La modernización de los partidos socialdemócratas

La constatación de que es, precisamente, el modelo de partido (leninista, forjado en el centralismo democrático) el que impide la modernización del pensamiento, la propuesta y la praxis socialdemócrata en Europa empieza a cuajar. El temor de que el instrumento devore su función, y su misión, es algo  más que una hipótesis. Hoy los partidos políticos y, en particular, los socialdemócratas, no cumplen adecuadamente tres de sus objetivos principales: selección y elección de líderes competentes; articulación de propuestas y programas capaces de dar respuesta a los enormes desafíos de nuestra sociedad; y dinamización de la conciencia social, la creación de valores progresistas[1] y el activismo político.

La crisis de la socialdemocracia es la crisis de la política que reduce la acción política a la ocupación, gestión y dirección de las instituciones del Estado, a través de los procesos democráticos, en especial el de la alternancia o el cambio. Este reduccionismo instrumental ha debilitado a los partidos políticos como espacios ricos y fértiles de capital político (personas, ideas, praxis), para residenciar en ellos los mecanismos de control orgánico de las élites dirigentes del momento. La endogamia ha sustituido a la creatividad, el recelo a la confianza, y la jerarquía a la autoridad, entendida como mérito o crédito intelectual o relacional.

Todo ello, hasta la grave incapacidad de regeneración o reactivación de los partidos, con la emergencia y la imparable penetración de la cultura digital que modifica nuestra manera de comunicarnos, organizarnos y crear valor en nuestra sociedad.

Así, los partidos políticos, con su cultura analógica han chocado frontalmente con la nueva articulación de valores y dinámicas políticas de la sociedad red. No estoy hablando de tecnología, estoy hablando de una praxis, de unos valores organizativos útiles para una sociedad de masas, pero inservibles en una sociedad de las multitudes[2].

El hecho de que en la liturgia orgánica de los partidos el secretario de organización sea, casi siempre, el número dos del partido es algo más que una inercia o una tradición. Es una manera de entender el poder: el de las ideas, o el de la posición en el organigrama. Cuando la organización está por encima de la creación, la reflexión, la  comunicación o la formación -es decir, por encima de la acción y la propuesta política-, se convierte en el centro de la misma. Esta es la dramática y crítica situación. Los partidos animan, alientan y premian el conservadurismo intelectual, la lealtad acrítica y el silencio atronador. Los secretarios de organización inspiran temor, no vocación de servicio.

En este contexto, la modernización de los partidos socialdemócratas no es una cuestión de organización, ni de comunicación, simplemente, sino de manera de entender la acción política y su mérito intramuros y extramuros. Estas son, a pesar de esta advertencia conceptual, las claves -creo- de una agenda modernizadora capaz de sacudir las telarañas mentales y de combatir la pereza del pensamiento acomodaticio, resignado y cómplice de aquellos que creen que no hay otra manera de hacer las cosas. Otro modelo de partido es posible.

MÁS DEMOCRACIA
1.
Primarias abiertas a la ciudadanía. Como proceso radical de socialización de la selección de los candidatos que aspiran a representar a una gran mayoría social. Como un salto cualitativo en la legitimación democrática de los candidatos. Como una prueba inequívoca del compromiso de cambiar la forma de hacer política.

2. Consultas a los afiliados, adheridos, simpatizantes y votantes. Ampliar, permanente, el “círculo del nosotros”. Aprovechar el enorme potencial de la tecnología social y su conectividad para establecer prácticas de consulta, deliberación y contraste con los entornos de proximidad y estimular la participación, con capacidad de decisión, en los grandes temas. Escoger candidatos y candidatas, sí; pero potenciar la votación permanente como cultura, antídoto y ejemplo del tipo de sociedad democrática a la que se aspira.

3. Liderar leyes electorales innovadoras.  Las actuales formas y procedimientos de nuestra  democracia adolecen de un tempo inadecuado para una sociedad de la inmediatez. Hacer más porosa la relación electo-elector con una rendición de cuentas exigente y constante, con mayor transparencia, oficinas parlamentarias de proximidad, regulación del lobby y sanciones implacables en los comportamientos no éticos, no ejemplares, no legales.

MÁS CREACIÓN
4.
Producción cultural. De nuevo, las ideas. Sin ellas no es posible el liderazgo social. Ideas que sean mejores, mayoritarias y diferentes de la oferta simple, populista e individualista que caracteriza el pensamiento débil de las propuestas conservadoras y de la ola de antipolítica que nos sacude. Ideas semilla que pueden tardar más o menos en su tiempo de germinación pero que fertilizan el suelo social. Los partidos políticos como auténticas productoras de contenidos culturales capaces de competir por la atención, la conversación y la vinculación de los ciudadanos en una sociedad alta y densamente poblada por una oferta de mensajes y conceptos desbordantes.

