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El Rey está desnudo

Una institución que solo se renueva en caso de abdicación o defunción de su principal figura es –por naturaleza– conservadora, recelosa, temerosa… y complicada, sin duda. Jaime Peñafiel, uno de los periodistas que mejor conocen la Casa Real española (y que ha publicado recientemente El Rey no abdica), ha revelado unas declaraciones de la reina Sofía que hablan por sí solas: «A un rey solo debe jubilarle la muerte. Que muera en su cama y se pueda decir: ‘El Rey ha muerto, viva el Rey’. No es urgente reformar la Constitución… ni el Rey está cansado ni el Príncipe impaciente… ¿Abdicar? ¡Nunca! El Rey no abdicará jamás…

Ni lo hemos hablado nunca. Se da por sobreentendido».
El rey Juan Carlos I se enfrenta esta noche a un discurso histórico. Si la noche del 23-F contribuyó con su comparecencia en la televisión pública a desactivar la intentona golpista y salvar nuestra joven democracia, no es exagerado afirmar que el discurso de esta noche puede salvar nuestra vieja Monarquía antes de que el deterioro en la opinión pública sea irreversible. Para quien considera que la muerte es la única razón que justifica un cambio, debe ser una tentación resistir, aguantar y enrocarse como la mejor defensa ante las adversidades. Así han reaccionado casi todas las monarquías europeas frente a los escándalos. El tiempo juega a su favor, deben pensar.

Hoy, la Corona puede dar, y debería hacerlo, una sorpresa. Después de algunos días de preocupante silencio, ha reaccionado en todos los frentes: cambios en las responsabilidades de dirección y comunicación de la Casa del Rey, comunicados que sentencian al yerno no juzgado, cortafuegos institucionales para delimitar el alcance de lo que se considera familia real (que casi chamuscan incluso a las propias infantas) y anuncios diversos sobre rendición de cuentas, auditorías adicionales y transparencia presupuestaria.

A pesar de ello, lo más importante debería pasar esta noche. Con las medidas anunciadas, el Rey ha ganado tiempo, algo de crédito y, sobre todo, ha evitado el bochorno de la sospecha. Ver a un Rey callado ante lo que ocurre en su propia familia y siendo el máximo representante del Estado, en los exigentes compromisos públicos relacionados con el resultado electoral, hubiera sido un golpe muy doloroso para la institución y para nuestra democracia.

Este año era el gran año. La derrota política y policial de ETA era el gran mensaje que la sociedad española estaba esperando y que el Rey podía solemnizar como curso histórico y memorable. Pero todo ha quedado empañado por unos miserables contratos que –abusando del linaje y del estatus real y aprovechándose de una práctica política cortesana y condescendiente que busca el barniz regio– han dado cobertura al descaro. Y ahora, en el peor de los escenarios, sabemos que era un secreto a voces, incluso para toda la familia real: el yerno olímpico y deportista no jugaba limpio. Y los suegros parece que lo sabían. Y los cuñados, también. Reaccionaron, sí, pero a costa de una posible ocultación. Aquí está la supuesta culpabilidad familiar que hoy se juzgará demoscópicamente.

Esta noche cualquier detalle será relevante. Las monarquías hablan con el lenguaje simbólico. Sus palabras son sus gestos. Su prestigio y su fortaleza radican en la fuerza de lo ético y de lo icónico, inseparablemente. Estaremos atentos a las fotos, a la decoración y a la comunicación no verbal de nuestro veterano Monarca. Analizaremos lo que dice y, sobre todo, lo que no dice. Las palabras clave serán: perdón y vergüenza . Si pide disculpas, tiene más opciones de salir airoso. Pero si, además, no muestra vergüenza ajena por lo ocurrido (y lo que podría todavía conocerse), será difícil que pueda mirarnos a la cara. El Rey está desnudo, y sería deseable que, siguiendo su proverbial intuición, lo percibiera antes que nadie y empezase entonando un mea culpa. Esta sería la gran sorpresa que marcaría un giro en la estrategia de comunicación. El Rey sabe bien lo que es el servicio público. Es un profesional. Y en los momentos clave ha jugado su papel institucional. Esta noche no puede defraudar.

Esta noche, tras el mensaje del Rey, la web de EL PERIÓDICO incluirá un análisis del discurso por Antoni Gutiérrez-Rubí. (Análisis tras el discurso: El pequeño paso del Rey)

Publicado en: El Periódico (24.12.2011) (versión pdf)

Documentos de interés:
Discurso de 2010
Discurso de 2009
Discurso de 2008
Libro “30 años de discursos del rey”

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65 Comentarios

  1. […] Pedir perdón no es lo mismo que disculparse, y para que sea creíble y efectivo, este acto reclama contrición, arrepentimiento y vergüenza. Y cambio, muchos cambios. Estas emociones, que son las que el monarca más necesita transmitir en estos momentos, no las garantizaba un papel -por bien escrito que estuviera-, aunque llevara el sello real. El Rey no ha utilizado la palabra “perdón”, pero prometer que “no volverá a ocurrir” es casi un sinónimo. Y su cara transmitía una mezcla de emociones entre rubor y tristeza. […]

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