El yoga y la política

El yoga está de moda desde hace años en nuestra sociedad. Cada vez que aparece Sting o Madonna haciendo o hablando del yoga, se dispara el interés por esta técnica con más de 5000 años de historia. El culto al yoga ha calado hondo entre artistas, empresarios y deportistas de élite y, también, en un segmento importante de nuestra sociedad que aspira a una vida más sana, más natural, más armoniosa y equilibrada. También en la política el yoga gana sobre todo adeptas, sea cual sea el cargo ejercido o el partido al que se representa.

En España, es conocida la afición por el yoga de Ana Botella, Concejal de Servicios a la Ciudadanía del Ayuntamiento de Madrid; de Mar Serna, Consejera de Trabajo de la Generalitat de Catalunya o de las Ministras del Gobierno español de Educación, Mercedes Cabrera, y de Sanidad, Elena Salgado, que tampoco quieren renunciar a los beneficios del yoga. Fuera de nuestras fronteras, la candidata a las presidenciales americanas, Hillary Clinton, lo considera imprescindible para desarrollar plenamente su vida pública.

Parece que el yoga ayuda a nuestros políticos a mantenerse en equilibrio, a ganar flexibilidad, a conocer las propias limitaciones y capacidades, a observarse a si mismo y a los demás, a progresar… cualidades, todas ellas, muy necesarias en el desarrollo de la labor política que permiten también conseguir otras metas físicas o profesionales.
Elena Salgado, por ejemplo, ha subido el Kilimanjaro y Rodrigo Rato –otro asiduo del yoga en su época ministerial- ha escalado hasta la cima más alta del Fondo Monetario Internacional.

El yoga no es sólo una técnica que desarrolla el control físico y el equilibrio como base de la armonía personal, combinada con otras técnicas físicas, respiratorias, depurativas y alimenticias. El yoga no es tampoco una gimnasia, ni una terapia, ni un sustitivo de los tratamientos médicos, pero favorece las actitudes positivas que mejoran nuestro sistema inmunitario y mejoran la calidad de vida de muchos enfermos. Su objetivo es conectar el cuerpo con la mente. Está especialmente indicado para combatir el estrés, la ansiedad o la depresión y es útil para aliviar dolencias de huesos, coronarias o respiratorias, e incluso el cáncer y la diabetes.

Pero el yoga es también un camino de meditación y de espiritualidad que puede ser especialmente útil para la política, tan necesitada de reflexión. La búsqueda del equilibrio parece un objetivo conveniente para quien quiera servir a los intereses públicos. Más yoga y menos radio visceral. ¿Se imaginan?

Ahora es un buen momento. La política española necesita una buena dosis de serenidad, más allá del talante. Me imagino a Zapatero practicando la “asana” (postura) del árbol, de pie, con las piernas juntas, flexionando una de ellas, llevando la planta del pie contra el muslo de la otra pierna, uniendo las manos a la altura del pecho. O a Mariano Rajoy en la postura de la cobra, de rodillas, con una pierna adelantada mientras la otra se queda en ángulo recto. Columna erguida, hombros atrás, cara al frente, con los brazos levemente elevados y las manos enlazadas. Con ello equilibraría su sistema nervioso, fortalecería sus glúteos y mejoraría el funcionamiento de sus órganos abdominales. Sería estupendo, ¿no?

Dejo al lector imaginarse políticos y políticas en otras asanas clásicas como la de la torsión (¿Durán?) o la del triángulo en variable invertida (¿quizás Llamazares?). Pero sea cual sea la variante del yoga que utilicen, nos vendría muy bien que todos ellos mejoraran su equilibrio físico y emocional. Ellas ya van por delante. Y se nota.

Enlaces de interés:
Yoga sin misticismos (Cinco Días.com, 06.11.04)
Batalla, con buen karma, por el yoga (La Vanguardia 16.06.07, versión pdf)
Saluda al sol… y a Monet: el yoga llega al museo (Enrique Alpañés. Yorokobu, 1.03.2017)

Etiquetas: ,

Comentarios sobre: El yoga y la política

  1. Pingback: Antoni Gutiérrez
  2. Pingback: Antoni Gutiérrez
  3. Pingback: Nacho Corredor
Los comentarios están cerrados.