La moda política de 2018

1. El abrigo de Ocasio-Cortez
2. Los chalecos amarillos en Francia
3. El pico rojo en Nicaragua
4. Los pañuelos verdes, las capas rojas y las cofias blancas por la despenalización del aborto
5. El tutú de Serena Williams
6. La bandera arcoíris en el Mundial de Fútbol en Rusia
7. Los zapatos de los que ya no podrán andar más
8. Los vaqueros Fake News de la exprimera dama de Colombia
9. El vestuario ‘responsable’ de Meghan Markle
10. El estilismo Bollywood de Trudeau

1. El abrigo de Ocasio-Cortez

Alexandria Ocasio-Cortez ha sido una de las protagonistas de finales de año al convertirse en la congresista más joven de la historia de Estados Unidos. Nacida en el Bronx de padres puertorriqueños, la política ha hecho bandera de su origen humilde y de su esfuerzo personal por conseguir progresar, asegurando incluso, tras ganar las elecciones por su estado, que no podría mudarse a Washington por no tener dinero para pagar la renta.
También lo ha sido su abrigo, tras un tuit del periodista Eddie Scarry en el que se refería a una imagen de la congresista, enfundada en un elegante atuendo, en su primer día en el Capitolio y donde señalaba que su indumentaria no parecía la de una chica con dificultades.

Ocasio-Cortez respondió al tuitt refiriéndose al carácter misógino del comentario y a que sus oponentes la atacarían igual sin importar lo que ella usara. Finalmente, y debido a las fuertes críticas (y burlas), el autor borró el tuit y aseguró que sus palabras habían sido malinterpretadas.

2. Los chalecos amarillos en Francia

La revuelta de los «chalecos amarillos» ha cogido a la política francesa por sorpresa. Iniciada por dos camioneros, a los que se unieron miles de conductores luciendo un chaleco amarillo (la prenda reflectante obligatoria en los coches), en protesta por el anunció del Gobierno de Macron de una subida de impuestos al diésel, las manifestaciones se difundieron rápidamente, especialmente por redes sociales, sumando a colectivos diversos (descontentos con la política del Gobierno francés, vinculados a asociaciones de consumidores y/o a partidos de izquierdas, entre otros).
Las protestas han evidenciado una fractura entre las grandes ciudades, que creen en una política que penaliza y desalienta el uso del automóvil, y una Francia rural y periférica que depende de sus vehículos para desplazarse y trabajar y que se siente víctima de la élite urbana en el poder. Finalmente, la situación ha obligado al ejecutivo francés a paralizar la normativa. Veremos si, como apuntan algunos analistas, lo sucedido es el sustrato precursor de movimientos sociales en Europa e incluso más allá.

Finalmente, la situación ha obligado al ejecutivo francés a paralizar la normativa. Veremos si, como apuntan algunos analistas, lo sucedido es el sustrato precursor de movimientos sociales en Europa e incluso más allá.

3. El pico rojo en Nicaragua

Una barra de lápiz labial se convirtió en la nueva e inesperada arma de comunicación contra el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua, un símbolo de resistencia creativa y pacífica.
La iniciativa fue impulsada por Marlen Chow, una activista detenida por manifestarse a favor de la paz y la democracia, que decidió repartir una barra de labios entre sus compañeras de prisión víctimas de la oleada de arrestos a opositores. Cuando los carceleros la interrogaron le preguntaron a qué organización opositora pertenecía (en un país donde la oposición está siendo duramente reprimida), Chow improvisó: a la «Asociación Nicaragüense Pico Rojo». Al quedar libre, compartió su testimonio que corrió con rapidez en las redes sociales donde numerosas mujeres y hombres publicaron imágenes de denuncia en las que aparecían con los labios pintados de color rojo.

4. Los pañuelos verdes, las capas rojas y las cofias blancas por la despenalización del aborto

Una ola de pañuelos verdes tomó las calles argentinas convertida en el icono de protesta de las personas que reclamaban un aborto legal, seguro y gratuito, ante el debate que se producía en el Congreso para modificar una ley de 1921, que solo permite la interrupción del embarazo en caso de violación o riesgo de vida para la madre. La prenda fue tomada como símbolo años atrás, en 2003, cuando, durante un encuentro de mujeres, fueron distribuidos pañuelos verdes como elemento identificador de la lucha por la legalización del aborto que, en aquel momento, todavía era incipiente. Aunque la legalización triunfó inicialmente en la Cámara de Diputados, las presiones de la Iglesia y los colectivos conservadores consiguieron que se parara en el Senado, lo que no se detuvo fue la marea verde de movilización femenina que continúa.

En Irlanda, en cambio, el sí al referéndum convocado por el Gobierno logró la abolición de una ley que prohibía la interrupción voluntaria del embarazo incluso cuando este fuera fruto de una violación. En mayo, cientos de mujeres irlandesas reclamaron el cambio, en este caso, vestidas con capas rojas y cofias blancas en alusión a las criadas de la serie de ficción, basada en la novela de Margaret Atwood, El cuento de la criada. La imagen de esta distopía feminista se ha convertido en símbolo de esta lucha también en otros países como EE. UU., Costa Rica, y la propia Argentina donde la combinan con el pañuelo verde.

