El consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí presenta Observatorio Trump, un espacio en el que analiza para EL PAÍS la comunicación política de Donald Trump durante su segundo mandato presidencial.
Donald Trump pareciera venir del futuro. De ese mañana distópico y poco alentador hacia el cual algunos nos pretenden llevar, aprovechando la creciente polarización y la prevalencia de las emociones sobre la racionalidad. De ese reino digital que se caracteriza por el auge de las redes sociales y que se hace ahora más fuerte y caótico por la explosión de la inteligencia artificial generativa.
Sobre esto conversaba recientemente en su pódcast Ezra Klein con el periodista y activista Masha Gessen. Estados Unidos ha vivido un cambio de era en el último año: «Biden era un político del pasado, que gobernaba cuidando el presente. Trump es ultramoderno […]. Es un humano convertido en espectáculo y que siempre está metido en su personaje», afirma Klein.
El actual inquilino de la Casa Blanca vive para el show, como analizamos en el Capítulo 2 de este observatorio. Pero su impacto va más allá. Ha conseguido dominar los nuevos canales y medios que definen la comunicación en el siglo XXI. No se sabe si Trump ha aprendido los códigos y estilos de la comunicación digital o es que estos se adaptan a la perfección a su forma de ser. De lo que no hay duda es de que le sirven para esparcir su mensaje como la pólvora; para mantener enganchados a su base de fieles; y para alterar la tranquilidad de sus oponentes.
A continuación ponemos la lupa en cómo domina la comunicación con una lógica digital que es visible en sus contenidos, en sus formas y en su lucha por acaparar la atención. Trump ejemplifica muchas de las palabras que se han acuñado para definir esta nueva era: rage bait, enshittification, memeification, parasocial… Muchas de las técnicas que aplica el mandatario funcionan por cómo es el mundo actualmente, pero justo el mundo es cada vez más de esta manera por la propia acción del presidente estadounidense. Es el pez que se muerde la cola. El dilema del huevo o la gallina.
1. Proyección de autenticidad
En noviembre del año pasado, IAB Spain y Mazinn presentaron un estudio sobre cómo conectar con los públicos jóvenes en redes sociales. De 15 indicadores estudiados, la autenticidad lideró el ranking de los elementos indispensables para relacionarse con las audiencias de manera efectiva. Ser auténtico vale más que ser cool, resumía el informe de forma taxativa. En un mundo en el que se ha puesto de moda desconfiar de las instituciones y de los expertos, en el que se duda de la excesiva producción, improvisar frente a las cámaras, decir lo políticamente incorrecto, da puntos. Y en ese terreno casi ningún político supera a Trump. Para hacerlo notar, recurrentemente se burla de su antecesor: «¿No es bueno tener un presidente que puede hablar sin teleprompter?», bromeaba hace pocos días durante un acto.

4. Presencia permanente












