El partido político como coworking social

La crisis de la política es también la crisis de su praxis, de sus formatos, de sus modelos organizativos. Otro modelo de partido es posible. Urgente y necesario, más que nunca. Y la política democrática, a través de su oferta orgánica (la articulación de la participación y del compromiso cívico mediante la militancia y los partidos), muestra señales más que evidentes de fatiga, de ineficiencia, de obsolescencia. El día a día de la vida de los partidos es cada vez menos atractivo, estimulante y creativo para muchísimos ciudadanos. Esta es la dramática realidad. Decía Aristóteles que la “excelencia es un hábito” y que “somos lo que hacemos”. La praxis política es el reflejo de la política.

El debate está abierto de par en par. ¿Pueden los actuales modelos de partido, ser organizaciones capaces de atraer la energía transformadora que aflora en nuestra sociedad en las redes sociales y las plazas públicas? La respuesta honesta les desborda.

En este contexto, los edificios y las sedes políticas de los partidos se han quedado vacíos de personas, y de ideas. Grandes espacios que resuenan a hueco, a tiempos pasados; a asambleas de culos de hierro y brazos de madera; a tabaco y debates interminables. Ese ambiente, ya no volverá. Y mejor. Pero no está siendo sustituido por el rumor de los teclados de los portátiles, por la música, por la risa y la creatividad. Lo caduco se resiste, lo nuevo no emerge entre las paredes del centralismo democrático.

Los partidos, y en especial los partidos progresistas, deben replantearse a fondo la función social de sus equipamientos. Infrautilizados para la vida orgánica, deben reencontrarse con la ciudadanía, considerándolos bienes públicos para la vida democrática y cívica. Solo así, abriendo las puertas de las sedes, tendrán la mínima oportunidad de reconectar con la sociedad crítica y dinámica que se mueve con total comodidad en las redes sociales o en los terceros espacios (bares, cafeterías, librerías, salas con wifi y buen ambiente) más allá de las oficinas, talleres y domicilios particulares.

Las sedes son también símbolos. Y, sobre todo, las sedes “centrales”. Comencemos por aquí, son la prueba de fuego.

La primera cuestión que debería plantearse tiene relación con el rol de la propia sede nacional (física, presencial) en el proceso de transformación hacía un partido-red, la forma contemporánea y moderna de organización política.

Sedes para el coworking de la política
En este proceso de tránsito (y de transformación) es necesario que el edificio represente un auténtico LAB digital y presencial de iniciativas para la acción política. Las sedes del PSOE, por ejemplo, deberían ser las sedes de la política progresista. Esto significa que hay que “abrir” las puertas y las posibilidades de uso de TODOS los edificios. Muy pocos despachos tienen que ser “propietarios”. Es necesario reconvertir el concepto despacho por el concepto espacio. Almacén integrado y unificado, con un gran proceso de digitalización de los materiales y del archivo. Y salas y despachos open y disponibles para reserva online.

Abrir el edificio al barrio, a la ciudad, a la ciudadanía y a las organizaciones sociales progresistas. Un reglamento flexible de usos y ocupaciones que debe permitir revitalizar el espacio de energía movilizadora. Abriendo las dependencias para explorar todas las posibilidades del crowdsourcing en la política. Y cuando se quieran hacer cosas… se preguntará a los “huéspedes” quién puede hacer qué… Es básico crear un clima de cooperación política con activistas, creadores digitales, asociaciones, etc.

Edificios digitales… y sostenibles
El edificio se convierte en un nodo digital. Wifi gratuito para todos. Un centro de formación en política 2.0. Peso para militantes y simpas, sí, pero sobre todo para la sociedad. El horizonte del Internet de las cosas tiene que hacer del edificio un local digital e inteligente, abierto a las nuevas herramientas. Un laboratorio. Y un campo de pruebas. Desde los QR’s en la fachada a un lobby digital.
Reconvertir “ecológicamente” todo el local sería otra prioridad. Emisiones cero. Un edificio sostenible. Una auditoría ecológica que permita abordar este cambio con garantías de ecoficiencia.

Salas abiertas, multiuso y de recursos
La cultura es la clave. Una biblioteca (multiformato, multiplataforma) de contenidos sobre política y nueva política. Y actividades. Muchas. Participando del “boom” de los clubes de lectura, como buena práctica relacional y política. Una gestión dinámica, plural y de servicios en los alrededores de la cultura política que permita conectar de nuevo con creadores, lectores y pensadores. Es el debate de las ideas. Y una gestión fantástica de préstamo con todo tipo de formatos. Con muy poco esfuerzo se puede obtener, en muy poco tiempo, una de las grandes bibliotecas políticas vía donaciones y convenios.
Explorar las posibilidades de esta idea. Hermanar edificios (instituciones), por ejemplo, puede ser un itinerario para las alianzas y las co-producciones de exposiciones y materiales, además de una fuente importante de creatividad y capacidad relacional.

La política visualizada
Se hace necesaria una nueva etapa de “visualización” política. Las posibilidades gráficas, digitales y comunicativas de los datos visualizados son un espacio de oportunidades espectacular. Se necesitan imágenes para la nueva acción política. La sala expositiva (física y digital) será un espacio de creación del dato para la acción comunicativa. Las sedes deben reconvertirse en espacios de exposición, muestra, experimentación y elaboración de materiales gráficos, artísticos y audiovisuales para la comunicación política. Si se quiere renovar la política, habrá que renovar su formato de comunicación. La visualización creativa de conceptos e ideas es clave en la sociedad actual. Menos argumentarios y más infografías, para que nos entendamos. Y espacios capaces de acoger la plasticidad de la comunicación visual.

La política como coworking
La transformación de los espacios orgánicos en infraestructuras de servicio público para la acción política es, seguramente, el reto cultural más importante que tiene hoy el PSOE. No será posible representar a una mayoría electoral para el cambio social si las sedes no representan ni tan solo a todos los que se sienten, en el pasado y en el presente, identificados con la socialdemocracia y la modernidad. El trabajo es arduo. Pero transformar nuestros equipamientos políticos en productoras de actividad política y cultural es imprescindible si se quiere acoger, sin dirigismos, tutelas o paternalismos, el talento y la energía que transcurre en muchas dinámicas sociales que sienten alergia a lo orgánico y partidario. Y también si se quiere recuperar el talento expulsado, agotado, exhausto y aburrido de tanta liturgia política obsesionada con administrar el poder interno en lugar de socializar y politizar las ilusiones y compromisos de tantas y tantas personas que se alejaron decepcionadas de una praxis endógena y autista.

Además, hay que generar entornos digitales y presenciales que actúen como ecosistema para el activismo político. Esa misma estrategia es la que aplican desde el servicio web de Ruck.us dirigiéndolo a las acciones y los ideales políticos. El propósito es convertirse en un punto de encuentro para las personas que quieren proponer cambios y crear debate.

Hay modelos. No son utopías ni desvaríos. Organizar el trabajo cooperativo y compartir espacios y motivaciones es la solución y la alternativa para muchísimos emprendedores, creadores y activistas que no distinguen lo social de lo profesional, lo colectivo de lo personal. El coworking se abre paso entre el aislamiento y el individualismo. Y lo hace con éxito y ofreciendo respuestas y soluciones para los que creen que también otro modelo de trabajo es posible.

¿A qué esperamos?

Publicado en: Fundación Ideas (13.03.2012)

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