Refugiados: gente que cambia a gobiernos

Refugiados: gente que cambia a gobiernos

Se calcula que en el último mes, unos 160.000 refugiados, la mayoría procedentes de Siria, han entrado en la Unión Europea a partir de llegadas masivas en barco a Grecia y a Italia. Las imágenes de familias enteras huyendo de la guerra, así como de personas ahogadas ―incluyendo niños― han dado la vuelta al mundo pero, sobre todo, han cambiado el modo de pensar de las autoridades europeas, más preocupadas hasta ahora de salvaguardar sus fronteras que de ayudar a los refugiados.

Han sido esas imágenes, constantemente compartidas en redes sociales, las que han causado un profundo malestar, así como una gran ola de apoyo hacia esas personas que intentan sobrevivir en Europa, llegando a diferentes países, cada uno con un sueño.

El primer caso destacable se produjo cuando el Gobierno de Islandia anunció que daría refugio a unos 50 migrantes, lo que causó una gran indignación entre los ciudadanos de ese país de sólo 300.000 habitantes. Tanto fue así que la profesora Bryndis Bjorgvinsdottir lanzó una convocatoria en Facebook para impulsar el permiso de llegada de más extranjeros. En un día unas 14.000 personas se pusieron de acuerdo y ofrecieron lugar en sus casas. La difusión y la presión al Gobierno provocó que el Presidente tuviera que echarse atrás en su decisión. En Holanda fueron 20.000, otros tantos en Francia, Alemania, Portugal, España… En Barcelona y Madrid, por ejemplo, sus ciudadanos han puesto sitios a disposición de sus ayuntamientos para alojar a los que vengan. Las muestras de apoyo han sido generales, una gran ola solidaria y una gran ola contra la decisión de sus gobiernos.

En Alemania, gracias a Facebook, bajo el lema Convoy Budapest-Viena se reunió a más de 2.000 voluntarios que pretendían llevar a cientos de refugiados de Oriente Medio, varados en Hungría desde hace días, hasta Austria y Alemania, aprovechando que no existen controles fronterizos entre los dos países, ya que ambos ―como la mayoría de países de la Unión Europea― pertenecen a la zona Schengen. Y lo hicieron, transportando en sus propios vehículos a familias enteras, así como llevando comida y juguetes para los niños. Otros han creado una web para gente que quiera acoger a refugiados en sus casas. Flüchtlinge Willkommmen (Refugiados bienvenidos) ha permitido que 86 personas abandonen los impersonales y masificados centros de acogida para vivir con grupos de amigos, madres solteras o parejas mayores en una veintena de ciudades alemanas.

La Red se hacía eco también de los trenes procedentes de Budapest, donde estaba el máximo número de personas. Lo hacían en Austria y Alemania para organizar recibimientos, con globos, ropa, comida y, sobre todo, cariño, a los recién llegados. Pero también, a través de la Red, se han buscado firmas, en todos los países, para terminar con la rigidez de sus gobiernos, los cuales preferían recibir los menos refugiados posibles en las «cuotas» que quería establecer la Comisión Europea.

Somos ciudadanos conectados. La Red permite ya no sólo conectar entre nosotros, con nuestros amigos o conocer a gente nueva, sino presionar de un modo nunca visto ―influyendo de manera decisiva― en la acción de los gobiernos, que se ven coartados al ver la amplia acción organizada en redes y que tiene visibilidad y repercusión también en la calle.

Esta semana, después de todas las protestas y acciones online y offline, todos los países europeos han dicho que acogerán a los refugiados que les diga la Comisión, sin ningún pero. Hace 5 años hubiera sido imposible. Hoy, los ciudadanos conectados pueden hacer cambiar las cosas, incluso en política, día a día, poco a poco, pero con un poder de presión nunca visto.

Publicado en: Reforma.com (México)(23_Tendencias Globales. 13.09.2015)

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