El peor atril posible

Publicado en: El País (28.05.2012) (blog ‘Micropolítica‘) (versión pdf)

Mariano Rajoy ha escogido el peor atril posible. El día en que la prima de riesgo bate todos los récords, superando la cifra crítica de los 500 puntos, con Bankia desplomándose en la Bolsa, y tras conocerse el plan de rescate anunciado, Rajoy ha decidido hablar desde la sede del PP. La propuesta escénica culmina un fin de semana de despropósitos comunicativos. Empezando por los silencios cobardes de la rueda de prensa del viernes tras el Consejo de Ministros, siguiendo por la comparecencia altanera y fría de Goirigolzarri, y por los desplantes al Congreso y a la opinión pública: “Bankia irá al Parlamento cuando sea oportuno” dijo Gallardón ayer domingo.

El presidente parece grogui. Y con él, España. Las ocurrencias en materia de comunicación desvelan graves errores de concepción, estrategia y forma. Si se ha gobernado sin un plan de comunicación serio, coordinado y solvente, es que –seguramente- se ha ido a salto de mata, desbordados por la realidad.

Hoy, precisamente, no era día para improvisar. Hoy más que nunca, las palabras son determinantes. La fragilidad de nuestra confianza externa obliga a la precisión, no a la ligereza. Incluyendo el rigor de las palabras y de la puesta en escena. Algunas frases del presidente consiguen el resultado adverso que pretenden. ¿Debemos recordar la teoría de los marcos mentales y el libro No pienses en un elefante de George Lakoff? Rajoy ha dejado caer algunas perlas que se van a convertir en dardos: “corremos un riesgo serio”, “monumental deuda externa  acumulada”, “refinanciar es muy difícil”, “un llamado claro a la irreversibilidad del euro”, “no sé cómo están las cosas en el Ministerio de Hacienda”, “con la que está cayendo en España”…

No me ha quedado claro a quién se dirige el presidente: ¿a los mercados?, ¿a la opinión pública?, ¿a los líderes europeos?, ¿a los ciudadanos?, ¿a los medios?.  Es evidente que no lo tenía claro. Ni ha hecho amigos, ni cómplices, ni aliados. A la pregunta de un periodista sobre  si tenía un mensaje claro dirigido a los miles de ciudadanos y ciudadanas que se sienten indignados por la situación de Bankia y la falta de responsabilidades y explicaciones, el presidente ha perdido una gran oportunidad. ¡Ha acabado hablando de la subcomisión del Congreso! Ni una palabra de comprensión hacia las preocupaciones. Esperábamos un líder, y ha comparecido un gobernante.

“Estoy haciendo lo que hay que hacer, estoy convencido”, dice Rajoy. Es su lema, su mantra. Más que una explicación, parecía una justificación. Y así es percibido y es justo lo contrario de lo que se necesita: justificaciones que siempre necesitan culpables. No ha comprendido, creo, que su tarea no es hacer sólo lo que debe, sino lo necesario, lo que conviene, lo efectivo. Y que se comprenda.

He escuchado, estupefacto, que el líder de la oposición ha dicho que no tiene el teléfono de Rajoy. Ha sido la puntilla. Espero que el viernes pasado intercambiaran los móviles. Si los dos principales dirigentes políticos españoles se comunican a través de la prensa o de sus gabinetes, no me extraña que estemos como estamos. El viernes Rajoy y Rubalcaba, por cálculo partidista o por incapacidad mutua para llegar a acuerdos de mínimos, no salieron juntos en la rueda de prensa. Hubiera sido clave y decisivo para dar una imagen serena y sensata. No lo hicieron, pero a quien le convenía, justo lo contrario de lo que Rajoy cree y le susurran en los oídos, es al presidente del gobierno. Y, en su lugar, hemos acabado en una rueda de prensa en Génova, hablando de Bankia cuando no quería, y atacando, finalmente, al PSOE por su ofensiva sobre el IBI e increpando –por su nombre- a algunos periodistas. Así, no, presidente. Así, no. Está solo… y se va a quedar solo.

Artículos de interés:
Rajoy reconoce los problemas de comunicación de su Gobierno (forcompol, 30.05.2012)

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