Política 'isotrópica'

Publicado en: El País (28.08.2012) (blog ‘‘Micropolítica“)

Estos días, en Barcelona, se puede visitar una exposición que merece toda la atención: Cartografías contemporáneas. Dibujando el pensamiento”. Descubre cómo distintos artistas, desde Hamilton a Dalí, se enfrentan y critican la representación geográfica del mundo. Los mapas y las fronteras nunca han sido inocentes. A lo largo de la historia, hemos visto cómo estos no son la fiel copia geográfica de la realidad sino que la construyen. Quien controla la visión del mapa, controla la visión del mundo.

Esta sólida y vinculante relación entre la geografía y la política tiene en la geometría una aliada perversa. La concepción del Estado como territorio, con propiedades geométricas, está atrofiando nuestra capacidad de comprender la pluralidad y la diversidad.

El Estado (= el territorio) concebido como una superficie continua, homogénea e isotrópica -en palabras del profesor Franco Farinelli de la Universidad de Bolonia- ha jibarizado nuestra visión, ha empobrecido nuestra opinión, ha reducido nuestra comprensión. Lesionadas la visión, la opinión y la comprensión, las posibilidades de construir con parámetros nuevos, más dinámicos y ricos, es casi una tarea imposible. Llevamos años, siglos, “viendo” España con el mismo formato geográfico-geométrico que nos impide hacer nuevas aproximaciones que se ajusten más y mejor a nuestra realidad. A España le convienen nuevas cartografías, infografías, mapas mentales y nuevas visiones plásticas de su identidad si quiere, no solo comprenderse mejor, sino esbozar futuros compartidos. En la visión está parte de la solución.

Estado continuo. Esta concepción es antigua, insuficiente, además. No estoy hablando de nuestra realidad insular o de las ciudades autónomas, me refiero a que hoy la continuidad espacio-tiempo, tan analógica, debe ser superada por una mentalidad digital que permita niveles de relación, identificación y pertenencia a una comunidad política contemplando la realidad digital como un fundamento imprescindible para pensar el Estado en el siglo XXI. Las rígidas fronteras sirven mal a los escenarios de globalización, interdependencia y soberanías compartidas a los que nos enfrentamos y con los que convivimos. La tecnología cambia la geografía.

Estado homogéneo. Si hay algo que fracasa constantemente en política es la identificación unidad-homogeneidad. Nuestra sociedad no se puede pensar ya, de manera solvente y sostenible, sin dos conceptos clave: identidades múltiples y sentimientos complejos. La homogeneidad es la antítesis no solo de las identidades contemporáneas sino de la innovación y de la creatividad. Se le atribuye a Albert Einstein esta sentencia: “Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados”. Más locura es, todavía, que lo hagan siempre los mismos, o parecidos, individuos. Si solo respiras tu propio aire, acabas envenenándote.

Estado isotrópico. Asociar la centralidad al centro geométrico es claramente un déficit en la articulación de un Estado moderno, capaz de comprender la estructura de la sociedad red y la progresiva articulación y ósmosis de la geografía de las redes (con sus nodos dinámicos) a la geografía económica. La política sigue viendo capitalidades como centros de diana. Esta concepción está disociando la estructura del Estado en relación con el tejido social y económico que tiene otra estructura más rica, compleja y dinámica. Cuando el Estado no se parece a su sociedad, el colapso es inminente.

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