“Ahora nosotros damos las noticias”

Publicado en: El País (27.10.2012) (blog ‘Micropolítica‘)

Las recientes declaraciones del Ministerio del Interior sobre una posible reforma de la Ley de Seguridad Pública, que contemplara la posibilidad de prohibir la captación, reproducción y el tratamiento de imágenes y sonidos que conciernan a las fuerzas del orden público en el ejercicio de sus funciones (si esto pusiera en peligro su vida o comprometiese las operaciones en curso), ha abierto un debate sobre los límites al videoactivismo.

Organizaciones con reputación y credibilidad indiscutibles, como Reporteros Sin Fronteras (RSF), se han opuesto frontalmente: “RSF exige que el Ministerio de Interior abandone todo intento de mermar el derecho legítimo de los medios de comunicación o de los ciudadanos a cubrir los acontecimientos que tengan lugar en la vía pública y que son de interés público”. La argumentación del Ministerio del Interior, en especial las declaraciones del Director General de la Policía, Ignacio Cosidó, introduce una sutil diferencia para evitar la crítica sobre la limitación del derecho a la información:  “Las modificaciones que aportaría la ley están más dirigidas, sobre todo, a la difusión de vídeos por los internautas que a los periodistas”.

Estas declaraciones llegan después de los hechos ocurridos alrededor de las concentraciones del #25S (y días siguientes) y que, con la marca “Ocupar el Congreso – Rodear al Congreso”, han abierto nuevos debates y críticas sobre el uso de la fuerza legítima por parte de los responsables del orden público y sobre sus posibles excesos. Otra organización, insobornable y con trayectoria irreprochable en su imparcialidad como Amnistía Internacional, ha presentado un demoledor informe y lidera una campaña que, bajo el título “España: ¡No golpeen a manifestantes!”, quiere denunciar “el uso excesivo de la fuerza a personas que se manifestaban de manera pacífica (contraviniendo estándares internacionales de derechos humanos), la falta de investigaciones efectivas sobre estas actuaciones y exige que se investigue y se adopten medidas en relación a las denuncias relativas a que los policías uniformados no iban correctamente identificados a pesar de la obligatoriedad para ello”.
El debate sobre la limitación del videoactivismo refleja dos concepciones tan equivocadas como preocupantes. La primera es que la información solo puede ser considerada como tal cuando está mediada por los periodistas y sus medios. Y la segunda que la videovigilancia democrática y cívica puede ser considerada desacato, obstrucción o resistencia a las fuerzas del orden, figuras todas ellas tipificadas en el Código Penal.

El debate jurídico y legal no ha hecho nada más que empezar. La constatación de que la actuación policial sin imágenes puede ser fuente de abusos la sostienen desde juristas, que ven anticonstitucional la medida que propone el Gobierno, a activistas políticos.

Lo cierto es que la política, y sus expresiones en el espacio público, están sufriendo una poderosa transformación. La política es y va a ser vigilada por los ojos tecnológicos de los activistas. La poderosa combinación de captura >dato >redes >geolocalización >visualización ofrece posibilidades narrativas alternativas, con enfoques nuevos y protagonismos descentralizados. Y muchos manifestantes consideran que deben ofrecer su propia versión de los hechos frente al silencio, la manipulación o la inexactitud de las informaciones publicadas. Las cámaras ciudadanas frente a las cámaras de vigilancia. En el fondo, hay unos vasos comunicantes entre la crisis de la política formal y del periodismo convencional.  Muchos ciudadanos sienten que tanto la política como la prensa no les representan.

El periodismo ciudadano y el videoactivismo ofrecen:

1. Más de una versión. Permite el contraste y la verificación. Amplía el registro narrativo y abre focos de interpretación para la ciudadanía y los medios. No a la impunidad.

2. Tiempo real. “Está pasando, lo estás viendo” era el lema de CNN. Hoy el streaming, Twitter, etc… representan el tiempo del “está pasando, lo estamos haciendo”. De espectador a actor, en tiempo real.

3. Narrativa de las multitudes. Estas iniciativas se nutren de retazos, de fragmentos… pero la cooperación y colaboración (el crowdsourcing social y político) ofrecen una narración coral, distribuida y plural. Es una mirada múltiple.

4. Geoposicionamiento. Gestión de los datos. Voces e imágenes geolocalizadas que permiten mejores interpretaciones y contextualizaciones de lo que está sucediendo. Es el mundo multiformato (texto, audio, imagen…) con el de la multiplataforma (tabletas, móviles-smartphones, portátiles…).

5. Protagonismo ciudadano. Cada activista es un reportero en potencia, un creador de relato y un “vigilante democrático”. Ahora nosotros (también) damos las noticias.

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