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La ansiedad de Sarkozy. La serenidad de Hollande

Publicado en: El Periódico de Catalunya (6.05.2012). La carrera hacia el Elíseo: La ansiedad de Sarkozy/ La serenidad de Hollande (versión pdf)

La ansiedad de Sarkozy
Nicolas Sarkozy ha perdido la campaña y los papeles en más de una ocasión. Sus desplantes, cuando no claramente insultos, a periodistas o electores forman parte de su carácter irascible. Siempre a la defensiva, aunque ataque, se ha mostrado irritable y zigzagueante. No ha sabido encontrar el tono.

En ausencia de la política en su campaña (y casi en su presidencia) ha actuado a golpe de impulsos mediáticos. Su hiperactividad ha sido agotadora. Ha confundido la política con la sobreexposición del poder. Y su instinto táctico le ha permitido sobrevivir y rehacerse en muchas ocasiones. Pero esta vez, sin norte, se ha movido como una veleta. Quiso refundar el capitalismo… y lideró el ataque a Libia como parte de una campaña para la mejora de su popularidad. Ha acabado flirteando con el Frente Nacional y la derecha extrema. Sin escrúpulos y sin brújula, se la ha jugado a la carta del populismo. No fue hasta el 20 de febrero, para apurar las ventajas del cargo presidencial, que anunció su candidatura, un mes más tarde que su rival.

Torpemente, ha utilizado la crítica realidad económica española para alertar al electorado de los riesgos de la gestión de los socialistas. Cuestionable e improcedente, parece que ha errado el tiro. Los franceses le tienen más rabia a Merkel que a Zapatero. El problema de Sarkozy no es Merkel, es Merkozy. El símbolo icónico de un político diluido y fundido con la líder alemana. Quizá demasiado para la autoestima francesa.

La campaña de Sarkozy no empezó de la mejor manera. A las pocas horas de mostrar su lema, La France Forte, se descubrió que el fondo de la imagen no era de Francia sino de Grecia y que el eslogan ya había sido usado por Valéry Giscard d’Estaing en 1981 (perdiendo contra el socialista Mitterrand ). Errores publicitarios que reflejan la obsesión mediática y la ansiedad instrumental de Sarkozy y su excitación permanente por obtener cualquier buena imagen a costa de cualquier precio.

Después de perder la primera vuelta, tan solo tenía una oportunidad: el debate electoral. En el 2007 consiguió ganarlo claramente frente a Ségolène Royal, expareja de Hollande . Esta vez no ha podido con François. Una dulce venganza personal y política.

La serenidad de Hollande
François Hollande ha ganado claramente la campaña electoral y aunque no es condición suficiente para vencer en las urnas es más fácil conseguirlo si lo has hecho bien. Su victoria en la primera vuelta así lo acredita. Los franceses optarán hoy –más que por dos partidos– por dos maneras de entender la política y el poder. Estas son las claves principales.

El candidato del cambio empezó pronto y marcando el ritmo. El 22 de enero, en Le Bourget (cerca de París), Hollande habló durante hora y media, ofreciendo un discurso sorprendente, que fue valorado por la opinión pública como uno de los mejores de todos los tiempos. Mezclaba lo personal y lo político, anclado en los valores de la izquierda y citando a Camus, Luther King, Kennedy, Obama. El discurso, de estadista –y minuciosamente preparado por él mismo– fue ampliamente alabado y transformó de golpe la percepción blanda que se tenía sobre él. Demostró que podía ser un gran líder, ante el entusiasmo de sus simpatizantes. Reivindicó otra política, otro mercado, otra Francia. Y se reivindicó a él mismo.

Hollande ha identificado correctamente el sentimiento que suscita Merkel en el electorado. Se presenta como el dirigente que se enfrentará a Merkel: a su manera de entender Europa, la sociedad y las finanzas internacionales y comunitarias. Hollande ha representado mejor los intereses (y los sentimientos) de la ciudadanía francesa. Emerge un renovado nacionalismo de corte socialdemócrata. Ha sido útil para su candidatura. Veremos si es, también, bueno para Europa.

Hollande se presenta como el continuador de la historia francesa en la búsqueda de la igualdad. Su vídeo electoral, entremezclando el relato progresista francés, con el uso de frases de su discurso de Le Bourget, (al estilo del vídeo Yes, We Can de Obama ) está plagado de pequeños guiños simbólicos que relacionan épocas, ideas y referentes políticos. Ha utilizado bien la historia. Y el orgullo francés. Ofrece serenidad, cambio y reencuentro con las esencias de la República, a partes iguales.

Hollande recuerda a La force tranquille de Miterrand. Frente al desconcierto y la irritación que genera la crisis, propone una alternativa serena. Se ha preparado a conciencia. Es la antítesis de Sarkozy: un improvisador nato, excitado e imprevisible. Ganó la campaña y ganó el debate. Seguramente ganará las elecciones.

Enlaces de interés:
Carla-Valérie, el duel de les primeres dames a França (Marc Vidal. Diari ARA, 6.05.2012)

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