El junco de Rajoy

Mariano Rajoy

Publicado en: El País (blog Micropolítica)

El junco es una planta cuya principal característica es que su tallo es muy flexible, se inclina, pero no se parte y recupera su forma inicial. Es decir, tiene capacidad de adaptación ante condiciones climáticas adversas, como un vendaval. Se dobla, pero no se rompe, y recupera la verticalidad. Cede para volver a ser.

La virtud de la flexibilidad del junco se suele utilizar como metáfora para explicar lo importante que es la adaptación a diferentes situaciones en la vida cotidiana. Esta capacidad se denomina flexibilidad cognitiva e inspira muchas prácticas emprendedoras y/o empresariales. El libro de Josep Centelles, El buen gobierno de la ciudad, es un buen ejemplo: «Las empresas que, por flexibilidad, saben adaptarse al cambio de producto o de mercado o de estructura de costes permanecen y mejoran en beneficio; las demás, las de recursos humanos menos formados o de estructuras rígidas, perecen al primer síntoma de recesión o frente a la primera andanada monetaria que obviamente queda totalmente fuera de control. Vence la estrategia de la flexibilidad del junco, frente a la rigidez del roble».

No sabemos si Mariano Rajoy tiene lo que se define como flexibilidad cognitiva, la que le permite cambiar de pensamiento alrededor de dos conceptos diferentes, y pensar en múltiples conceptos simultáneamente. O si ha hecho del depende tancrediano una categoría filosófica. Pero lo que parece acreditado, al menos, es que su resiliencia psicológica y personal es su principal fortaleza política. Rajoy hace de la espera, paradójicamente, su principal movilidad. Y recupera la verticalidad, cuando el vendaval amaina y las circunstancias lo permiten. Esta concepción meteorológica de la política es muy particular, alimenta sus metáforas y merece consideración por parte de sus adversarios y colegas. Merkel ha sido la última en reconocerlo.

Pero la flexibilidad cognitiva, en la política, no es sólo cálculo de probabilidad, estudio de escenarios y cintura táctica. Se trata de una habilidad especial para actuar (proponer), más que para resistir (esperar). Rajoy está mostrando algo más que movimiento o piel de elefante (Merkel dixit). Sus iniciativas políticas están consiguiendo algo impensable hasta hace muy poco tiempo. Desplazar el centro de gravedad de la legislatura del Parlamento (donde está en minoría) a La Moncloa (donde la maniobrabilidad es discreta, variable y táctica) es su gran victoria, momentánea.

Este desplazamiento es consecuencia de su acción y de la inacción de la oposición que, en ausencia de liderazgo claro, no actúa coordinadamente. Parece imposible hacer compatible la competición y la colaboración. Vaya error. La rivalidad sin cuartel entre las izquierdas plurales allana el camino al liderazgo de Rajoy. Con mayoría absoluta, ignoró al Parlamento. Con minoría absoluta, lo evita. Rajoy sólo plantea batallas con finales previsibles. Recuerden, la previsibilidad es su mantra favorito. «Seré un presidente previsible, patriota, independiente, moderado y resolutivo» decía.

La flexibilidad en política no tiene tan buena fama como en el mundo del emprendimiento. Allí es tildada de debilidad o traición, mientras que en el mundo económico es una condición imprescindible en tiempos inciertos y de variables abiertas. Hay que aprender del emprendimiento. Los apriorismos ideológicos en política desprecian la ambigüedad —tan útil para el consenso y el diálogo— y la flexibilidad —tan necesaria para acordar—. Mientras esto suceda, el junco ganará a los cipreses, tan majestuosos, altivos y pedantes como símbolos de cementerios. («Sé flexible como un junco, no tieso como un ciprés.» Talmud).

Enlaces de interés:
–  Despista y vencerás (Víctor Lapuente Ginés. El País, 13.12.2016)

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