Entrevista de Manu Collado para La Vanguardia (Neo) que reproduzco a continuación.
El entrevistado analiza en Polarización, soledad y algoritmos cómo estos factores influyen en la división, la ansiedad y la brecha de género entre los jóvenes.
«Existe una correlación entre el auge de las redes sociales y el aumento de los casos de trastorno de salud mental entre los jóvenes». Esta es una de las muchas aseveraciones con las que Antoni Gutiérrez-Rubí (Barcelona, 1960) nos va a ilustrar a la hora de analizar algunos de los rasgos que definen a la Generación Z. En su libro Polarización, soledad y algoritmos. Una radiografía de las nuevas generaciones (Siglo XXI Editores), el consultor político y asesor de comunicación examina cómo la tecnología ha transformado la forma en que los jóvenes se informan, se relacionan y construyen su identidad.
Nacidos a finales de los 90 y principios de los 2000 en un entorno plenamente digital, los centennials pasan buena parte de su vida conectados a pantallas que condicionan tanto sus vínculos personales como su relación con la política y el debate público. El libro aborda fenómenos como la polarización alimentada por las burbujas informativas, la creciente brecha de género dentro de la propia generación y el desencanto con las instituciones en un contexto marcado por la incertidumbre económica y laboral. Conversamos con su autor sobre estas transformaciones y sus posibles consecuencias sociales.
Usted abre el libro señalando que las etiquetas generacionales son más flexibles de lo que parecen, pero que aun así existen patrones reconocibles. ¿Qué factores explican hoy esas diferencias generacionales?
Los cambios tecnológicos son uno de los factores de mayor importancia para definir los patrones generacionales y los rasgos distintivos de cada una. Los baby boomers nacieron antes de la masificación de la televisión, que ya era plena cuando aparecieron los X. A los millennials los distingue el uso de internet desde pequeños y, a los centennials, las redes sociales y los smartphones.
Si tuviera que sintetizarlo, ¿qué distingue de forma esencial a la Generación Z de las anteriores?
La característica definitoria de la generación Z es que, por el factor tecnológico que hemos comentado, pasan mucho más tiempo delante de las pantallas, y eso lleva a que se informen y establezcan muchas de sus relaciones a través de ellas, condicionando así buena parte de sus decisiones. Es un cambio importante que limita la fortaleza de las comunidades más próximas y comunes, al tiempo que permite la creación de otras a distancia.
Sostiene que los algoritmos configuran “burbujas” informativas personalizadas que contribuyen a la polarización. ¿Cree que, en comparación, las generaciones previas poseen un mayor juicio crítico?
Quizá no es que posean un mayor juicio crítico, sino que continuamente entraban más en contacto con posiciones diferentes a las suyas, lo que podía llevarlos a cuestionarse más las cosas y a ponerse más en los zapatos de otros. Como explica Dunkelman, la tecnología, y en especial las redes sociales, han fortalecido las relaciones cercanas (familiares, amigos más próximos) y las lejanas (celebrities, influencers, aficionados a un mismo tema), pero han debilitado los lazos medios (vecinos, compañeros de trabajo, etc.). Generalmente, los lazos medios son los que no son elegidos según criterios ideológicos, por lo que nos hacen entrar en contacto con puntos de vista diferentes. Si esas relaciones se debilitan, también lo hace nuestra capacidad de entender al otro y cómo piensa. Eso fortalece la polarización.
¿Hasta qué punto las redes sociales influyen en el aumento de la soledad o la ansiedad entre los centennials? ¿Pesan ya más los factores tecnológicos frente a los económicos o culturales?
Jonathan Haidt ha escrito mucho sobre ello, en especial con su libro La Generación Ansiosa, en el que prueba que existe una correlación entre el auge de las redes sociales y el aumento de los casos de trastorno de salud mental entre los jóvenes. En España se repite el mismo patrón, Cyber Guardians ya lleva varios años advirtiéndolo. Las redes tienen consecuencias muy importantes en el plano mental y es importante regularlas, como se reguló en su día el tabaco. Su modelo de negocios es también generar una adicción, por lo que en el fondo tienen muchas similitudes.
El libro concede un lugar central a la brecha de género. ¿Cómo se traduce esa brecha en diferencias de expectativas vitales, laborales y políticas dentro de la Gen Z?
La brecha de género es un tema muy complejo y multicausal que debe ser abordado de manera muy amplia. Un aspecto interesante es que esa brecha de género también se convierte en una brecha educativa. Cada vez es mayor el porcentaje de mujeres con formación superior por encima del de los hombres. Eso genera dos déficits importantes que afectan a las relaciones de pareja. Por un lado, no hay tantos hombres preparados para tantas mujeres que sí lo están y, por otro, no hay tantas mujeres que quieran ser amas de casa para una cantidad de hombres no tan preparados, porque eso es lo que buscan. Es decir, entre los hombres y las mujeres que han ido a la universidad, la diferencia de expectativas vitales no es grande, pero sí puede llegar a serlo entre una mujer con formación universitaria y un hombre que no la tiene. Ambos probablemente tendrán visiones muy distintas de los roles de pareja.
