Un programa hecho a su imagen

Papa Benedicto XVI

Joseph Ratzinger conoce, a fondo, el valor del rito histórico y de la liturgia vaticana. Y aunque fue el primer Papa elegido siendo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, muestra una especial sensibilidad por los nuevos formatos de comunicación. Es un Papa digital, aunque escriba a lápiz con su diminuta caligrafía. Guante de seda, puño de hierro.

Con su intervención en el programa de la RAI-1, explora nuevos recursos. Pero fue un producto audiovisual desigual, y hasta cierto punto frustrado. Nada que ver con las expectativas del Tengo una pregunta para usted.

El formato talk-show trivializó el formato original y auténtico y no creó la atmósfera adecuada. La realización de las respuestas del Papa fue nefasta: un plano medio despersonalizado, hierático y frío, casi fijo; con mala iluminación y sin maquillaje. Y, lo que es peor, la interrupción de la intervención del Papa con las opiniones de los expertos y la incorporación de otras preguntas desde el Coliseo romano rompieron cualquier deseable continuidad.

Pero, a pesar de todo, Benedicto XVI ha roto moldes y ha conseguido algunos de sus objetivos, sin dejar nada al azar. El programa se concibió como parte del poderoso engranaje de promoción del segundo volumen de la trilogía biográfica sobre Jesús de Nazaret que presentó el pasado 10 de marzo y que ya es un best-seller mundial. Estas fueron las claves:

La fuerza del guión simbólico. Se inició a las 14:10 horas, la misma hora en la que se cree que Jesús murió en la cruz, emitiéndose el mismísimo Viernes Santo. Durante más de una hora, el Papa respondió a siete preguntas, seleccionadas previamente, a través de videomensajes. El programa fue un falso directo, pero la guionización perfecta de temas, procedencias, personas y registros consiguió un efecto previsible, pero también comercial.

El magnetismo inagotable de Jesús de Nazaret. Las preguntas le permitieron al Papa hablar de su gran pasión histórica y religiosa: las figuras de Jesús y María. No fueron preguntas al Papa, sino al autor del libro. Al historiador y al teólogo. Sin temas incómodos. Fue un itinerario pastoral desde el dolor a la esperanza, pasando por la resignación, la persecución, el martirio, la muerte y la resurrección. Benedicto XVI utilizó un lenguaje pedagógico, humilde y sincero. Su gesticulación amable y descriptiva compensó su expresión a veces perdida y absorta.

Globalidad e intencionalidad. Las preguntas dibujaron un mundo globalizado: realizadas en distintas lenguas, por personas en condiciones muy diversas y con más mujeres que hombres. La primera fue planteada por una niña japonesa de siete años sobre el porqué del dolor, tras el terremoto. Quizá una oportunidad perdida para que el Papa pudiera mostrar una respuesta sensible y diferente al otro tsunami, el producido por los trágicos y dramáticos episodios de abusos sexuales a niños, consumados entre las paredes de la Iglesia. Pero eso sería otra pregunta.

Publicado en: El Periódico de Catalunya (23.04.2011) (Reportaje completo: La comunicación del Vaticano) (versión .PDF del artículo)

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Enlaces de interés:
– ‘Habemus Papam’, el último filme de Nanni Moretti, se abre paso entre las críticas (El Periódico, 20.04.2011)
– Los trucos del papa (Luis Arroyo, 26.04.2011)

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