5. Contra la pereza. Un modelo de partido que combata el apriorismo, el esquematismo y la simplificación del análisis político. Un partido del conocimiento, de la razón y de la legalidad. Modelos de conocimiento redistribuido, de acceso público a datos. Un partido que pone al servicio social de la comunidad sus fuentes, sus recursos y sus talentos. No se trata de las tradicionales escuelas de formación de cuadros y dirigentes, sino del impulso de redes de personas y de ideas al servicio de la innovación social.

MÁS ACCIÓN
6.
Reconversión de los espacios. Los orgánicos y los territoriales que tienen en las sedes de los partidos su materialización más obsoleta y burda. Más redes y menos sedes. Reconversión drástica de las sedes de los partidos en espacios de procomún, de recursos para la acción y de servicios para el reencuentro social y político de activistas, movimientos, grupos, emprendedores sociales y económicos.

7. Mas causas y menos casas. De la indignación al compromiso. Un modelo de partido que renuncia al dirigismo y a la vanguardia para formar parte del caudal de energía de movimientos y causas renovadoras y progresistas. Que ofrece pistas y marcos de interpretación sistémica y global, pero que no pretende erigirse en el único referente, ni instrumento, de socialización de la política. Modelos de partido que favorecen amplias alianzas, cambiantes, renovadas… pero que contribuyen a crear mayorías de pensamiento y comportamiento sin las cuales es imposible el cambio electoral y político.

MÁS TECNOLOGÍA
8.
Crowdpolítica. La tecnología social como antídoto preventivo frente a la reproducción de liturgias y esquemas que escleorotizan el pensamiento libre. Un modelo de partido que apueste, radicalmente, por la dinámica cooperativa, cocreativa, colaborativa. Una tecnología al servicio de una atmósfera, de un clima político más abierto, horizontal y generoso. Un partido para aprender de la sociedad red, no para competir con ella, ignorarla o infravalorarla[3].
Un modelo de partido que genera nuevas dinámicas de trabajo, al menos tan abiertas y creativas como las que inspiran los procesos más dinámicos utilizados por el innovador social o el emprendedor. Un partido que estimule el placer por el conocimiento compartido y la acción transformadora. Una escuela de ciudadanía. Una tecnología que provoca cambios de relación entre las personas que comparten ideales y sueños y que permiten recuperar los valores por los que vale la pena vivir.[4]

Conclusiones. Una aproximación
La modernización de los partidos socialdemócratas no es, simplemente, un desafío funcional o instrumental. Tampoco de un “aggiornamento” estético o digital[5]. Se trata de un proceso exigente para repensar y adecuar los modelos y prácticas a la sociedad a la que se dice que se quiere servir, representar y liderar. Pero no a través de medios y formatos que no cambian la naturaleza de la relación y la representación, sino con aquellos que la transforman radicalmente provocando cambios de comportamiento personal que devienen colectivos.

La modernización de los partidos es, fundamentalmente, el cambio personal, de nuestra manera de entender el poder político. Es practicar una cultura política basada en el conocimiento y su redistribución como base sólida para una acción colectiva más descentralizada, autónoma y creativa. Es ocupar el poder y transformarlo, no reproducirlo. Es, a la vez, gobernar y cambiar el modelo de gobierno por otro anclado en los principios del Open Government[6]. Y es, también, liderar sin ir, necesariamente, delante de nadie.

Los retos a los que deben enfrentarse los partidos políticos socialdemócratas no se resuelven, simplemente, con otro gobierno: el socialdemócrata. Sino con más política, dentro y fuera de las instituciones del Estado y -sobre todo- en la sociedad. Las aspiraciones fraternales, más justas, solidarias y sostenibles no se podrán obtener, solo, desde la regulación legal ni desde la ejecución gubernamental, tan limitada, condicionada e insuficiente, aunque imprescindible. Necesitamos más política, indudablemente, pero no se conseguirá con el actual modelo de partidos, tan jerárquico, centralizado y opaco. Y tan poco eficiente.


[1] Beyond the Sunday Rhetoric of Social Democratic Basic Values (Rene Cuperus. Social Europe Journal, Abril 2012).

[2] Una sociedad en red, de multitudes inteligentes, definida por Howard Rheingold en Smart Mobs: The Next Social Revolution (2002). La evolución de las tecnologías de la comunicación otorgará poder a las personas.

[3] The New Socialism: Global Collectivist Society Is Coming Online (Kevin Kelly. Wired Magazine, Mayo 2009).

[4] “Ya que no vivimos tiempos revolucionarios, aprendamos, al menos, a vivir el tiempo de los rebeldes. Saber decir no, esforzarse cada uno desde su puesto en crear los valores vitales de los que ninguna renovación podrá prescindir, mantener lo que vale, preparar lo que merece vivirse, y practicar la felicidad para que se dulcifique el terrible sabor de la justicia, son motivos de renovación y de esperanza.” Albert Camus

[5] The New Social Democracy – Towards Pluralist Network Parties (Robin Wilson. Social Europe Journal, Mayo 2011)

[6] La participación, la colaboración y la transparencia son los tres pilares del Open Government. Un concepto de origen anglosajón que incide en la necesidad de facilitar el acceso a la información para mejorar la gobernanza.

