Un país de tertulias

Un país de tertulias

Publicado en: Revista Tiempo de Hoy (núm. 1.751 del 10 al 16.06.2016)

España tiene un déficit de debates políticos. Hemos sustituido la conversación argumentada, razonada y contrastada por las tertulias. En las próximas elecciones del 26-J volverá a suceder: los debates entre candidatos serán la excepción forzada y no la norma natural. En otros países, los debates los organizan universidades o fundaciones con prestigio y reputación social, abordando temas de carácter sectorial. Y se retransmiten. No se renuncia al ritmo y la potencia televisiva, pero no son un talk show. Aquí también se organizan y proponen, pero los candidatos no van, como ha sucedido en el cuidado y profesional debate organizado por una asociación juvenil de la Universidad Carlos III. Los líderes prefieren el formato previsible y pautado de un debate televisivo. Priman las condiciones de los equipos de campaña y del medio, en lugar de las condiciones de los electores.

Los debates deberían ser un derecho ciudadano y una obligación electoral para los partidos políticos y las candidaturas. Hurtar el debate de la deliberación electoral es un fraude democrático. Hay que pasar de las yuxtaposiciones mediáticas (candidatos hablando en paralelo, en los medios y sin posibilidad de diálogo) a los espacios de contraste y debate donde las ideas se impongan a las consignas, la discusión al puro ruido y los argumentos a los simples titulares.

El próximo lunes se realizará el único debate (a cuatro) de esta inédita cita electoral. Se ha colocado muy al principio de la campaña y su incidencia puede ser pequeña, dado que los indecisos están aplazando el desenlace de sus dudas al último momento. El número de ciudadanos que decide en las últimas 48 horas no deja de aumentar. A pesar de ello, este debate nos aportará algunos elementos clave sobre las posibles sintonías políticas en las futuras alianzas. España ya no podrá gobernarse nunca más por alternancias, sino por alternativas. Y pasaremos de las mayorías absolutas a los acuerdos permanentes.
Tenemos derecho a los debates. Cuantos más, mejor. España necesita una democracia con más vigor y una política con más ideas. Menos tertulias cacofónicas y más debates apasionados.

 

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