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¿Cómo ha sido la comunicación política de China frente a los ataques de EEUU e Israel contra Irán?

¿Qué mensaje esconde la respuesta de China al ataque a Irán?
Se trata de una doble respuesta a través de sus dos portavoces: el diplomático y el militar. Atención.
Wang Yi se centra en diplomacia y mediación política, mientras Zhang Xiaogang pone el acento en la crítica militar y estratégica a EE. UU. Xiaogang explora un lenguaje popular y metafórico de fuerte connotación confucionista que incluye reflexiones morales sobre la fuerza y la guerra.

Wang construye el relato de «China mediadora y garante del derecho internacional», mientras Zhang refuerza la narrativa de «China potencia responsable frente al aventurismo militar de EEUU», pero ambos convergen en tres pilares: rechazo del uso de la fuerza contra Irán, defensa de su soberanía y preferencia por una solución político‑diplomática

Pero el estilo más significativo es el de Zhang Xiaogang es el del portavoz del Ministerio de Defensa Nacional de China y que ostenta el rango de coronel superior. Comparece de forma regular en las ruedas de prensa del MND sobre temas de seguridad, mar de China Meridional, defensa y relaciones militares con EE. UU. y otros países.

Es el autor, entre otros hallazgos, de la analogía de EE. UU. como Adicto a la Guerra:
En 250 años de historia. Solo 16 años de paz total. 800 bases militares activas. Presencia en +80 países.

Habla siempre con metáforas sencillas, propias del confucionismo, expresadas con una rigidez facial y postural que le confiere un aire de firmeza y sobriedad muy especial. Hay autoridad pétrea, no hay concesiones.
En el pensamiento de Confucio las metáforas no son adornos retóricos, sino la forma básica de pensar y enseñar: sirven para modelar cómo debe ser la persona, la familia y el Estado.

Los fundamentos confucionistas unidos al desarrollo del denominado poder blando —concepto acuñado por el profesor de Harvard, Joseph Nye—, son las claves del desarrollo económico chino. Según Nye, en la fuerza de una nación podemos distinguir entre el poder duro, definido por la potencia militar, tecnológica, económica, etc. y el poder blando, que se refleja en otros factores como son la escala de valores, el estilo de vida, la cultura, la organización social, los modelos de desarrollo… China busca la síntesis. Daniel Bell, autor del libro El nuevo confucionismo de China afirma que «la tradición jugará un papel muy importante en el desarrollo y puede ser el hilo conductor de la nueva China».
(Enlazo con mi artículo Política: de la ideología a la filosofía).

Valores que tienen en el lenguaje un pilar fundamental, ya que este expresa la calidad moral del que habla. De hecho, al preguntarle a sus discípulos qué mejoraría o reformaría si tuviera que gobernar un país, Confucio hizo referencia al lenguaje: «Si el lenguaje carece de precisión, lo que se dice no es lo que se piensa. Si lo que se dice no es lo que se piensa, entonces no hay obras verdaderas. Y si no hay obras verdaderas, entonces no florecen el arte ni la moral. Si no florecen el arte y la moral, entonces no existe la justicia. Si no existe la justicia, entonces la nación no sabrá cuál es la ruta: será una nave en llamas y a la deriva. Por esto no se permitan la arbitrariedad con las palabras. Si se trata de gobernar una nación, lo más importante es la precisión del lenguaje».

El aporte de Xi Jinping
«La idea de las ‘dos combinaciones’ se refiere, de una parte, a la adaptación de los principios básicos del marxismo con la realidad concreta de China, un precepto que se remonta a Mao Zedong y resume la adaptación del marxismo a las condiciones chinas, lo que dio origen al ‘socialismo con características chinas’. La ‘segunda combinación’ sugiere combinar los principios básicos del marxismo con la cultura tradicional china. Esta es la innovación ideológica introducida por Xi Jinping».

«El significado y las implicaciones políticas de esta formulación no son menores. Lo que Xi plantea es integrar el marxismo con los valores, la filosofía y las tradiciones culturales chinas (Confucio, el pensamiento legista, la armonía social, etc.). De esta forma, ansía reforzar la legitimidad cultural e ideológica del Partido Comunista de China (PCCh), presentando su pensamiento como una síntesis entre marxismo universal y cultura nacional. Es así como pretende promover una ‘sinización’ más profunda del marxismo, es decir, un marxismo que ya no solo se adapta a las condiciones sociales y económicas de China, sino también a su identidad civilizatoria, sugiriendo un proyecto ideológico que busca construir una base cultural y moral propia para el socialismo chino del siglo XXI».

Mi videoanálisis para El País (01.03.2026)

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