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El espejo de Narciso se ha roto

Donald Trump llegaba a las midterms con los índices de aprobación más bajos desde Harry Truman en 1946. Sus bases de electores, los hombres y las zonas rurales, empezaban a rechazarle. Había perdido todo el apoyo ganado entre los jóvenes para convertirse de nuevo en presidente en 2024. Y ya en ningún tema recibía una valoración positiva, ni siquiera en la economía, que desde que entró en política era su punto más destacado.

Pese a todo eso, Trump vio su reflejo, igual que el famoso mito de Narciso al ver su rostro en el espejo del agua, y siguió embelesado con su figura. Aunque los propios candidatos republicanos trataron de alejarse cada vez más de su protagonismo (pasó de ser el foco central en los spots de las primarias a ocupar el puesto 33 de la lista), él mismo decidió hacer una campaña situándose en el punto central. En las últimas semanas hizo 28 eventos en varios estados y en todos repetía el mismo mensaje: «Vayan a votar como si yo estuviese en la papeleta». Si todavía quedaba alguna duda, se aseguró de que los comicios se convirtieran en un referéndum sobre su presidencia. Justo lo que menos necesitaba. El narcisismo es incompatible con lo conveniente y necesario.

En paralelo, las encuestas mostraban una realidad muy clara: el alto coste de la vida se estaba transformando en la principal preocupación de los estadounidenses y en una motivación prioritaria para ir a votar. Ya había pasado algo similar en 2024. Los ciudadanos querían precios más bajos y apoyaron a Trump porque se los prometió. Pero dos años después, lo único que trajo fue un repunte de la inflación y un aumento exorbitante de los precios de los combustibles por culpa de sus aranceles y de la guerra de Irán. Y, finalmente, la corrupción —la suya y la de su familia— pasó a ocupar un lugar central. Sus votantes tomaron nota. Trump los abandonó para mirarse en el espejo. Trump los dejó solos… ¿por qué iban a acompañarle en estas elecciones?

Los demócratas leyeron bien la situación. Viendo que era la principal preocupación de los electores, basaron sus campañas en el metro cuadrado de la gente, en hablar de lo que les preocupaba y proponer llevar el asunto a su agenda parlamentaria desde el día uno. Lo hicieron con candidatos en su mayoría moderados y transversales que atrajeron a los independientes y no levantaron miedo entre los republicanos. Hoy los demócratas tienen un banquillo plural, diverso y atractivo de posibles candidatos presidenciales para 2028.

Y así se gestó entonces el fracaso del Narciso Trump. Repasar los lugares en los que concentró la mayor cantidad de sus eventos de campaña muestra sin ninguna duda la dimensión de su derrota: fue tres veces a Texas y los republicanos perdieron ahí el escaño para el Senado y la gobernación. Esto a pesar de que en más de 30 años ningún demócrata había ganado una elección estatal allí. Fue dos veces a Kansas y, por primera vez en más de 90 años, un demócrata ganó un escaño al Senado en ese estado. Fue a Ohio tres veces y también perdió la competencia por el senado y la gobernación. Y se repite una historia similar en Georgia, Iowa, Carolina del Sur, Michigan, Carolina del Norte…

Al final ha quedado demostrado que el reflejo de Trump no es el reflejo de Estados Unidos. Mientras que él representa un país dominado por una élite blanca y masculina, en las midterms se han logrado muchas primeras veces: la primera vez que hay una gobernadora latina de Texas, la primera afroamericana de Georgia, el primer gobernador abiertamente gay, la primera gobernadora nativa americana de Nuevo México, la primera mujer gobernadora de Ohio, el primer senador musulmán… De espejo trumpista a la ventana abierta de la nueva América.

¿Y ahora qué?

Hay un dicho que apunta a que nadie cambia realmente después de los 15 años. Y Trump tiene ochenta. Así que Narciso seguirá siendo Narciso. Le quedan dos años de mandato como un pato cojo y ahora la duda es cuál va a ser su reacción. Lo que es seguro es que su enfoque principal estará centrado en la construcción del legado de su presidencia.

Históricamente, cuando los patos cojos quedan con el Congreso en contra, se centran en la agenda internacional por ser el espacio en el que pueden gestionar en mayor medida a través de órdenes ejecutivas. Por ejemplo, fue este el tiempo en el que Barack Obama intentó cambiar la política de Estados Unidos hacia Cuba. Si este también fuera el caso con Trump, es probable que su atención se dirija a acabar con las guerras en Irán y Ucrania y en poner fin al régimen de los Castro en Cuba. Juzgando por el pasado reciente, esto no es necesariamente tranquilizador, aunque su meta podría ser terminar como el presidente que acabó con esas guerras y con la Cuba castrista.

En la versión más conocida del mito de Narciso, la de Ovidio en las Metamorfosis, Narciso no muere ahogado: muere de consunción, consumido por el deseo de su propia imagen e incapaz de apartarse de ella. Es decir: deja de atender sus necesidades y se va apagando junto al agua. Muere por no poder dejar de mirarse. Por eso, no es casualidad que el último día de campaña Trump eligiera quedarse en DC interviniendo con la piscina recién reformada del monumento a Lincoln de fondo. Aprovechó para hablar durante minutos de los proyectos urbanísticos que tiene preparados y solo al final mencionó levemente las midterms. Ya no le interesaban las elecciones porque sabía que se le venía encima una derrota estrepitosa; tan grande, que ni siquiera se ha preocupado en decir que se las han robado. Lo único que se ha limitado a declarar es que él no estaba en la papeleta de voto. Que la culpa fue de otros, como siempre hace. Egoísta y cobarde.

Quedan dos años de presidencia de Trump. Pero con las elecciones del martes ha comenzado el fin de su era política. Esto no significa que no vayamos a tener más declaraciones altisonantes, desmanes autoritarios o cabreos políticos. Seguro que los habrá, y muchos. Sin embargo, comienza la etapa en la que se termina de construir el legado que dejará el mandatario.

El martes se rompió el espejo narcisista. Hoy se abre la ventana de la nueva América, más diversa que nunca.

Publicado en: El País – El País US (04.11.2026)
Fotografía: ©Alex Brandon (AP Photo/Alex Brandon)

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