ÁNGELA PALOMA MARTÍN

Es un hecho más que evidente que las mujeres pueden cambiar el concepto actual de la política; o quizás mejor, la cara visible que siempre se ha conocido de la política. Aunque, sinceramente, poco habló de ello el consultor republicano, Tom Edmons, el pasado 4 de diciembre en la Ciudad de México en la Cumbre de Comunicación Política. Vaticinó lo que podría ser y que cada vez es más probable: que entre los candidatos demócratas se encuentra Hillary Clinton (con el 64% de posibilidades), Joe Biden (con el 15% de posibilidades), Elizabeth Warren (8%) y James Webb (con un dudoso porcentaje); y que entre los candidatos republicanos están Jeb Bush (15%), Rand Paul (13%) y Chris Christie (12%). No parece sorprender el que no haya mencionado a ninguna mujer entre las posibles candidatas a la contienda republicana. Y es en este punto cuando se podrían recordar las palabras de la periodista Soledad Gallego-Díaz cuando se refirió a Europa, pero adaptándolas a Estados Unidos podrías preguntarnos: ¿Más de 156 millones de mujeres en Estados Unidos y ni una sola de ellas vale lo bastante? Haber, las hay. Pero ninguna es favorita.

Según Tom Edmons, a los republicanos les va mejor un 5% más de lo que dicen las encuestas. Y quizás eso se pudo traducir en los resultados de las pasadas elecciones legislativas en Estados Unidos porque, después de ochos años, han sido los republicanos los que se han hecho con el control del Congreso. Para traducir estos datos quizás habría que hacerse algunas preguntas: ¿querrán los votantes llevar al país hacia un sistema más conservador?, ¿están los votantes molestos con el presidente Obama?, ¿estuvieron dispuestos los activistas del Tea Party a votar por los republicanos? Estas preguntas que lanzó el consultor republicano podrían ser la clave no sólo de lo que ocurrió en las legislativas, sino también de lo que se puede esperar para las Elecciones Presidenciales de 2016. Aunque, sinceramente, las próximas Elecciones necesitan diseñarse con más preguntas y mejores respuestas.

Mientras tanto, fijaos quiénes están los primeros de la lista: Jeb Bush, por el partido republicano, y Hillary Clinton, por el partido demócrata. De ganar ambos las primarias y postularse como opción única para sus respectivos partidos, estaríamos hablando de una campaña especial: la era de la dinastía Bush-Clinton. De hecho, Jeb Bush ya ha abandonado todos sus cargos y ocupaciones profesionales para focalizar los esfuerzos en prepararse y ser el candidato definitivo a la Casa Blanca. Él encabeza las preferencias de los ciudadanos más conservadores. ¿Y quién es Jeb Bush? Ex gobernador de Florida, hijo del ex presidente George H. W. Bush y hermano del también ex presidente George W. Bush. El halo familiar es el que envuelve a Jeb Bush. La política tradicional quizás sea lo que marque los pasos de su campaña. Y no dudará en jugar al ataque hacia los Clinton.

En el lado opuesto, Hillary, quien aún no ha tomado la decisión definitiva de presentarse aunque sea la favorita. La favorita y también uno de los personajes más admirados en Estados Unidos según la encuesta de Gallup. Ser candidata, o no, será algo que decida en los primeros meses de 2015. Sin embargo, ella juega a eso de la campaña permanente. Sólo hay que observar su perfil de Twitter para comprobarlo, o el potencial de las historias que están detrás de ella misma, como el documental “the human side of a leader”, un documental para mostrar a través de las historias la parte más humana de la posible candidata demócrata. La imagen que protagoniza su página web ya representa una mirada al futuro, pero una mirada que no estará exenta de miradas hacia el pasado. La retórica familiar también estará servida como mujer del ex presidente, además de su experiencia política como rival de Barack Obama en las primarias de 2008 y su cargo como Secretaria de Estado. Sin embargo, aunque tenga el apoyo del presidente, no todo son vientos a favor: otra mujer, Elizabeth Warren, quiere romper con Wall Street, el partido republicano y el aura demócrata de los Clinton. En cualquiera de los casos posibles, de ganar una o la otra, Estados Unidos haría historia teniendo por primera vez a una mujer presidenta.

Pero… Tanto si Jeb Bush o Hillary Clinton llegan al poder, es posible que quede siempre la duda de quién manda o quiénes realmente tienen el poder. La “Era Bush-Clinton” parecería no terminar entonces, un término introducido por la prensa y por analistas políticos para definir el periodo de la historia de Estados Unidos en la política federal y presidencial que abarca el periodo entre 1980 y 2013. Tanto la campaña de Jeb Bush como la de Hillary Clinton se verían ensombrecidas por el pasado y por la influencia familiar que parece no acabar nunca. Y puede que se corra el riesgo de que prevalezcan las campañas negativas de una familia contra la otra en vez de las campañas de ambos como políticos dependientes tan sólo de un futuro mejor para Estados Unidos. Los estrategas del poder tienen una gran tarea por hacer: diseñar una campaña en pos de lo que aún queda por hacer y tratar de responder el “después de Obama, ¿qué?”. Si no es así, 2016 puede convertirse en una contienda más entre dinastías.

 

Ángela Paloma Martín es consultora de comunicación en Ideograma. Escribe en www.angelapaloma.com (@anpamar).