InicioComunicaciónComPolVolver a escucharnos

Volver a escucharnos

«Así como existe un arte de bien hablar, existe el arte de bien escuchar». Epicteto.

La conversación pública no está rota: está saturada. Hablamos sin parar, opinamos sobre todo y reaccionamos a cualquier estímulo, pero cada vez escuchamos menos. A veces, no es por desidia o mala fe, sino por puro agotamiento. La democracia no muere solo por el grito, también se debilita por el ruido constante. Analizamos sin cesar el impacto de los algoritmos, la polarización y las burbujas informativas. Quizá ha llegado el momento de ampliar el foco y preguntarnos: ¿y si el problema no fuera solo qué circula, sino a qué ritmo lo hace y cómo respondemos (o no) a todo ello? La aceleración permanente impide algo esencial para la vida democrática: la comprensión.

Quizá sería interesante pensar en una «ecología del tiempo público». Así como hablamos de sostenibilidad ambiental, necesitamos, también, una sostenibilidad comunicativa. Espacios donde no todo sea inmediato, donde el desacuerdo no exija respuesta instantánea y donde el silencio no sea interpretado como debilidad o falta de opinión. Como observa László Krasznahorkai en su discurso al recibir el premio Nobel de Literatura 2025: «No hay parada donde pueda bajar, simplemente veo las estaciones pasar deslizándose, y siento que he pensado en todo, y he dicho todo sobre lo que pienso de la rebelión, sobre la dignidad humana, sobre los ángeles, y sí, tal vez sobre todo, incluso la esperanza».

Una idea innovadora —y contraintuitiva— sería revalorizar la pausa como competencia cívica. Aprender a no responder. A leer antes de compartir. A dudar antes de alinearse. En un entorno que premia la reacción, la pausa se convierte entonces en un acto casi subversivo. Pero, a la vez, profundamente democrático.

Los medios, las instituciones y los li­derazgos tienen aquí una responsabilidad clave. No solo informar más, sino ordenar, jerarquizar y contextualizar. Ayudar a pensar, no solo a sentir. Facilitar conver­saciones que no busquen viralidad, sino sentido. Menos trending topic y más hilo conductor.

La innovación democrática no vendrá únicamente de nuevas plataformas o tecnologías, sino de nuevas normas culturales: una dieta informativa más consciente, un derecho tácito a la desconexión del conflicto permanente, una pedagogía del matiz…

Volver a escucharnos no significa estar de acuerdo. Significa aceptar que comprender al otro requiere tiempo, atención y, a veces, silencio. Significa asumir que no toda opinión merece la misma urgencia, ni toda controversia el mismo tono y volumen. Tal vez el 2026 pueda ser el año en que defendamos algo radicalmente simple: que sin pausa no hay conversación, sin conversación no hay confianza y sin confianza la democracia se vuelve frágil, impaciente y fácilmente manipulable. Escuchar, hoy, no es pasividad. Es una forma activa —y valiente— de reconstruir lo común.

Publicado en: La Vanguardia (05.01.2026)
Ilustración: Getty Images

Artículos de interés:
La importancia de saber escuchar (Cristina Domínguez. Ethic, 30.12.2025)

Otros contenidos

Una nueva mirada al libro «Filopolítica: filosofía para la política», quince años después

En el año 2011 publiqué el libro Filopolítica: filosofía para la política, con prólogo de la filósofa y amiga Victoria Camps. En él, recopilaba...

Observatorio Trump: Exagerar para convencer

El consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí presenta Observatorio Trump, un espacio en el que analiza para EL PAÍS la comunicación política de Donald Trump durante su...

Personalidad alcohólica, poder peligroso

Las últimas semanas están poniendo a prueba —aún más— nuestra extraviada y necesaria serenidad. El mundo parece más enloquecido y las pequeñas rendijas de...

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.