Mapas del poder

La geografía del poder, es decir las relaciones y vínculos entre personas, organizaciones (públicas y privadas), instituciones e intereses, es un poderoso elemento de análisis para comprender lo que no es evidente, pero sí condicionante. Estos datos, cuando son cartografiados con varias capas de densidad informativa, cambian nuestra percepción y conocimiento del entorno social, porque nos cambian el diámetro, el foco y la intensidad de la mirada. Cambiar la mirada para obtener una nueva visión, es la base para encontrar nuevas conclusiones. Nuevas causalidades. Porque como decía Aristóteles, pensamos lo que vemos. O como lo confirma la neuropolítica, nuestro cerebro es, fundamentalmente, visual.

En España, algunas organizaciones sin ánimo de lucro están elaborando minuciosos (y reveladores) mapas de relaciones. La Fundación Civio y su proyecto Quién Manda es una referencia indiscutible y ejemplar. Y no están solos, aunque no es fácil mantener el enorme esfuerzo humano y profesional que supone este tipo de mapas. La realización de estas cartografías y geografías del poder se desarrolla con investigación periodística, con colaboración ciudadana (denuncias y whistleblowers cívicos) y con tecnología aplicada a los datos públicos que no están -aparentemente- relacionados. Los rastros digitales, su interpretación y relación, son una poderosa minería de información para la construcción de estos mapas de poder.

Estoy convencido de que las batallas políticas del futuro inmediato se librarán, también, entre proyectos políticos capaces de utilizar estos mapas y, a la vez, tener auténticos laboratorios que les permitan pasar del del big data al data thinking, con una cuidada y eficaz política de visualizaciones para la comunicación en los ecosistemas digitales. Pensar con datos, pensar con imágenes, pensar con mapas. Hacer política con todo ello.

En este escenario, los mapas interactivos que permiten combinar un gran volumen de datos y visualizaciones a la carta de los usuarios en múltiples pantallas y dispositivos son una herramienta decisiva. En las últimas elecciones generales y catalanas hemos visto, también, como algunos medios han innovado con mapas interactivos en la presentación de datos estadísticos, electorales o periodísticos. ArcGIS, QGIS, MapBox estas son 3 herramientas con las que sencilla y gratuitamente (al menos en un principio), se pueden convertir bases de datos en mapas interactivos. También existe Gather,  una plataforma que permite crear Apps con mapas interactivos.

La utilización de mapas colaborativos para la acción política es otra dimensión al enorme potencial de estos mapas interactivos. mapea.cc es una herramienta de la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI) desarrollada por Outliers Collective que sirve para mapear dos tipos de incidencias: denuncias de cualquier “ataque” a la libertad de información y cualquier tipo de acción de protesta en el ejercicio del derecho a la libertad de expresión. No todas estas iniciativas consiguen el caudal de información y participación sostenida para que se conviertan en más útiles todavía. Pero estamos al inicio de una nueva era: las cartografías sociales y las tecnopolíticas serán los mapas del futuro sobre los que representaremos las nuevas geografías de nuestro mundo.

Cuando los ríos son también flujos; las montañas, nodos; los caminos, enlaces; los océanos, la red; y los datos y sus relaciones, las nuevas ciudades.

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Artículos de interés:
Los mapas del futuro (Evgeny Morozov. El País, 9.06.2013)

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Publicado en: El País (6.1.2016)(blog ‘Micropolítica’)

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