Publicado en: ‘TEMAS para el debate‘ núm. 216, 10/12  ‘Los partidos socialdemócratas del sXXI’. Fundación Sistema (versión pdf).

 

Este artículo forma parte de los textos de DEBATE que recoge la revista en este número dedicado a ‘Los partidos socialdemócratas del sXXI’:

  • Manuel Mella Márquez, NUEVO CONTEXTO SOCIOLÓGICO E INTERNACIONAL DE LOS PARTIDOS SOCIALDEMÓCRATAS: TENDENCIAS, RETOS Y EXPERIENCIAS
  • José Félix Tezanos, LOS PARTIDOS POLÍTICOS DEL SIGLO XXI: FUNCIONES Y NECESIDADES
  • Adela Cortina, CIUDADANÍA Y PARTICIPACIÓN EN LOS PARTIDOS POLÍTICOS
  • Ramón Cotarelo, LOS PARTIDOS SOCIALDEMÓCRATAS EN EL CIBERESPACIO
  • Ana Noguera, LA DEMOCRACIA INTERNA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS
  • Andrés de Blas Guerrero, LOS INTERMEDIARIOS CULTURALES Y SOCIALES DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS
  • Antoni Gutiérrez-Rubí, LA MODERNIZACIÓN DE LOS PARTIDOS SOCIALDEMÓCRATAS
  • Ignacio Urquizu, LOS PARTIDOS SOCIALDEMÓCRATAS Y LA PROFUNDIZACIÓN DE LA DEMOCRACIA

Artículos y referencias de interés para el debate sobre el socialismo democrático:
– Soledad GALLEGO-DÍAZ, “La socialdemocracia europea busca brotes verdes” a El País Domingo (25-03-12)
– Entrevista a Raffaele SIMONE a La Vanguardia (25-03-12)
– José María MARAVALL, “Los deberes actuales” a El País (27-03-12)
– Jordi SEVILLA , “La diferencia socialdemócrata” a El País (30-03-12)
– Fernando VALLESPÍN, “La recuperación de la política” a El País (1-04-12)
– Lluís DUCH i Albert CHILLÓN, “L’esquerra al seu laberint” a La Vanguardia (1-04-12)
– Ignacio URQUIZU, “La opinión pública de la izquierda” a El País (3-04-12)
– Ignacio SOTELO, “El desplome de la socialdemocracia alemana” a El País (3-04-12)
– Andrés ORTEGA y Ángel PASCUAL RAMSAY, “El centrifugado del centro-izquierda” a El País (4-04-12)
– René CUPERUS, “Més enllà de la retòrica dominical dels valors de la socialdemocràcia” a www.noucicle.org (5-04-12)
– Ignacio SÁNCHEZ-CUENCA, “Un problema de impotencia” a El País (8-04-12)
– Olof CRAMME i Patrick DIAMOND, “Después de la Tercera Vía” a El País (9-04-12)
– Matt BROWNE, “Por una Tercera Vía 2.0” a El País (10-04-12)
– Ernst STETTER, “Hacia una Europa socialdemócrata e inclusiva” a El País (12-04-12)
– Tarso GENRO, “El futuro de la cuestión democrática” a El País (13-04-12)
– Sigmar GABRIEL, “Refundar la Europa desde la solidaridad” a El País (17-04-12)
– Carlos MULAS-GRANADOS, “¿Una Cuarta Vía para la socialdemocracia?” El País (20-04-12)
– José María RIDAO, “La socialdemocracia en su laberinto” a El País (24-04-12)
– Ignacio MURO, “Pecados de modernidad de una izquierda inorgánica” a El País (27-04-12)
– Antonio ESTELLA, “Progresismo en la ‘matriz roja'” a El País (12-05-12)
– María de los  Ángeles FERNÁNDEZ, “Redención socialdemócrata” a El País (16-05-12)
– John CRUDDAS, “La bona societat” a L’Hora de Nou Cicle (16-05-12)
– Raimon OBIOLS, “Més enllà del creixement” a L’Hora de Nou Cicle (19-05-12)
– Enrique GIL CALVO, “El declive del ciclo socialdemócrata” a El País (21-05-12
– Juan MOSCOSO, “La socialdemocracia y el proyecto europeo” a El País (7-06-12)
– Borja SUÁREZ y Antonio ARROYO, “Lineas rojas de la socialdemocracia en el siglo XXI” a El País (14-06-12) www.lineasrojas.org
– Ferran REQUEJO, “Socialdemocràcia: molt per renovar” a La Vanguardia (29-06-12)
– Peter TAYLOR-GOOBY, “A left trilemma. Progressive public policy in the age of austerity”, Paper de Policy Network (march 2012)
– Imanol ZUBERO, ‘No es el ciclo, compañero secretario de Organización‘ (23-10-2012)

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