Juntos pero no revueltos: la imagen como metáfora del diálogo

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La imagen del Rey de España, Felipe VI, a los mandos de un SEAT, en la fábrica que esta marca tiene en Martorell (Barcelona), teniendo como copiloto a Artur Mas es algo que ha pasado bastante desapercibido en la prensa. Sin embargo, el simbolismo que esta imagen encierra es importante.

Por un lado, el Rey se encuentra, en privado (aunque sentados en los asientos posteriores iban el ministro de Industria, José Manuel Soria, y el presidente de SEAT, Jürgen Stackman) con el Presidente de Catalunya, un líder que aboga directamente por la independencia catalana. Otro símbolo, conduce –como no podía ser de otra manera– un Seat, el primer coche del entonces príncipe, y el de muchos españoles al cumplir los 18 años. Por otro lado, se trata de una toma de contacto personal, con sonrisas, hecho que contrasta con la negativa al diálogo del Presidente español y del Presidente catalán, en una no-relación que aumenta las desavenencias entre Catalunya y España. El Rey se ve directamente con alguien a quien no dejan de criticar en el Gobierno. Es, tal vez, el primer intento de moderar la situación política.

Que el Rey conduzca, que esté al mando «del coche», tampoco es baladí. La imagen llama a una dirección del jefe del Estado. Ese es el principal simbolismo del encuentro preparado por sus asesores. Que en el coche la conversación no tuviera casi lugar, o que hablaran del tiempo ya es otra historia. Sólo ellos lo saben. Lo importante es que es un gesto.

La última vez que se vieron en un transporte fue en la inauguración del tren AVE a Figueres, en agosto de 2013. En esa ocasión, en la misma mesa del tren se encontraban el entonces príncipe Felipe, con Artur Mas, Ana Pastor y Mariano Rajoy. Los tiempos han cambiado, pero la imagen, buscada, quería conseguir lo mismo, dar una imagen de normalidad, de moderación y de diálogo. No funcionó.

En Suecia, otra tradición marca que los grandes líderes que visitan la residencia de verano del primer ministro sueco se deben ver solos con el líder sueco navegando en el lago con el Harpsundsekan, un pequeño bote de remos. La imagen es metafórica. Les presenta juntos, en el mismo barco. Algo parecido al gesto de la propia Angela Merkel hacia Mariano Rajoy en 2008, cuando le invitó a dar un paseo en barco durante su estancia en Chicago, para analizar la crisis del euro y la deuda. El mensaje es claro: estamos en el mismo barco; compartimos el mismo destino.

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