El PSOE y la innovación política

Publicado en: El País (4.11.2013)(blog ‘Micropolítica’)

«La creatividad requiere tener el valor de desprenderse de las certezas». Erich Fromm

En el extraordinario libro The Rainforest. The Secret to Building the next Silicon Valley, sus autores, Victor W. Hwang y Greg Horowitt, describen cuáles son, a su juicio, las condiciones que hacen que un territorio, una organización o una comunidad puedan innovar de manera creativa y disruptiva. Es decir, a la velocidad y con la eficiencia que los retos internos y externos plantean a cualquier realidad humana. Identifican cuatro grandes conceptos que se convierten en condiciones cuando hablamos de innovación.

1. ¿Granja o selva? Si las condiciones que precisa la producción tradicional son la organización perfecta de todos los elementos que forman parte del proceso (modelo granja), la innovación se produce cuando se crea un ecosistema en red y con un cierto descontrol (modelo selva tropical).

2. ¿Orden o «desorden»? ¿Cerrado o abierto? Las selvas tropicales de la innovación se producen en un recorrido bottom-up, donde reina el comportamiento irracional, disruptivo, superando las barreras sociales y el miedo al error a través de la credibilidad y la reputación, y creando redes de nodos de distintas especialidades interactuando. Innovar es experimentar y practicar. No implementar.

3. ¿Normas o comportamientos? Como el marco de la innovación debe ser la colaboración con otros participantes, hay una serie de normas que se deben seguir para que la actitud permita que los participantes se empoderen en el ecosistema de la innovación; hay que estar preparados para: saltar las normas y soñar, abrir las puertas de la mente y escuchar, sentir y aportar credibilidad con el resto de participantes, experimentar y repetir con los otros miembros, buscar la equidad y no la ventaja propia, aceptar el error, persistir y estar dispuesto a dar sin esperar nada en concreto a cambio.

4. ¿Aptitudes o actitudes? En este marco, las normas no deben ser rígidas sino fruto de la propia dinámica del proceso de innovación. La receta de la innovación en la selva tropical debe atender el hardware: capital, talento y gobernanza; pero también al software: la red diversa que genera fricción social y que se disipa a través de la credibilidad y promoviendo un modelo de roles horizontales donde los participantes están empoderados y motivados.

Me pregunto si estas condiciones naturales para la innovación se producen también en las organizaciones políticas tradicionales. Es decir, si su cultura y su tradición permiten incubar y hacer crecer, dentro de ellas, un ecosistema favorable a la innovación. O bien, si esta debe seguir residenciada, como hasta ahora, en los think tanks, fundaciones, o centros de estudios de los propios partidos. Espacios necesarios pero que, en términos comparativos, no disponen ni de los recursos, ni de la atracción, ni de la densidad que en otros contextos (europeos, por ejemplo) tienen otras formaciones políticas. Y que, además, responden a un modelo de innovación de «expertos» y no de inteligencia múltiple y compartida.

Cuando Alfredo Pérez Rubalcaba ganó el último Congreso del PSOE se comprometió a dos grandes objetivos: celebrar un largo proceso de actualización programática (la Conferencia Política que se celebra el próximo fin de semana culmina un itinerario de debates y participación) y la celebración de primarias para la elección de candidato a las elecciones generales. Compromiso, sin fecha todavía, al que hay que añadir el debate interno sobre la elección directa, también, del Secretario General por toda la militancia.

Una de las innovaciones formales (y esperemos que de fondo) que se verán en el encuentro socialista es la articulación de un espacio-entorno sobre la creatividad y el conocimiento compartidos. Un enjambre de recursos que pretende ir mucho más allá de la cita y que aspira a ser una referencia de cultura política. Nace en la Conferencia. Veremos cómo crece en el partido y, especialmente, cómo se relaciona extramuros de la organización. Hay quien ha comprendido, finalmente, que se dispone de mucho más talento no utilizado dentro del que se conoce. Y que, además, «ahí fuera» hay un mundo de oportunidades para la cogestión de espacios políticos progresistas, en el roce y periferia porosa, entre el PSOE y sus entornos de proximidad. Muchas personas dispuestas a diálogos críticos y autónomos, pero constructivos, para los que hacen falta humildad y elasticidad.

El LAB psoe (como así lo llaman y así lo escriben) se presenta como un laboratorio y espacio de experimentación y de coworking (trabajo en cooperación) sobre política y comunicación digital. Un único espacio y tres experiencias:

a) Media-LAB:
compartir (mediante talleres) conocimiento práctico en la elaboración de contenidos digitales infografías, memes, virales…

b) Data-LAB: apertura de datos y visualización para construcciones discursivas, es decir, cómo publicar, gestionar y hacer visibles datos complejos, por su magnitud o por sus dimensiones, de un modo que nos facilite nuestra comunicación y mejore nuestra democracia avanzando hacia la transparencia.

c) Key-LAB: compartir conocimiento adquirido por referentes en sus ámbitos de actuación mediante keynotes (intervenciones de 10 minutos). Por lo descrito, parece, sinceramente, algo mucho más profundo y diferente de lo que hasta ahora han sido los espacios 2.0 de los congresos y conferencias de partidos que acogían a los jóvenes ciberactivistas entre la mirada curiosa y condescendiente de los «mayores».

La iniciativa merece respeto e interés. Lentamente, conceptos como la política crowd, el coworking político, la política del procomún van penetrando en las organizaciones políticas. Otro modelo de partido es posible: se piensa, se dice y empieza a experimentarse.

Pero para que la innovación política transforme las organizaciones debe ir mucho más allá de la «comunicación digital» y abrir el potencial de otro modelo de actuación y presencia pública y política. Se necesita una profunda reconversión del modelo organizativo con una nueva reasignación del poder: de la jerarquía a la autoridad, de la posición a la relación, del organigrama al mérito, de lo centralizado a lo descentralizado, de la consigna a la creatividad, de lo vertical a lo horizontal, de las sedes a las redes. Este itinerario de innovación es un cambio cultural, no una modernización técnica o un aggiornamento estético y de herramientas.

Se trata de una revolución que difícilmente puede embridarse para redimensionar su impacto, para controlar su efecto transformador. Cuando se libera el talento, se libera el poder y el control. Y la discrepancia deja de ser tabú o amenaza, por ejemplo. Han abierto las puertas, ahora hay que abrir las mentes. Y entre la granja y la selva: optar por la selva. Y releer, en caso de dudas, Rebelión en la granja, la novela satírica del siempre actual George Orwell, para no olvidar nunca cómo el poder centralizado garantiza producción a cambio de libertad y de creatividad. Justo lo que le hace falta, más que nunca, a la política democrática.

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