Olas de energía ciudadana

Publicado el 11.04.2011

Mi artículo para la candidatura a la capital europea de la cultura San Sebastián-Donostia 2016.

Las palabras pueden cambiar el mundo. James Baldwin, escritor afroamericano y uno de los más conocidos precursores del movimiento de derechos civiles, afirmaba: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.”

No me cabe ninguna duda que la elección (búsqueda, debate, decisión) del lema de la candidatura de Donostia2016 no es un ejercicio de marketing electoral, ni político. No pretende agradar, sino convencer, persuadir. Quiere cambiar el mundo (contribuir a ello) desde la modestia del entusiasmo y la confianza. El texto enfrenta, desde la esencia conceptual, a lo que creen –y a mi juicio, aciertan- debe ser una capitalidad cultural europea. Es decir: un nodo cívico glocal.

Incesante
Las olas son una poderosa y evocadora imagen. Me interesa, especialmente, su continuidad irregular. Incesantes, sin fin. A veces una caricia líquida, a veces un azote devastador.  Ellas son, a la vez, naturaleza, cultura y civilización. Nos visitan, dibujando y moldeando nuestros litorales. Han sido las puertas a lo global. El mar nos hizo mundo y planeta. Los mares nos unen y nos separan. Ellos son los portadores de los mensajes en la botella que, como náufragos contemporáneos, debemos ser capaces de comprender: los retos del planeta y de la humanidad.

Las olas que bañan Europa, del Atlántico al Mediterráneo, del Cantábrico al Báltico, pasando por el Negro, el Egeo o el Mar del Norte, sacuden nuestros contornos para despertarnos del letargo. En contacto con ellas, Donostia2016, un nodo transfronterizo (como faros del siglo XXI) que articula un territorio de litoral-ciudad (de litorales-ciudades) y que se ofrece como puerto de Europa. Un puerto para abrir las puertas cerradas de nuestra visión.
Vitalidad
Sin energía vital, sino capacidad para trascender los contextos y límites individuales en horizontes globales de esperanza, no podremos construir y ampliar los valores democráticos. Europa envejece, sí; pero sobre todo, se agota, se consume, se apaga. Necesitamos una renovada energía pública y cívica que revitalice nuestras mentes y estructuras.
Energía humana. Energía democrática. Energía cívica. Sin ella no hay vida. Necesitamos que las capitalidades culturales sean más un caudal de propuestas, un flujo de ideas, que un escenario, una cita o un programa.

Cultura
La decisión de concebir la propuesta cultural como propuesta ciudadana es una de las grandes apuestas de Donostia2016. Más que una fortaleza –que lo es- es una visión, una manera de entender la cultura, como encuentro, proceso y resultado de la profundización de la dimensión cívica y ciudadana de nuestra identidad europea. Lo que compartimos (territorio, políticas, moneda…) no será nuestra identidad hasta que no sea una manera de entender nuestra dimensión ciudadana. Eso es la cultura. De ahí que la candidatura cultural haga una propuesta tan radicalmente democrática y cívica, propiciando la cultura del diálogo, de la diversidad, del encuentro, de la paz. Una cultura de culturas.

Esperanza
“Olas de energía ciudadana” no es un lema, un título o una marca. Es un espíritu, una bandera, una canción. Por eso me parece ganador. Europa necesita un nuevo espíritu, para poder cantarlo en coro, y levantar la bandera de la cultura y la democracia como la patria de la humanidad. Europa necesita Donostia2016. Su lema no es una propuesta posible, es un desafío inaplazable y urgente. Es nuestra esperanza.

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