La mayoría solitaria

Publicado en: El País (19.07.2012) (blog ‘Micropolítica‘)

Hoy el Congreso de los Diputados convalidará, con la mayoría absoluta del PP, el Decreto Ley con los últimos recortes y medidas excepcionales aprobados en el pasado Consejo de Ministros. Nunca una mayoría ha sido tan solitaria. Si las medidas son inevitables y no hay margen de actuación para el futuro de España -como afirma claudicante el presidente Rajoy- entonces, ¿los que no las votarán son antiespañoles? Aquellos que voten en contra o se abstengan de participar ausentándose del hemiciclo son, pues, ¿traidores a la patria?, ¿culpables de la crisis?, ¿cómplices de la tragedia? Es obvio que no.

La insistencia de Rajoy sobre la inevitabilidad de las medidas es una coartada pobre para tapar su gran debilidad. Puede hacer lo que quiera (parlamentariamente) pero no puede, ni sabe, convencer. Ni a los mercados, ni a los  socios, ni a los posibles aliados en el Congreso. Su debilidad es su fortaleza: una mayoría tan solitaria como impotente.

Rajoy podrá argumentar que la urgencia en la aplicación de unas decisiones que se escapan a su control, y que son radicalmente contrarias a su programa electoral (con el que consiguió la investidura), no le permite negociar ni los plazos, ni las medidas, ni las formas. Que no hay tiempo para la negociación, ni para el consenso. Pero este argumento es cada día más débil e insostenible. Su mayoría es su soledad y su trampa. Al no tener que esforzarse para obtener apoyos parlamentarios, no los busca. Al no requerir la aprobación social de la opinión pública, ha renunciado a ello. Al no necesitar la comunicación, no la utiliza. Ha despreciado tanto la comunicación, por error y omisión, por soberbia (con el BOE basta) e ignorancia, que ahora, cuando más la necesita para ser creíble, no dispone de este recurso básico.

Esta dinámica acabará con su maltrecha credibilidad y, muy probablemente, le llevará a un callejón sin salida. La impericia de sus ministros, con Montoro al frente (que cada vez que habla sube algo -o la prima de riesgo o la irritación-), es una prueba más de que el Gobierno gobierna, pero no convence. Lo de Montoro, por ejemplo, es de estudio. No sabemos qué es más inoportuno: si lo que dice  o su risita irónica y cínica.

Rajoy, con su incapacidad para conseguir aliados está aumentando -paradójicamente- el riesgo de intervención total de la economía española. Una dinámica perversa se ha puesto en marcha. Y aquí está, para su desesperación y la nuestra, el bucle negativo en el que estamos atrapados. Si con su cómoda soledad no consigue tranquilizar a nadie, y no transfiere al conjunto de la sociedad (vía alianzas sociales y políticas) la necesidad de cambios y reformas, está provocando, involuntaria pero causalmente por incapacidad, una intervención global. Si el Gobierno no genera unidad, la generará la intervención… pensarán nuestros acreedores y socios.

Rajoy ha optado por la vía rápida. La ejecutiva. Pero nuestras urgencias no se resuelven solo por el camino más expedito. Necesitamos grandes acuerdos urgentes, que es otra cosa. Rajoy sería más fuerte en Europa, si consiguiera más unidad dentro del país. La opción escogida, la soledad, tiene más riesgos que seguridades. Para él y para todos.

Mejorar su capacidad persuasiva, comunicativa o creadora de consensos ya no es opinable, ni opcional. El Presidente debe llamar a los mejores y a los aliados imprescindibles a su lado para un combate que no puede ser solo del PP. Reconocer que necesita ayuda no es debilidad, es responsabilidad. La vanidad de la mayoría debe dar paso a un reconocimiento humilde, que es una lección casi moral: ahora que tiene todo el poder es cuando más insuficiente es y más solo está. Y no se lo puede permitir. Porque esta soledad evidencia la ausencia de unidad. Y, sin ella, no tendremos crédito. Así de simple.

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