La victoria de Cobos como síntoma

Publicado en: El País (17.09.2013)(blog ‘Micropolítica’)

Finalmente, el Pleno del Tribunal Constitucional (TC) ha rechazado la recusación que contra su Presidente se había presentado por diversas instituciones y administraciones, al conocerse que había ocultado −deliberadamente− su militancia en el Partido Popular, al ser evaluado, como marca la ley, por el Congreso de los Diputados. El TC ha superado la enésima crisis institucional (¿hasta cuándo?) provocada, precisamente, por su máxima autoridad: la misma presidencia, la que debe garantizar, en última esencia, los votos de calidad y que representa −en su cargo y actuación− el símbolo de la inapelable instancia de legitimidad constitucional.

El presidente del TC ha destrozado, con su inexplicable actuación, la deteriorada y escasa confianza del Alto Tribunal que todavía retenía. La sorda, duradera y grave batalla política entre las dos grandes fuerzas parlamentarias, por la renovación de sus miembros, llevó al TC al colapso estético y ético al mantenerse en el cargo una vez vencidos, ampliamente, sus plazos de permanencia. Mientras, sus miembros seguían sentenciando (en casos como el Estatut de Catalunya, haciéndolo sobre una Ley orgánica refrendada por la ciudadanía de Catalunya) al tiempo que la credibilidad de la institución se veía gravemente deteriorada por el bloqueo y la politización de su funcionamiento.

La legislatura del PP, con Mariano Rajoy en la presidencia del Gobierno, debía abrir una etapa de regeneración y revitalización del TC. En lugar de ello, la obsesión por el control político, así como una visión instrumentalizadora del papel del Tribunal, han creado una gravísima situación. El descrédito no puede ser mayor.

La afinidad política de un magistrado no significa, necesariamente, ningún déficit de ecuanimidad ni, obviamente, de falta de profesionalidad. Pero, convenientemente, la Constitución sí que prohíbe la militancia activa a los magistrados, aunque no a los miembros del TC. Resulta, pues, llamativo −y muy censurable− que el actual Presidente no vea inconveniente en militar en un partido, pagar sus cuotas, cumplir sus normas (y sus lealtades), ocultarlo a los representantes parlamentarios que le evalúan, minimizarlo al descubrirse públicamente y no corregir, con una medida de autocontención, el daño causado. Lo grave no es que haya evitado una recusación, con una amplia mayoría que no ve incompatibilidad jurídica para el ejercicio de su función, sino que no la vea él mismo.

Pérez de los Cobos no ha dimitido, pero ha dinamitado la poca confianza que acreditaba su actitud al ocultar un dato clave, argumentar que no hay problema jurídico (e ignorar el político) y no admitir su error con una fórmula reparadora de la dignidad de la Institución al aceptar como conveniente su inhibición en aquellos temas sensibles que, con su actuación, generan sombras y sospechas de posible parcialidad y predeterminación. Por no admitir, ni tan solo ha admitido que se equivocó, ni −en un ejercicio de cinismo insuperable− ha aceptado que se olvidó de dar el dato y que pide disculpas por ello.

De un magistrado no esperamos su neutralidad (imposible), sino su imparcialidad e independencia (exigibles). Y cuando la segunda se ve amenazada por la exhibición grosera, o la taimada manipulación de la primera, lo más digno es renunciar al cargo. O, al menos, a su función en aquellos casos en los que las partes sientan que su derecho a un juicio imparcial está conculcado por la irresponsable actuación de quien debe juzgar y dirimir en situación de igualdad. De un juez esperamos, también, sentido común y decoro: la percepción más íntima y profunda del sentimiento de lo justo.

El bochorno y el deterioro no se superan con mayorías. Pérez de los Cobos ocultó cobardemente su militancia. Esta es su culpa y responsabilidad, no su supuesta incompatibilidad. Y el Gobierno que le propuso pensó −impunemente− que no pasaría nada. Que la verdad, aunque se revelara, nunca sería suficientemente fuerte para derrotar a una poderosa y decidida voluntad política. Pero se equivocaba. Aunque lo han intentado, y lo han conseguido, el daño es irreparable. Y esta vergonzosa victoria jurídica y política se convierte en un síntoma de la derrota ética y estética de nuestra democracia. Así es percibida, creo, por una inmensa mayoría de ciudadanos.

