Tratamiento y comunicación de shock

Publicado en: El País (19.12.2011)

En 1933 Franklin Delano Roosevelt asumió el poder en Estados Unidos también con un enorme capital político. Los estadounidenses, de todas las tendencias políticas, estaban exigiendo una acción inmediata a causa de la gran crisis económica que estaban padeciendo y el presidente respondió insistiendo en que debía ser juzgado 100 días después de entrar en el gobierno. Durante esos días, creó una serie de nuevos programas para los “primeros cien días” de la Administración, en los que se reunió con el Congreso (que aceptó casi todas las solicitudes legislativas que había presentado). Desde entonces, los presidentes gozan de cierta “tregua política” en sus primeros 100 días. Pero, a partir de entonces, se exigen ideas y soluciones. Es necesario ver un cambio.

Durante la campaña electoral, Mariano Rajoy dijo: “mi primera medida será un mensaje al país y a Europa de austeridad y de que vamos en serio”. Ahora tendrá 100 días simbólicos, pero el primer día -en el marco de la crisis actual y con estas expectativas- es el día clave. Las imágenes y las etiquetas que sea capaz de fijar marcarán la primera parte de la legislatura en su totalidad.

Actuar con rapidez es también la premisa táctica establecida por Milton Friedman, padre de la “doctrina del shock” que guía el capitalismo contemporáneo para imponer de forma irreversible los cambios en período de crisis. Friedman estima que una nueva Administración “dispone de seis a nueve meses para poner en marcha cambios legislativos importantes; si no aprovecha la oportunidad de actuar durante ese período concreto, no volverá a disfrutar de ocasión igual”. Ese es el tiempo que tendrá Rajoy para dar un paso al frente y demostrar a los españoles, pero también al mundo, que la economía de España puede cambiar.

En su libro “La doctrina del shock”, de 2007, Naomi Klein indica que esas políticas económicas abanderadas por Friedman (y utilizadas mayoritariamente por los países capitalistas) han alcanzado importancia en países con modelos de libre mercado, no porque fuesen populares o demandados sino a través de impactos en la psicología social -con desastres o contingencias- provocando que, ante la conmoción y confusión, se puedan llevar a cabo reformas impopulares.

Rajoy consiguió el cambio político y electoral sin anunciar durante la campaña sus futuras medidas. Hoy ha presentado “su política de reformas” que será el auténtico cambio. Ha enunciado un gran número de medidas sin casi necesidad de explicarlas, justificarlas o enmarcarlas en un escenario y su horizonte. Exprimirá el presente con la imagen de gestor vertical y profundo, casi inflexible, en un viaje que sí que sabemos como será: incómodo, largo, duro, difícil… e incierto.

Rajoy no se recrea, no pretende gustar, solo ofrecer solvencia y rigor: “Me comprometo a decir la verdad, sin adornos y sin excusas. Al pan, pan y al vino, vino”. Solo dos grandes metáforas, al principio y al final de su discurso, han introducido la poética en un texto tan prosaico y riguroso que ha sido totalmente leído, sin concesiones a la improvisación. La primera, sobre la idea de semilla (“debemos sembrar con urgencia si queremos que brote lo antes posible la nueva cosecha de empleo”), que es una crítica velada a los “brotes verdes” de la pasada legislatura y que nunca existieron. Y la segunda, más poética, sobre el horizonte: “cuando las nubes de la pesadumbre ocultan el cielo, parece que somos incapaces de ver otra cosa, incluso de imaginar que puedan desaparecer”, con la idea de fondo de ver el final del túnel, o de esperanza en el “futuro”. Palabra que, por cierto, solo ha citado diez veces -“solidaridad”, dos- en contraste con la palabra “reformas” que ha sido mencionada en más de cuarenta ocasiones. Ni una sola alusión a “ricos y pobres”. Tampoco a Internet, aunque haya anunciado una Ley de Transparencia para el primer trimestre del año 2012.

En este primer día hemos visto el modelo de liderazgo político que explorará y explotará. Se acerca más al modelo de director (o jefe), y no tanto al de líder (que espera ser seguido más que obedecido). Decía Peter Drucker, referente mundial sobre temas de liderazgo, que “gestión es hacer las cosas bien, liderazgo es hacer lo correcto”. Rajoy intentará convencernos de que será y hará lo correcto, es decir, inoculará carga moral a la acción política. Solo así podrá hacer frente a la agenda de cambios, de “cambio de ciclo”, que pretende y entiende que España necesita.

Enlace de interés:
Mariano Rajoy en el Debate de Investidura: detalle de reformas que se pondrán en marcha (El Blog Salmón, 19.12.2011)
Política y teatro (Václav Havel. La Vanguardia, 29.12.2011)

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