Schumi es más creíble que la sonrisa contenida de Alonso. Y, al final, el público tiende a perdonar –y a querer– a quien no disimula.

Alonso tiene hoy una cita con la afición que le animará y otra con la prensa que le esperará con las plumas afiladas. Deberá mostrar la misma concentración que en la carrera. Conviene que no olvide que este país es experto en el desafecto hacia sus héroes. Cualquier reproche a la prensa se convertirá en más munición para los que se preguntan cómo puede ser un príncipe tan creído si aún no ha sido coronado como único rey

Antoni Gutiérrez-Rubí, asesor de comunicación.
Documentos de interés:
“El desembarco de las marcas” (El Periódico)
“Atrapados por la marea azul” (El Periódico)
“ El hombre récord” (La Vanguardia)

Etiquetas: , ,

Comentarios sobre: El príncipe contra el rey

Los comentarios están cerrados.