Un perro al rescate de Cristina Fernández

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Baltique
era un perro labrador negro que acompañó fielmente a François Mitterrand los últimos años de su vida. Tanto lo quería que cuando le pidieron al Presidente que diera una lista de sucesores para la presidencia, colocó a Baltique en cuarto lugar, por delante de algún que otro miembro importante del Partido Socialista. Miterrand tenía ese humor cáustico y seco. Baltique tuvo una importancia crucial en esa época en el Elíseo, e incluso en el libro Interlocuteur privilégié, j’ai protégé Mitterrand, de Daniel Gamba, se dice que cuando el perro no estaba contento todo el Gobierno temblaba. Además de este libro donde se cita al perro, se escribieron 5 libros hablando de la biografía de Baltique, lo que muestra la gran importancia que tuvo en su época. En 1996, en las exequias de Mitterrand, a Baltique no le dejaron entrar en la iglesia y se quedó fuera, en la puerta y bajo la lluvia, sostenido durante toda la ceremonia por un exministro de economía. Eso le valió que le escribieran una canción.

Las mascotas presidenciales siempre han tenido una presencia importante a la hora de entender la idiosincrasia de cada político. En Estados Unidos tienen una larga tradición y forman parte de su historia desde hace más de 200 años. Desde el año 1999, cuentan con un museo propio en la localidad de Williamsburg (Virginia), e incluso, con una página web desde la que recordar su paso por la Casa Blanca. Mascotas que son conocidas por todos en el país, desde Nelson, el caballo de George Washington que participó en la Guerra de la Independencia, pasando por Nana y Nanko, las cabras de Abraham Lincoln o Jonathan Edwards, el oso de Theodore Roosevelt.


Aunque han sido los perros −y lo siguen siendo− las mascotas preferidas de los presidentes, ya que casi todos han tenido al menos uno en la Casa Blanca. Millie, una springer spaniel y su cachorro Ranger fueron los perros en el Gobierno de George Bush (1989-1993). El labrador Buddy y el gato Socks fueron los compañeros de Bill Clinton (1993-2001). Lucky, un bouvier, y King, un cavalier springer spaniel fueron las mascotas de Ronald Reagan (1981-1989), etc.

Más conocido fue Checkers, el perro de la familia Nixon, que le salvó de presentar la dimisión en 1952.

Y también es muy conocido (y fotografiado incesamente por el maestro Pete Souza) Bo, el perro de la familia Obama, que el actual Presidente prometió a sus hijas al ganar las elecciones de 2008.

Desde el pasado lunes hay un nuevo perro que se ha hecho conocido como mascota presidencial. No por ser mascota, sino por cómo fue mostrado y por su carga simbólica. Se trata de Simón, el perro de Cristina Fernández de Kirchner. La presidenta argentina, que estaba alejada de los focos después de un mes y medio de descanso (a causa de un coágulo en el cráneo), apareció en un vídeo, grabado por su hija cineasta. En la grabación, Fernández presenta a los argentinos a Simón, un cachorro blanco de raza mucuchí que le regaló el hermano de Chávez cumpliendo con la promesa del fallecido Presidente venezolano. Se le dio este nombre a la raza después de que el prócer Simón Bolívar llegara a la población de Mucuchíes, en los Andes venezolanos, durante su lucha por la independencia de ese país y adoptara uno de sus perros. Todo un forzado relato de metáforas y simbolismo políticos.

«Este es el perro que Hugo Chávez me había prometido que me iba a regalar. Es el perro nacional de Venezuela desde 1964 y acompañó al libertador Simón Bolívar», relata Fernández. Dijo que un perro como el suyo, de nombre Nevado, fue el que acompañó a Bolívar en las guerras y fue muerto en la batalla de Carabobo (1821), atravesado por una lanza de los españoles.

La foto de la Presidenta, sonriente con el perro, fue portada −el martes 19 de noviembre− de todos los diarios de Buenos Aires y, además, se abrió una cuenta en la red Twitter bajo el nombre del «Simón Nac & Dog», en una adaptación humorística del lema «Nac y Pop» (Nacional y Popular) usado por los kirchneristas para identificarse. El usuario @SimonCFK sumó en 12 horas unos 4.500 seguidores y el primer tuit fue «guau», seguido de decenas de mensajes irónicos o divertidos sobre una supuesta política. Ahora ya tiene casi 8.800 seguidores.

No es el primer perro de Cristina Fernández, que ya tiene a los perros Martita (boxer), Cleo (caniche) y Vito (pug), pero Simón es el perro que la ha acompañado durante su enfermedad. Mostrarlo al público, explicando su historia, es un símbolo de que la Presidenta argentina ha vuelto, y que ha vuelto muy fuerte (y con un aumento notable de valoración popular).

¿Puede un perro salvar políticamente a la Presidenta? Un perro, no… pero una buena historia, sí. Y esta lo es. Lo que es seguro es que no se trata de una improvisación, sino de una estrategia cargada de intencionalidad. Veremos hasta dónde llegan… o hasta dónde puede estirarse el cuento.

Enlaces asociados:
Adiós a Lukánikos, símbolo de las protestas griegas (El País, 9.10.2014)

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