Carisma interior, liderazgo global

Mandela es, para una política huérfana de líderes, un símbolo moral por varias razones.
Resistencia. “Estuve 27 años en la cárcel, pero mi mente nunca estuvo en la cárcel”, dijo al recuperar la libertad. Demostró que la resistencia física a la tortura y a la privación, eran parte de la resistencia política al apartheid. Su cuerpo aguantó lo que su mente y su espíritu protegieron: la dimensión humana, la conciencia política. Allí nació el mito.

Superación. Su apuesta por la reconciliación fue una lección para sus compatriotas y para sus aliados políticos. Su sonrisa, profundamente armoniosa y dulce, ha roto tabús y prejuicios. Superar el odio y canalizar el rencor en coraje democrático es una lección moral y ética.

Universalidad. Mandela representa el concepto de un solo mundo, una sola humanidad, un solo planeta. Es el referente mediático de artistas y deportistas globales, como los valores de concordia que representa. Ha hecho de cada foto un mensaje audiovisual de gran eficacia plástica y estética. Es un icono joven.

Modernidad. Suráfrica es un ejemplo para África y Mandela su marca nacional más moderna. El Mundial de fútbol del 2010 será el momento culminante de la proyección del país. Mandela hará el saque de honor en el centro del campo, será una de las imágenes del siglo XXI. Es el capitán del equipo de la humanidad. La mejor selección.

Publicado en: El Periódico 19.07.2008 (versión pdf en castellano) (versió pdf en català)

Documentos de interés:
Mandela: His 8 Lessons for a Leadership (revista Time)
Fuente: Butlletí Tria FRC

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