Ganó el bledo

Uno de los momentos más sorprendentes del segundo debate entre Rajoy y Zapatero fue cuando éste último le espetó al candidato popular que su preocupación por los precios era falsamente interesada y sorprendentemente sobrevenida porque, en toda la legislatura, los precios «le habían importado un bledo».

Hablando del precio de la leche, los huevos y las patatas, la alusión al «bledo» pareció chocante pero entonada con la polémica sobre el coste de la cesta de la compra. Aunque apostaría que ninguno de los dos candidatos puede hablar por experiencia propia. El bledo es una «planta rastrera de la familia de las amarantáceas, de unos 30 centímetros de largo, hojas triangulares de color verde oscuro y flores rojas y pequeñas», según la RAE. Es una planta comestible de notables propiedades nutritivas pese a lo insípido de sus hojas. Pero su valor real no está en el campo gastronómico sino en el dialéctico, donde tuvo un protagonismo destacado en el celuloide: «Francamente, querida, me importa un bledo». Una de las frases más famosas, popularizada en la oscarizada película de 1939 Lo que el viento se llevó, protagonizada por Clark Gable y Vivien Leigh.

«Le importa un bledo» le dijo el presidente. Le faltaron reflejos a Rajoy (o conocimientos reales de lo que dice que le preocupa, es decir, los productos básicos) para responder con sorna y habilidad que a quien realmente le importa un rábano, un comino, un pimiento o un pepino (todos ellos productos de mercado que son utilizados como alternativas retóricas al bledo) la vida de los españoles es —precisamente— al señor Zapatero.

El bledo fue una metáfora simbólica de la realidad del debate de ayer. Zapatero a la ofensiva. Combinando talante y mazo. Rajoy cayendo en las trampas más obvias (como por ejemplo el intercambio de golpes sobre la guerra de Irak, tan desfavorable para él, o perseverando en el error del cuento de la niña, fijación que despierta todo tipo de interpretaciones y ninguna de ellas positiva).

A Rajoy parece que le importa un bledo lo que digan de él. Ese es su mérito y su debilidad. El lunes los espectadores vieron de lo que es capaz Rajoy. Ni más, ni menos. La duda está resuelta. El domingo decidirán. El debate no ofreció mucha más información sobre las propuestas de los candidatos (y la que obtuvimos provino de Zapatero), pero sí que nos facilitó una imagen de claridad meridiana sobre «quién es cada cual». Será suficiente para el veredicto electoral.

Fotografía: James McKinven en Unsplash

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