En ese contexto, ¿observa un efecto de reacción o reconfiguración identitaria entre algunos jóvenes ante los avances del feminismo?
Ha habido una reacción importante entre algunos varones que no solo se debe al avance del feminismo, sino también al progresivo deterioro de las oportunidades laborales para la clase media. Esto ha ocurrido en muchas sociedades occidentales por el cierre de fábricas y la reducción en las necesidades de mano de obra. Los mejores trabajos y sueldos se concentran más entre los que van a la universidad, y las mujeres son las que se están graduando más. Por eso, la brecha se ha reducido y algunos hombres jóvenes que ven ese panorama no entienden que se siga haciendo énfasis en acabar con las desigualdades de género si en su día a día ven muchas veces a las mujeres avanzando más que ellos. A este sentimiento se unen los mensajes políticos interesados que unen ambos temas bajo la solución fácil de que ellas avanzan porque tú retrocedes. Esas ideas se viralizan mucho en las redes sociales y encierran a algunos chicos en cámaras de eco.
Muchos centennials expresan un profundo desencanto con la política institucional. ¿Es una ruptura generacional o una evolución natural de la desafección que ya venía de atrás?
Muchos jóvenes creen que vivirán peor que sus padres, que el sistema no les está dando las respuestas que buscan y que muchas veces ni siquiera los representa o los escucha. Por eso, ante la sensación de que el esfuerzo no vale nada, los cantos de sirena populistas, que saben adaptarse tan bien a los formatos de redes, son muy exitosos a veces.
Parte de ese desencanto parece canalizarse hacia discursos que cuestionan abiertamente la democracia liberal. ¿Por qué hoy determinadas posiciones autoritarias pueden presentarse como “rebeldes” o “antisistema”?
Creo que tiene que ver con dos factores: el primero es que los actores políticos más radicales por años fueron, en cierta forma, dejados al margen de las instituciones y medios de comunicación tradicionales. Esto hizo que, cuando surgieron las oportunidades de las redes sociales, dedicaran mayor atención a dominar sus formatos para poder tener un canal a través del cual posicionarse. Lo segundo es que supieron utilizar muy bien la oportunidad que les brindó la llamada cultura de la cancelación. El avance del progresismo por momentos se olvidó de conquistar las mentes, quiso imponer sus ideas, a veces, mediante un discurso fuerte y condenatorio. Esto generó recelo en mucha gente, y la extrema derecha se presentó como el actor rebelde y capaz de defender la libertad de expresión. Eso forjó una conexión importante: conmigo sí puedes ser como eres realmente.
El libro recoge expectativas pesimistas sobre empleo, vivienda y futuro. ¿Cree que la Generación Z percibe una ruptura del contrato intergeneracional, que se sienten “estafados”?
Sí, en parte sí. Consideran que, hagan lo que hagan, estudien lo que estudien, vivirán peor que sus padres. A esto ahora se suma la IA y la ansiedad que provoca en el mercado laboral. Por eso hay una fuerte reacción contra el sistema.
Si tuviera que formular el principal desafío social y político de la Generación Z, ¿cuál sería?
Creo que es fundamental que se pueda reconstruir el sentimiento de comunidad, que implica empatía con el otro y el sentir que caminamos juntos hacia un fin beneficioso para todos. Que somos parte de algo, no piezas separadas. Si seguimos fragmentados, el futuro será más difícil.
A la luz de su investigación, ¿qué deberían hacer familias, educadores e instituciones para reconectar con esta generación sin caer en simplificaciones ni paternalismos?
Lo primero es entenderla, saber cómo se comunican, saber cuáles son los formatos que llaman su atención. Si no nos adaptamos a eso, será imposible transmitirles mensajes. Lo segundo es no menospreciarla. Todos sus comportamientos tienen una causalidad y una razón de ser. No pidamos que se adapten a un sistema que tiene fallos importantes. Veamos por qué el sistema no está respondiendo y ofrezcámonos a arreglarlo con ellos.
Qué rasgos de la Gen Z cree que se consolidarán en la siguiente generación —la alfa— y qué nuevos retos anticipa?
Hay indicios de que los alfa se desprenden un poco de las redes sociales y valoran más las actividades presenciales. Eso es fundamental para la creación de comunidad y sería muy bueno que se consolide la tendencia. Pero habrá que esperar unos años a ver qué pasa. Creo que lo que ocurra con la generación alfa dependerá mucho de cómo gestionemos la implantación de la IA generativa. Puede ser el gran cambio tecnológico que defina a esa generación. Los jóvenes ya son los que más usan herramientas como ChatGPT. Al pensar sobre eso, hay razones tanto para el optimismo como para el pesimismo.
Publicada en: La Vanguardia (Neo) (12.03.2026)










