#CongresoTransparente: Representantes y portavoces

Publicado en: El País (9.09.2013)(blog ‘Micropolítica’)

«Se acabó votar solo cada 4 años. El próximo 12 de septiembre, tú votarás por Baldoví la Ley de Transparencia en el Congreso de los Diputados. Ayúdanos a hacer historia, consigamos que el pueblo recupere el poder sobre los principales órganos de gobierno del estado.» Así se presenta la iniciativa #CongresoTransparente (Compromís-EQUO + Ágora Voting) con la intención de introducir nuevas prácticas y nuevos modelos para la representación política parlamentaria.

La propuesta merece atención. Y responde a la necesidad de ofrecer nuevas fórmulas de participación ciudadana en un momento de profunda fractura en la confianza política de las instituciones y sus representantes, así como hondos −y subterráneos− movimientos de fondo del electorado que abren horizontes nuevos e imprevisibles.

La tecnología social, y la herramienta Ágora Voting que la implementa, utilizará un sistema digital para poder consultar, debatir y opinar (dando un mandato de voto al diputado y sometiéndose a él) sobre un punto concreto del debate político. En este caso, la votación prevista para el día 12, en el pleno del Congreso de los Diputados, a la Ley de Transparencia tras su paso por la comisión parlamentaria y el debate con expertos en el que participé. Esta propuesta se nutre de conceptos como el de democracia líquida y favorece el sistema de delegación que refleja las relaciones de confianza. Se trata de romper con los tabúes que, según sus promotores, lastran y debilitan el nervio democrático entre representantes y representados, y de favorecer la cultura de la democracia directa, gracias a una tecnología que la haga posible. Estos son tres de los desafíos:

1. La delegación permanente. Nuestros representantes, una vez elegidos, solo pueden establecer un sistema de validación −y contraste− permanente de sus decisiones (en especial las de voto) a través del papel mediador y canalizador de su fuerza política; a través del contacto frecuente off y online con la ciudadanía y sus organizaciones; o a través de una interpretación dinámica del programa con el que se presentan y sobre el que actúan en la representación pública. Pero no existe una fórmula directa, rápida y ágil de consulta con los ciudadanos (o militantes, simpatizantes o grupos de interés) para actuar según su criterio o, al menos, para contar con él.

Muy pocas fuerzas políticas, además, utilizan el sistema de consulta interna para las decisiones parlamentarias, reservando este mecanismo para los momentos de elección de candidatos en procesos de primarias abiertas o no. La delegación permanente no resuelve la necesidad de contar de manera más abierta y dinámica con la opinión de los electores. Cuatro años son una eternidad en política, y en la vida.

2. El conocimiento suficiente. Nuestros representantes se enfrentan a numerosas y muy diversas cuestiones. Los grandes grupos políticos pueden, seguramente, disponer de recursos técnicos propios para el estudio y análisis de las cuestiones parlamentarias y jurídicas. Para el talento disponible en la sociedad del conocimiento, y gracias a la inteligencia de las multitudes, es un caudal de energía y de conocimiento técnico y cívico que reclama −y conviene− ser integrado para una mejor eco-eficiencia de la representación política. Estas dinámicas de consulta van siempre asociadas a procesos de deliberación que generan mucha información y enriquecen los enfoques y los análisis. Experiencias como Comunidades Legislativas en Brasil van en esta dirección. Decidir después de debatir e informarse parece un orden natural y conveniente en política.

3. La soberanía ‘propietaria’. La representación política, durante un mandato electoral, se ve sometida a la auditoría pública última en el momento del siguiente ciclo político y en la consiguiente rendición de cuentas. Este proceso aleja y difiere en el tiempo la oportunidad de contrastar permanentemente, o en ocasiones relevantes, con los electores las decisiones más importantes o aquellas que merecen una suerte de mayoría reforzada. Confundir la soberanía delegada con soberanía propietaria ha sido uno de los principales errores y costes que hemos pagado en este largo y progresivo deterioro democrático.

La intención de Baldoví, y la alianza política, técnica y social que la acompaña, es parte de una manera de entender la política. Utiliza el atril como escenario político. Cuando, hace unos meses, sorprendió a sus colegas con un striptease político (al acompañar su intervención parlamentaria con la acción de desvestirse hasta mostrar la camiseta reivindicativa que llevaba), su idea era ceder su voz a los que no estaban en el hemiciclo. Y explorar otros modelos posibles de partido y nuevas prácticas. Hoy lo vuelve a hacer con este proyecto innovador, que bebe también de otras iniciativas políticas. Baldoví sorprende. Es, seguramente, la fuerza de los pequeños en política: rapidez y creatividad. Disrupción y provocación.

Representar es interpretar. Y la calidad democrática y la autenticidad política de esta representación dependen de la coherencia y transparencia de la actuación personal y política del representante. Pero representar es también acordar, negociar y pactar. Sumar y restar. Construir y oponerse. No se trata, simplemente, de mecanizar la representación política, sino de liderarla y vivirla. Optar por ser portavoz es, quizá, una alternativa sólida para abrir ventanas y puertas a la participación política entre las paredes enmohecidas de nuestra arquitectura institucional. Pero abre, también, muchas preguntas −y dudas− que posiblemente deberán resolverse y debatirse tras esta experiencia a la que se suman nuevas prácticas de acción e intervención políticas. El debate está abierto. Otra política es posible (y otros modelos de partidos), se reclama. Esta experiencia empieza por cambiar el modelo de representación.

Artículos de interés:
Plataforma Electoral hacia una Democracia más Participativa (julio 2013)
La democracia directa, una utopía en España, se cuela en el Congreso de los Diputados (Amaya Larrañeta. 20minutos.es, 11.09.2013)
Meet Joan Baldoví, Spain’s most direct democrat (Paul Hamilos. The Guardian, 11.09.2013)

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