Los 400 euros y el silencio de Rajoy

Publicado en: El País (15.08.2012) (blog ‘‘Micropolítica“)

La comunicación de la decisión del Gobierno de prorrogar la ayuda de 400 euros por parte del Presidente, tras la audiencia de verano con el Jefe del Estado, no es un tema menor. Después de dos semanas de silencio por parte de Rajoy, y a pesar de los síntomas de inflexión que diversos dirigentes del PP habían dejado entrever, la fórmula escogida permite explorar algunas hipótesis que merecen una reflexión.

Solo había tres escenarios posibles, desde el dramático último Consejo de Ministros y la posterior rueda de prensa del Presidente en la que se nos dijo que el gabinete no había estudiado la medida, a pesar de la fecha inminente de finalización de la prestación (15 de agosto) y del desasosiego que la incertidumbre generaba. Los tres escenarios eran: El primero, suprimir la ayuda. El segundo, mantenerla con más o menos cambios. El tercero, no sabían qué hacer, todavía.

Lo que parece evidente, tras el desenlace y transcurridos estos días, es que el silencio del Presidente ha sido una pésima decisión para cualquiera de los tres supuestos y para la deteriorada imagen del Presidente. Estas son las claves:

1. Insensibilidad. El silencio se ha llevado por delante nuevos jirones de su malograda imagen, añadiendo una dosis de insensibilidad -y casi crueldad- inasumibles en términos de confianza. No me cabe ninguna duda de que el Presidente es sensible a la tragedia del paro que nos azota y que es devastadora para aquellas personas que han perdido la esperanza y están casi en la marginalidad. Pero, precisamente, su silencio ha sido hiriente y le ha situado como un gestor sin alma. La cobardía en política es nefasta, pero la insensibilidad es letal.

2. Improvisación. Dada la magnitud de la prórroga, y el impacto en las cuentas públicas, no es normal que se estuviera esperando hasta el último día para tomar la medida. O se sabía, o se dudaba, como mucho. Pero es difícil que no se supiera, ¿o quizás han cambiado de opinión? Su silencio ha alimentado la improvisación, el cálculo y la duda. Cualquiera de estas imágenes y sensaciones son perjudiciales.

3. Iniciativa. El silencio ha dejado la decisión como una concesión o una cesión, no como una decisión de voluntad, creando el marco de que “no estaba por la labor” y ha dejado todo el espacio a la oposición a la que no le ha faltado tiempo para atribuir la “rectificación” de Rajoy a la respuesta política y social. El silencio, en vez de hacer comprensible la posición del Gobierno, ha alimentado la irritación y el rechazo social a la misma. Otro error de cálculo. En cualquier caso, si la alternativa a los 400 euros eran otras medidas de apoyo a la empleabilidad, como las que apuntó el ministro Wert, hay que afirmar que no parece que la alternativa fuera pensada en términos estratégicos de visibilidad y comunicación política. Ha faltado diseño, convicción, coordinación y efectividad. En este escenario, algunos líderes del PP, con citas electorales a la vista y con mayor sensibilidad social, han apretado las tuercas forzando cambios en la inercia empezada. El mérito se lo llevan ellos, no Rajoy.

4. Gestión. El error “informático” que impidió tramitar la ayuda en el mes de julio fue un fallo imperdonable y, cuando menos, inoportuno que alimentó la idea de “decisión tomada”. La alarma social y la tensión en las personas y las familias de los receptores eran más que justificadas. El error alimentó la idea de provisionalidad, fragilidad y vulnerabilidad de la ayuda y actuó como preparación a su supresión. La sospecha de que alguien -con responsabilidades públicas- habría podido hacer cálculo semejante con el dolor ajeno se nutre con estos graves desajustes. Y la duda nace cuando la confianza se resquebraja.

5. Escenificación. La decisión se ha sabido tras la audiencia con el Rey y después de un vaivén de posiciones respecto a la rueda de prensa posterior. Hemos pasado de no dar rueda de prensa a estar, incluso, en corrillos con los periodistas después de realizarla. Las contradicciones sobre la convocatoria han reflejado cambios no previstos en la escenificación. El Rey, que ya estuvo presente en el decisivo Consejo de Ministros (la última vez fue en 2008) no ha querido quedar asociado a una medida brutal y que fractura a la sociedad por su parte más débil. El Rey y Rajoy se han ayudado mutuamente, en diversas circunstancias. No es la primera vez y va más allá de sus responsabilidades institucionales. Hay complicidad e interés compartido. Que la comunicación haya sido tras su reunión debilita, creo, a Rajoy. De nuevo, el silencio de los días anteriores le ha pasado factura.

6. Humillación. Ha sido lo peor y lo que hay que evitar en el futuro. Que los parados que reciben esta prestación hayan tenido que esperar hasta el último día es una humillación innecesaria e injustificable. Hay dignidad en la miseria. He aquí, quizás, el aspecto más lamentable e intolerable de la gestión comunicativa de esta decisión.

El balance final ha sido esperanzador para las personas que recibirán la ayuda, ha dado bríos a la oposición política y social, y ha sembrado de dudas la gestión gubernamental, deteriorando la imagen del Presidente. No sé a quién se le ocurrió estar callado, pero ha sido un mal asunto, que no se compensa (para el Presidente) con la decisión tomada.

Análisis interesantes:
“Los dos cambios de “voluntad”: Rajoy habla este verano, pero no lo suficiente, según los expertos”. El Huffington Post. (14.08.2012)

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