Podemos aprender

Se desprecia lo que se ignora, decía Machado. Y lo que pareciera una actitud displicente y arrogante es, final y simplemente, estupidez, no superioridad alguna. También se subestima —o se ataca— lo que se teme, aún sin comprender ni entender. Sólo la soberbia o la ignorancia —o ambas— podrían explicar la descalificación de algunas prácticas organizativas de Podemos. Que hayan conseguido 100.000 adheridos en menos de un mes reclama, como mínimo, curiosidad… y respeto.

En su permanente búsqueda por la diferenciación política, Podemos reinventa –o lo intenta– el lenguaje político. Empezando por su propio nombre. Podemos es un verbo, declinado en presente y plural. Personaliza. El protagonismo no es la organización, sino las personas. El «nosotros», heredero colectivo del protagonismo ciudadano del «sí se puede», de las banderas del #15M. El logotipo electoral fue un rostro en stencil (tan grafitero como artivista). Los afiliados son inscritos. Las ruedas de prensa, ruedas de masas. Las agrupaciones son círculos. Las asambleas, una plaza digital. Las sedes, redes. Y así todo. Una identidad que se construye, fundamentalmente, marcando las diferencias en las estéticas y en las prácticas. Todo ello no exento, tampoco, de posibles contradicciones entre lo que se dice y se hace.
La iniciativa de las ruedas de masas y el espacio Plaza Podemos, con el uso de la plataforma de debate inteligente (y meritocrática) de Reddit, obliga a cualquier demócrata, persona interesada en la comunicación política, representante público o líder político a una mirada sin prejuicios y sin apriorismos. Comprender lo que está sucediendo, evitando tanto la sublimación adanista o como la pereza arrogante, es un estímulo para todas las personas que, desde posiciones muy diferentes, quieren más, mejor y otra política. Y este reto no es propiedad de nadie, y se encuentra presente de manera muy transversal en muchas fuerzas y opciones políticas. Desde las tradicionales hasta las emergentes. Lo importante no es, creo, de dónde venimos, sino a dónde queremos ir.

Hay un debate profundo sobre los límites —y los retos— de la representación política en sociedades más autónomas, protagonistas y soberanas. Y un debate intenso sobre las legitimidades múltiples en sociedades complejas. Alguien debería leer —y a fondo— las aportaciones de Hanna Pitkin y la construcción de la representación en la política democrática antes de hablar tanto y, demasiadas veces, tan superficialmente. La cultura y la práctica digital rompen con el modus operandi del poder convencional: el control del tiempo (el mundo de los profesionales) y del conocimiento (el mundo de los expertos), que han constituido el núcleo duro de la representación. Ahora, lo que antes era un poder centralizado y jerarquizado se resquebraja ante la irrupción de la demanda descentralizada y la inteligencia de las multitudes. De la eficaz pirámide a la experimental red. De lo conocido a lo posible adyacente. Del control fidelizado  a la disrupción comprometida.

Podemos es un laboratorio. La reconversión de los partidos políticos tradicionales en formatos de intervención, debate y decisión (de representación y legitimidad democráticas) de nuevas costuras y fundamentos, gracias a la tecnología social, es una exigencia. Ignoro el futuro electoral de Podemos, aunque parece que no va a ser una irrupción cutánea, sino una auténtica disrupción subterránea. Su esfuerzo por intentar nuevas prácticas, ensayar nuevos formatos y adoptar nuevas soluciones tecnopolíticas merece consideración. Y seguimiento. Veremos cómo evoluciona todo. Pero el uso (y el extraordinario movimiento generado) de las herramientas Reddit (para el debate) y de @appgree (para la deliberación decisoria) es estimulante e inspirador, y abre interrogantes que te mueven de la zona de confort. Quien quiera combatir o discutir estas prácticas políticas será mejor que, más que despreciarlas o minusvalorarlas, las estudie. A fondo.

Publicado en: El País (20.08.2014)(blog ‘Micropolítica’)

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