Hemos perdido las formas y, con ellas, el fondo de tantos y tantos conceptos y principios. Cuando lo obsceno se impone, su fealdad no se puede argumentar con naturalidad. Y mucho menos con ribetes de justicia normativa. Así no.

Artículos de referencia sobre el tema:
El presidente del Constitucional defiende su militancia en el PP ya de magistrado (María Fabra. El País, 18.07.2013)
Pons defiende la militancia de Cobos: “Acabará siendo punible votar al PP” ( El País, 18.07.2013)
Pérez de los Cobos dimitiría si pensara en el prestigio del Constitucional (Mónica Ceberio. El País, 19.07.2013)
“Usted engañó, señor presidente” (Jan Martínez Ahrens. El País, 19.07.2013)
El exministro Caamaño censura la permanencia de Cobos (María Fabra. El País, 21.07.2013)
Dudas en el Constitucional sobre la idoneidad de Cobos como presidente (María Fabra. El País, 23.07.2013)
“La sospecha de parcialidad de Pérez de los Cobos no se la quita nadie” Entrevista a Xavier Arbós (Àngels Piñol. El País. 23.07.2013)
–  El presidente del TC silenció ante el Senado que tiene una asesoría (Patricia Martín. El Periódico, 26.07-2013)
–  El presidente del Constitucional asesoró al PP desde 1992 (María Fabra. El País, 29.07.2013)
–  La oposición se revuelve contra el rechazo del PP a que Cobos se explique (Anabel Díez. El País, 30.07.2013)
–  El presidente del Constitucional, bajo sospecha (Jorge de Esteban. El Mundo, 31.07.2013)
–  Pérez de los Cobos desgarró un ejemplar de la Constitución cuando era joven (El Periódico, 5.08.2013)
(Fuente: un reportaje de Violeta Tena en el semanario El Temps)
Un pleno del Constitucional decidirá si aparta a su presidente recusado en más de 50 causas (Javier Álvarez. Cadena SER, 30.08.2013)
Asturias se suma a Cataluña y Andalucía y da el primer paso para recusar a De los Cobos (F.Manetto. El País, 6.08.2013)
Cabos sueltos (Patxo Unzueta. El País, 5.09.2013)
El presidente del Constitucional: “No tenga dudas, seguiré en mi puesto” (María Fernández. El País, 7.09.2013)
La Generalitat exige a De los Cobos una rectificación “en toda regla” (Pere Ríos/Fernando Garea. El País, 11.09.2013)
La recusación a De los Cobos desata un debate a fondo en el Constitucional (María Fabra. El País, 13.09.2013)
– El TC rechazará por mayoría la recusación de su presidente (José María Brunet. La Vanguardia, 11.09.2013)
No vale. (Editorial. El País, 19.07.2013)
Contra el sentido común (Javier Pérez Royo. El País, 20.07.2013)
Que alguna cosa queda (Francesc de Carreras. La Vanguardia, 20.07.2013)
El Constitucional fijó los criterios (Fernando Garea. El País, 21.07.2013)
Entrevista a Alfredo Pérez Rubalcaba (Javier Moreno. El País, 20.07.2013)
Política y Tribunal Constitucional (Francisco Sosa Wagner. El Mundo, 24.07.2013)
El complejo de Clausewitz (Agustín Ruiz Robledo. EL País, 25.07.2013  )
La incultura democrática (Josep Ramoneda. El País, 26.07.2013
Un tribunal caducado (José Antonio Zarzalejos. La Vanguardia, 28.07.2013)
Golpe al Estado (Manuel Peris. El País, 29.o.2013 edición Comunidad Valenciana)
El presidente del Constitucional bajo sospecha (Jorge de Esteban. El Mundo, 31.07.2013)
El Constitucional avala la “posición ideológica” de Cobos sobre Cataluña (María Fabra. El País, 23.09.2013)
“El sistema mejor diseñado falla si quienes lo manejan eligen a personas con escasa autoridad moral para juzgar” (ElDiario.es. Agenda Pública, 22.09.2013)
Propietarios (Josep Ramoneda. El País, 22.09.2013)
Tribunal hipotecado (Editorial. El País, 18.09.2013)
La urgente supresión del Tribunal Constitucional (José Antonio Zarzalejos. El Confidencial, 18.09.2013)

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