Nombres propios, eslóganes públicos

Hace unos días, veíamos esta imagen de los manifestantes contrarios a Tony Blair, protestando durante la comparecencia del ex primer ministro británico ante la comisión que investiga la participación de Reino Unido en la guerra de Irak. Pancartas mostrando el resultado de combinar su apellido con la palabra “liar” (mentiroso).
Un juego conceptual efectivo (aunque no siempre lícito) que, cambiando, una sola letra, abre un universo de significados totalmente distinto. Es el caso de Blair por “Bliar” o de Obama por “Osama”, en su momento.
Jugar con el nombre propio provoca, a mi parecer, más dudas que certezas. Es un ataque a la persona, donde se juzga directamente al individuo y no tanto a sus actos. Un recurso sencillo y hábil que abre escenarios de connotaciones muy distintas, puede ser, sin embargo, claramente reprobable. Dejemos el nombre en paz…

Distinto resulta buscar similitudes que ayuden a explicar algún concepto en la comunicación con la ciudadanía, y siempre con la complicidad del protagonista. Sería el caso del eslogan elegido por Gordon Brown, haciendo referencia a su perfil antihéroe: Simplemente, Gordon (“Not flash, just Gordon”) o el reconocido ZP o “Con Z de Zapatero” durante la campaña lanzada en 2007.

Publicado en “Pie de foto” (4.02.2010)

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Comentarios sobre: Nombres propios, eslóganes públicos

  1. Pingback: Javier Ortego

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