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Equilibrio o incertidumbre

Al hablar de equilibrio pensamos en ese punto concreto donde fuerzas opuestas se encuentran, se igualan, anulándose una a la otra. Y, en ese punto, todo se detiene. O sucede de manera muy lenta. Una falsa apariencia de armonía. El equilibrio nos sugiere estable fragilidad, pero estabilidad y previsión, al fin y al cabo.

Conlleva, también, una cierta tensión y preocupación, al ser conscientes de que mantenerlo de modo permanente, sobre bases de disuasión, en lugar de cooperación, es un riesgo real, pero que percibimos como lejano e improbable. El coste del desorden se ha considerado superior al beneficio del orden no cooperativo. ¿Ha sido un espejismo?

Quizás, ha sido un error. Hemos vivido en un equilibrio de suma cero, aunque hemos descubierto que esta no es suficiente. «Poner todo en equilibrio es bueno, poner todo en armonía es mejor», en palabras de Victor Hugo. Esta convicción nos deslumbra, nuevamente, pese al tiempo transcurrido. Una constatación más de la fuerza del pensamiento esencial: es eterno.

Pero volvamos a la incertidumbre actual. Bill Emmott, editor de The Economist entre 1993 y el 2006, ha afirmado recientemente: «En vez de insistir en hallar nuevas certezas, necesitamos aceptar que nos encontramos en una era de incertidumbre bastante radical, en la cual la habilidad de aprender y adaptarnos con rapidez a los acontecimientos no esperados es mucho más valiosa que las predicciones o los preparativos demasiado específicos». La verdadera incertidumbre no la podemos calcular como sí podíamos hacerlo con los riesgos del equilibrio o su ruptura. Este es el gran cambio. Los riesgos se pueden evaluar, calcular o podemos especular sobre ellos. Nos permiten diseñar escenarios. La incertidumbre, no.

¿Cómo avanzar sin claridad en los escenarios probables? ¿Cómo prepararnos para lo que no conocemos? Para lo que se puede prever, hay aptitudes. Pero para lo imprevisible, solo sirven las actitudes. Estos nuevos desafíos exigen de la política democrática —y de cada una de las personas— una propuesta de valores. No hay otra. La ciudadanía descubre que la democracia vigilante ya no protege, solo puede alertar, en el mejor de los casos. Preparémonos para vivir con incertidumbre serena y resiliencia cooperativa. Las falsas seguridades se evaporaron. Eran humo.

Publicado en: La Vanguardia (13.10.2022)
He pedido de nuevo la colaboración de Alberto Fernández (La Boca del Logo) para realizar la ilustración de este artículo.

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