Tramoyas y tramas

Publicado en: El País-Cultura (2.02.2015)

Artículo publicado en el marco del reportaje de Natalia Marcos: Tertulias: y el ‘show’ continúa…

Las audiencias (su búsqueda, su conquista y su fidelización) son el reto competitivo de las cadenas de televisión. La atención es el bien escaso en nuestra sociedad. La política —con su liturgia pugilística— es abducida por los programadores televisivos que buscan el placer audiovisual del golpe verbal como poderoso atractivo magnético para retener a los públicos. Gritar sustituye a razonar. Interrumpir a dialogar. Simplificar a argumentar. Esta banalización, que convierte la información y el debate políticos en entretenimiento consumible, obliga inevitablemente al espectáculo.

Este formato ofrece una versión epidérmica y básica de la razón política. La emoción, con su poderosa capacidad para crear conciencia (dime lo que sientes y averiguaré lo que piensas), se convierte en el elemento clave de esta modalidad de debate político. Las exigencias televisivas de brevedad, contundencia, simplicidad, rivalidad…, y la obsesión por dejar al adversario fuera de combate, permiten que los líderes que manejen bien esas habilidades tengan una gran oportunidad de notoriedad y singularidad. Se trata de tener ideas, pero, sobre todo, técnica televisiva para la contienda en la tertulia. La preparación, formación y entrenamiento de estas condiciones se convierte en un elemento competitivo imprescindible.

El fenómeno de la multipantalla (ver televisión con otros dispositivos e interactuar en las redes sociales con ellos) hace que los programadores trabajen con el concepto de audiencia social como un elemento clave a la hora de escoger temas, protagonistas y enfoques. La retroalimentación entre platós y redes es total. El público forma parte del espectáculo en forma de trending topic, hashtags, menciones, me gusta, retuits o replays.

La agenda política, con su saturación y complejidad, se resuelve, se dirime en la tertulia semanal. El público quiere resultados. Ganadores y perdedores. La creación del clima previo y las expectativas que se generan consolidan un formato ávido de desenlaces claros y rotundos. El debate político se resuelve a golpe de eficacia escénica audiovisual. La tramoya gana a la trama.

Enlaces de interés:
Listos para el show (S. Hinojosa. La Vanguardia, 15.02.2015)

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