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¿Abandonan los hombres a Trump?

A inicios de 2025, Donald Trump se convirtió en el primer presidente en ejercicio que acudía a la Super Bowl. Acababa de volver a la Casa Blanca y su popularidad era mayor que nunca. Pocos meses antes había ganado las elecciones con una ventaja de 12 puntos porcentuales entre los varones y eso le animó a iniciar una especie de tour por algunas de las principales catedrales del deporte masculino estadounidense: el 16 de diciembre fue al clásico de fútbol americano universitario entre la Naval y la Armada; el 9 de febrero estuvo en la final de la NFL; el 16 de febrero asistió a la NASCAR Daytona 500; y el 8 de junio estuvo presente en el evento UFC316, poco después del cual anunció que organizaría una pelea en la Casa Blanca para celebrar su 80 cumpleaños.

El mensaje de Trump era claro: los hombres estadounidenses volvían a tener un presidente que les representaba. Más que popular, la idea era recibida por muchos como una tabla de salvación después de años de supuesto «sufrimiento silencioso».

Los trabajadores varones fueron los principales afectados por el cierre de fábricas y la caída de los empleos manufactureros que se registró en Estados Unidos a inicios del siglo XXI por el boom de las importaciones chinas. Y, desde finales del siglo pasado, su posición de dominio en la sociedad se ha debilitado de manera progresiva: el porcentaje de hombres ocupados ha disminuido y su nivel de ingresos se ha estancado o ha caído, sobre todo entre aquellos con menor formación académica. Todo esto mientras las políticas de igualdad iban surtiendo efecto —aunque todavía insuficiente— y las mujeres avanzaban como nunca lo habían hecho.

En medio de este panorama y tras derrotar en dos ocasiones lo que muchos veían como la amenaza de una comandante en jefe, el futuro inmediato parecía prometedor para estos hombres. Trump volvió a la Casa Blanca asegurando que restauraría la industria manufacturera y que no perdería el tiempo con aventuras bélicas en el extranjero que agotaban los recursos y la imagen del país. Además, inició una ofensiva contra las iniciativas de igualdad y diversidad. Era hora de acabar con los Gobiernos que beneficiaban a las minorías para poner nuevamente el acento en el ya muy descuidado hombre blanco heterosexual.

Pero la fantasía parece que no ha tenido un final feliz. Los aranceles con los que Trump pretendía reactivar la industria local lo único que han conseguido es subir los precios de los productos importados, a la vez que la guerra en Irán, que los propios influencers MAGA cuestionan, ha despilfarrado más de cuarenta mil millones de dólares, debilitando la imagen de Estados Unidos en el extranjero y provocando que el galón de gasolina vuelva a superar los 3,5 dólares por primera vez en cuatro años. Esto no es lo que les prometieron a los hombres y muchos se han dado cuenta. Según el tracking de YouGov, desde inicios de año ya son más los que rechazan la gestión de Trump que los que la aprueban.

El 10 de agosto, el 52,9% le reprobaba contra un 45,2% que le aprobaba. Supone una caída de más de 10 puntos porcentuales con respecto al inicio del segundo mandato en enero de 2025, momento en el que Trump estaba en medio de su gira deportiva. Entre los hombres menores de 30 años, un público que fue clave para que pudiese volver a la Casa Blanca, la situación es aún peor. Una encuesta reciente de la Universidad de Harvard pone de manifiesto que, de cara a las próximas midterms, estos electores respaldan a los candidatos demócratas para el Senado con una diferencia de 8 puntos.

Desde 2016, la carrera política de Trump se ha sustentado en dos pilares: el respaldo de los hombres con bajo nivel de formación y la idea de que tiene una mayor capacidad para gestionar la economía que sus rivales demócratas. Ambos dogmas se están empezando a resquebrajar. Su retroceso entre el público masculino se debe mayormente a que el electorado ya no confía en él para mejorar las finanzas del país. Según la última encuesta de NBC, por primera vez desde 2017 son más los que creen que, en este momento, los demócratas son mejores para la economía.

Este retroceso preocupante de su imagen amenaza con propinarle un varapalo muy fuerte en las próximas elecciones del 3 de noviembre, las cuales podrían dejar a su partido sin el control de la Cámara de Representantes ni del Senado, lo que condenaría al presidente a ser un pato cojo incapaz de desarrollar cualquier política de calado en los dos años que le queden en la Casa Blanca.

Como remedio a esta situación, Trump y los republicanos han vuelto a dirigir su mirada hacia el deporte. El fútbol americano volvió a los televisores de Estados Unidos en septiembre, justo a tiempo para introducir mensajes políticos que intenten cambiar la percepción de los electores hombres antes de los comicios.

Según un estudio publicado por Axios, en el primer fin de semana de la temporada regular de la NFL, los candidatos republicanos contrataron 5.546 cuñas de propaganda durante las transmisiones de este deporte a nivel profesional y universitario, casi 12 veces más que sus rivales demócratas. En Michigan, por ejemplo, se enzarzaron con fuerza contra el candidato Abdul El-Sayed, de quien recuperaron declaraciones antiguas en las que supuestamente describía el fútbol americano como racista y ejemplo de masculinidad tóxica.

¿Será suficiente el bombardeo publicitario para que parte de la base masculina republicana olvide su decepción y vuelva a movilizarse en noviembre? ¿O el precio de la gasolina y la subida de la inflación habrán roto el hechizo de manera definitiva? El 3 de noviembre se verá si los hombres estadounidenses de clase trabajadora todavía sienten que tienen un presidente que les representa.

Publicado en: El País- El País US (03.10.2026)
Fotografía: ©JEFF MCWHORTER (EFE)

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