El empate y el sprint final

Los datos de la encuesta de Metroscopia confirman, a tres semanas de las elecciones, una tendencia que ya se apuntaba en análisis anteriores. Pero esta vez, la confirmación llega a un extremo increíble e inédito. Hablamos de un triple empate real, que podría desembocar en una victoria para el PP, pero también posible para el PSOE o C’s. Nada es descartable. Este triple empate, seguramente, no tendría, en caso de producirse ahora mismo la cita con las urnas, el mismo comportamiento en la asignación de escaños, dada nuestra ley electoral y las características de nuestras circunscripciones. Pero va a tener una importancia extraordinaria en la legitimidad adicional de quien resulte el partido «más votado», y en el «valor moral y estético» de esta etiqueta en la formación posterior de alianzas y mayorías para el futuro.
Las diferencias demográficas y etarias son muy relevantes. En España, por ejemplo, hay más de 8 millones de personas con derecho a voto que tienen más de 65 años. Pero su distribución y concentración territorial es muy concreta, y coincide —mayoritariamente— con 28 provincias en las que asignan 5 o menos diputados, y que representan casi un tercio del total de los 350 diputados del hemiciclo. En estas circunscripciones, la formación que quede tercera debe de obtener más del 15 % de los votos para obtener un escaño. No es nada fácil, en especial para las formaciones emergentes. Pero en estas provincias quedar primero o segundo es decisivo para el escaño que se trasvasa a las formaciones nuevas y «terceras». La ley electoral puede ser caprichosa. Y esto cambia el cómputo final electoral.

Por estas razones, el triple empate global… puede ser muy desigual territorio a territorio. Es ahí donde se juega la victoria y el reparto final de escaños. Y más si tenemos en cuenta que en Madrid, por ejemplo, se obtiene un acta por cada 180.000 habitantes y en Soria corresponde por cada 46.000 habitantes. Las diferencias pírricas en las circunscripciones pequeñas pueden hacer bailar uno o dos escaños a las formaciones tradicionales que históricamente han representado a estos electores. Si todos los bailes de escaños se concentran en una fuerza, por ejemplo el PP, la suerte puede sonreír a los socialistas.

A tres semanas de las elecciones, con un empate de estas características, parece claro que la campaña —y los debates, especialmente— van a jugar un papel decisivo. Pero también la estrategia segmentada, provincia a provincia, para dirigirse con mensajes muy precisos en función de la composición demográfica (que marca siempre unos intereses y unas preocupaciones muy concretas); las previsiones electorales de cada partido y sus correspondientes asignaciones de escaños; la volatilidad de voto y su fidelidad; y el comportamiento final de los votantes indecisos, que siguen siendo un número muy importante todavía. Ganará la microsegmentación. Hay 52 elecciones en una.

Estas elecciones se decidirán, parece, en la línea de cuadros, como si de una competición atlética se tratara. Levantar los brazos antes de tiempo, te puede infligir una autoderrota dolorosa, y verte rebasado por quien apriete los dientes y las piernas, con fe ciega en la victoria hasta el final, metiendo todo el pecho en la cinta. También puede suceder que a los que en la última curva vayan primeros, o parezcan imparables, les falte la fuerza de los metros decisivos. O bien la recuperación de los rezagados. El sprint final será clave. Para ello, el cálculo, la estrategia, la fuerza, el cambio de ritmo y la determinación serán virtudes ganadoras en este tramo.

Los candidatos deberían aprender de las características de las carreras medio fondo, que tanto han contribuido al éxito del deporte español. Estas pruebas combinan la velocidad y la resistencia, a la vez que no se puede correr sin sentido táctico y fortaleza mental y física para mantenerlo, mientras se está sometido a la presión de los rivales. Y los errores se pagan severamente, ya que no hay tiempo de rectificación.

La solidez del voto del PSOE y C’s parece menos firme que la del PP y Podemos. Los trasvases de votos posibles entre socialistas y Ciudadanos es la ecuación más abierta, de momento. Hay varias campañas en esta campaña. Paradójicamente, la victoria entre el duelo directo de las dos formaciones que se disputan el segundo lugar puede catapultar al partido vencedor a competir —y ganar— al que va primero. Estas elecciones son así: con dos tiempos. Primero, decidir quién es el candidato con posibilidades de derrotar al Presidente. Y, luego, asaltar su liderazgo. El voto útil, más que nunca.

Rajoy, con su ausencia en el primer debate del lunes, está contribuyendo a que se dirima esta primera cuestión sin su concurso; y, con ello, dilapidar el supuesto beneficio electoral que, según cree, le reporta no asistir. Su error puede ser garrafal. Si, por ejemplo, emerge un claro vencedor entre Pedro Sánchez y Albert Rivera, el candidato popular se enfrentará a un clímax electoral imprevisto. Y todavía faltará una vuelta completa (es decir, toda la campaña y sus debates e incidencias). Pero ya habrá sonado la campana de última vuelta. Quien emerja el lunes marcará el ritmo para encarar el sprint final.

Publicado en: El País (29.11.2015)(blog ‘Micropolítica’)

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