5. El tutú de Serena Williams

La tenista Serena Willians fue criticada por lucir, durante el Torneo Roland Garros, unas mallas elásticas de una pieza que, según explicó, mejoraban su circulación sanguínea con problemas después de su reciente parto. La Federación Francesa de Tenis consideró que su atuendo no era adecuado porque no respetaba los cánones y prototipos de indumentaria de una jugadora de tenis y que esa clase de estilismos ya no se permitirían de ahí en adelante. Nike, creadora del traje, no tardó en responder defendiendo a la deportista con un tuit que señalaba: «A los superhéroes les pueden quitar sus trajes, pero jamás sus poderes». Quien tampoco calló fue la propia Williams, que respondió de una manera contundente ante la imposición de un retrógrado dress code utilizando en los siguientes partidos un modelo para nada ajustado a los cánones clásicos. Se trataba de un diseño en el que ella misma había colaborado y que recordaba al tutú usado por las bailarinas. Fue su particular forma de reivindicar sus derechos y denunciar el doble rasero con el que todavía se trata a las mujeres en  el tenis.


6. La bandera arcoíris en el Mundial de Fútbol en Rusia

Rusia, sede del pasado Mundial de Fútbol 2018, es uno de los países más homófobos y hostiles ante el colectivo LGTBI. Aunque la homosexualidad se despenalizó en 1993, se prohíbe cualquier tipo de propaganda dirigida a jóvenes (lo que incluye lucir la bandera arcoíris) y cualquier tipo de manifestación afectiva de carácter homosexual en público. Para denunciar esta situación, los activistas tuvieron que agudizar el ingenio. Para ello, desplegaron una bandera arcoíris humana formada por seis personas que lucían las camisetas de sus selecciones de origen y con las que se pasearon por puntos emblemáticos de la ciudad. Se trataba de la iniciativa The Hidden Flag impulsada porla Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGBT) y la agencia LOLA MullenLowe. La campaña se viralizó en las redes una vez que los activistas se encontraban de regreso a sus países, como también lo hicieron otras acciones de denuncia, como los gifs contra el discurso de odio LGTB en el país.

7. Los zapatos de los que ya «no podrán andar nunca más»

El gran poder simbólico de los zapatos los convierten en protagonistas recurrentes de nuestros resúmenes de moda política anuales. Recordemos los zapatos contra la Violencia de género, la chancla de David Fernández o el zapatazo a Bush . En marzo de 2018, alrededor de 7.000 zapatos fueron colocados frente al Capitolio de Washington DC para visibilizar a los niños y jóvenes víctimas de tiroteos en EE. UU., desde la masacre en la escuela de Sandy Hook hasta la de Parkland, y reclamar un control más estricto en la venta de armas.

Y en mayo del mismo año, fueron 4.500 pares de zapatos, donados por ciudadanos europeos, los que sirvieron para denunciar los miles de palestinos e israelís asesinados en la última década. Fueron colocados frente al Consejo Europeo en Bruselas por iniciativa de la ONG Avaaz coincidiendo con el Consejo de ministros de Exteriores de la Unión Europea en el que se abordaba el conflicto palestino-israelí.

8. Los vaqueros Fake News de la exprimera dama de Colombia

María Clemencia Rodríguez, exprimera dama de Colombia, sorprendió a todos en la jornada electoral del 27 de mayo de 2018 cuando acompañó a votar al entonces presidente Santos luciendo unos jeans con un particular mensaje repetido en la pernera: Fake News. La instantánea se convirtió rápidamente en viral y tendencia en Twitter. El pantalón es un diseño exclusivo de la marca británica Topshop, que en su momento se creó como crítica al gobierno de Donald Trump, por acusar a los medios de crear noticias falsas sobre su Administración. No podemos considerar casual que los luciera el día que el país votaba al sucesor de su marido, más bien una poderosa arma silenciosa de comunicación política.

9. El vestuario ‘responsable’ de Meghan Markle

La boda de Meghan Markle con el príncipe Harry ha sido uno de los grandes acontecimientos del año 2018. Actriz, divorciada y mestiza, la duquesa de Sussex ha supuesto un soplo de aire fresco y modernidad para la conservadora monarquía británica. En pocos meses, la joven actriz se ha convertido en un icono de la moda y sus prendas y complementos se agotan en cuestión de horas generando el llamado efecto Megan. La duquesa desafía las normas más estrictas de la realeza apostando por looks más frescos y desenfadados. Y su apuesta por firmas pequeñas, de precio medio y diseñadores con vocación sostenible y conciencia social pareciera que también manda un mensaje, más allá del puro estilismo, a favor de la responsabilidad social. Seguramente, las decisiones de vestuario de Meghan no sean fortuitas. Veremos si se trata de un compromiso ético real, consciente de su poder de influencia, o de un mensaje poco coherente y evidentemente poco sostenible, si tenemos en cuenta que también ha lucido outfits que, en solo 24h, sumaban más de 30.000 euros y que su gasto total en vestuario, desde que forma parte de la familia real, podría superar el millón de euros, diez veces más que su cuñada Kate Middleton.

10. El estilismo Bollywood de Trudeau

El primer ministro de canadiense, Justin Trudeau, es un gran conocedor del poder del estilismo para la comunicación política. Su elección de los calcetines como herramienta diplomática nos da buena fe de ello. Sabemos de su gusto por hacer guiños culturales, pero en ocasión de su visita comercial a la India su uso cayó en el exceso y rozó el ridículo. Acompañado por su familia, decidieron vestirse en diversas ocasiones con la ropa tradicional de la India, en lo que seguramente tenía la voluntad de ser un signo de acercamiento cultural.
Aunque algunos alabaron como una señal de respeto el intento de acercarse al «verdadero espíritu de la India», las críticas fueron mucho más fuertes. La propia prensa local lo consideró «demasiado indio, incluso para un indio», señalando con sorna que el vestuario elegido era más propio de un maharajá y su corte, o de una película de Bollywood, que de un líder político visitante y que, sin duda, estaba más cerca del cliché que en sintonía con una India moderna. Sobrepasar el límite de honrar las costumbres locales y llegar a la apropiación cultural o el disfraz es una sobreactuación que, sin duda, les pasó factura.

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