Comandante en jefe

Publicado en: El Periódico de Catalunya (14.09.2012)(blog ‘Born in the USA‘)

La crisis desatada por los ataques de los manifestantes islamistas a las embajadas de EEUU en Libia, Yemen y Egipto (a las que pueden añadirse también las de Irán e Irak) va a poner a prueba la capacidad política del presidente Barack Obama y las cualidades del candidato Mitt Romney.

Obama llega a este tramo de la campaña electoral con una gran valoración en su política exterior. Un 54% aprueba su gestión. Aunque no ha utilizado la eliminación de Osama bin Laden como un activo en su campaña, sí que permite que lo hagan algunos de sus escuderos. Joe Biden, el actual vicepresidente, cerró su intervención en la convención demócrata, ante una numerosa presencia de veteranos de guerra, con un agresivo y sorprendente grito de orgullo y autosuficiencia: “Bin Laden está muerto y General Motors está viva”.

La reacción de los dos candidatos en este nuevo pulso internacional ha reflejado algo más que un comportamiento acorde con sus actuales responsabilidades. Mientras Obama ha actuado en todo momento como presidente, Romney  -que va por detrás en las encuestas– ha utilizado partidariamente el caso, de manera desafortunada e impropia cuando hay víctimas por medio. El resultado ha sido una feroz crítica por parte de los medios de comunicación, a la que se han sumado numerosos miembros de su propio partido. En política no todo vale, y en política exterior norteamericana todavía menos. El carácter de un presidente se forja cuando es candidato y Romney no da la talla de comandante en jefe.

Obama ha eliminado a Osama. Obtuvo una victoria militar contra el terrorismo y una victoria política que habla de la tenacidad implacable de lo que entiende por justicia la política exterior norteamericana. “Se hará justicia”, ha dicho ahora el Presidente. Promete justicia pero no ha obtenido la paz en la región, como era el deseo de quienes le concedieron un apresurado y controvertido Premio Nobel de la Paz.

Queda lejos el eco de aquellas palabras de Obama en su discurso, calificado de histórico, en la Universidad de El Cairo, en junio de 2009, donde afirmó: “Así pues he conocido el islam en tres continentes antes de venir a la región donde fue revelado. Esa experiencia guía mi convicción… Considero que parte de mi responsabilidad como presidente de EEUU es luchar contra los estereotipos negativos del islam allí donde surjan”. Los ataques violentos contra las sedes diplomáticas van a poner a prueba las convicciones de Obama respecto al mundo musulmán en plena campaña electoral. La carrera patriótica se agudizará. Y volverá a reeditarse la campaña sucia de desprestigio contra su persona. Hay que recordar que todavía hay un porcentaje increíblemente alto de electores que consideran que Obama es musulmán.

Una reciente encuesta del Washington Post preguntó a los ciudadanos a quién preferirían como “capitán de barco”. El 46% dijo que Obama, mientras que el 43% optó por Romney. También se preguntó quién creerían que sería un amigo más leal: el 50% dijo Obama y el 36% Romney. Esta crisis va a ser una prueba para Obama, para sus capacidades y sus lealtades. Hay dos candidatos y un Presidente. Pero Obama se la juega si no actúa ahora como lo que es, el comandante en jefe.

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