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¿Está la política desahuciada?

Las tres acepciones de la palabra «desahuciar» tienen una íntima relación. Comparten no solo una palabra sino una secuencia lógica:

Desahuciar
3.
Dicho de un dueño o de un arrendador: Despedir al inquilino o arrendatario mediante una acción legal.
Esta mañana «el Gobierno y el PSOE se reúnen para buscar una solución a los desahucios» desbordados por la presión social (con el sufrimiento añadido de suicidios dramáticos); cuestionados por las iniciativas de respuesta y condena de plataformas ciudadanas y de afectados (que al margen de casi todos los partidos han encontrado apoyo en las costuras del 15M); superados por los jueces (que se niegan a ejecutar las sentencias por inmorales y, por consiguiente, ilegales), por los sindicatos de policías (que no quieren participar usando la fuerza con los más débiles) y hasta por las mismas entidades bancarias (que han renunciado a ejecutarlos). Cuando la política formal no abre el camino, el deterioro democrático es imparable.

Se reúnen para buscar soluciones cuando el índice de confianza en la política es el más bajo en la historia de nuestra democracia y, además, coincide con el desplome de la credibilidad de los dos grandes partidos y de sus principales dirigentes. No llegan a tiempo, desprestigiados y a remolque, recelosos los unos de los otros e intentando marcar posición política que les permita obtener algún rédito. Otra vez, tarde. No es el momento.

Desahuciar
1.
Quitar a alguien toda esperanza de conseguir lo que desea.
La política formal es percibida cada vez más como no portadora de esperanza. Esto es dramático. Y peligrosísimo. La falta de sensibilidad es el reflejo de la moralidad y la capacidad. No actúa el que no quiere, ni puede. Así se percibe. Esta íntima asociación entre la falta de autoridad ética y directiva tiene consecuencias durísimas en la valoración que se hace de las fuerzas políticas y de nuestras instituciones.

La política parece incapaz de mandar, de ser el último poder, de articular las jerarquías sociales en base al interés común. Esta sensación de vacío desencadena el tsunami antipolítico o apolítico. El suelo se resquebraja.

Desahuciar
2. Dicho de un médico: Admitir que un enfermo no tiene posibilidad de curación.

¿Está la política desahuciada? Esta es la pregunta que se plantea con fuerza. La respuesta dependerá de la generosidad y ambición con la que se enfrenten los desafíos actuales. No, no todos los partidos, ni los políticos, ni las instituciones son iguales, pero cada vez más el valor de las diferencias es menos perceptible que el coste de las homogeneidades corporativas y actitudinales.

Sin esperanza emerge el malestar. Sin respuestas, este malestar deviene en rabia. Sin reacción, la rabia es ingobernable.

Hoy se reúnen el Gobierno y el PSOE. Espero que lleguen a un acuerdo total, sin matices, ampliable al resto de las fuerzas políticas y que devuelva la esperanza a los que han perdido su casa, su bien más íntimo.

Publicado en: El País (12.11.2012) (blog Micropolítica)
Fotografía: Cherry Laithang para Unsplash

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