La política empieza con el saludo

El pasado 19 de noviembre de 2012, Barack Obama visitaba a Aung San Suu Kyi, activista pro-derechos humanos, en Rangún (Birmania). De ese encuentro, una de las cosas que más llamó la atención, especialmente a los diarios asiáticos, fue el beso que le dio Obama en la mejilla. En el país, es algo inaudito que un hombre bese a una mujer no casada, ya que se rompe con los esquemas sin tener en cuenta las costumbres y protocolo propios de la región. Un líder –y sus asesores– deben conocer de antemano los aspectos protocolarios propios de cada país que visitan, para actuar en consecuencia y evitando males mayores, con solo tener en cuenta la idiosincrasia de cada país. La información es poder, también para comunicar mejor.

No es el único caso. En la reciente visita de Mariano Rajoy a Japón, se ha hablado mucho de su nula reverencia ante el emperador Akihito. En Japón, como símbolo de respeto, cualquier persona, incluidos los mandatarios extranjeros, deben hacer una reverencia (con una inclinación que varía, de los 45 a los 90 grados). Reverencia que hicieron en su día Obama, Zapatero, Clinton o Jacques Chirac y que hacen la mayoría de líderes mundiales ante el Emperador. Otros, sin embargo, optan por no hacerla como muestra de liderazgo individual y/o muestra de no sumisión, como hiciera, por ejemplo, Dick Cheney en 2003.

En el caso de Mariano Rajoy, no sabemos si fue desconocimiento de la cortesía debida al Emperador o muestra de nula sumisión, pero parece más lo primero. Por cierto,  Rajoy cometió otro “pequeño” error, al elegir unos calcetines que dejaban ver sus espinillas.

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