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Aretha Franklin contra Ignacio González

Las mareas políticas, con su incesante y creciente movimiento, son la metáfora más evocadora del momento actual. Cuando parece que retrocede una marea, viene otra con más fuerza. Más alta. En este caso, las calles se llenan de batas blancas. Médicos, sanitarios y pacientes abandonan las salas de espera y ocupan las plazas y los paseos. Cada manifestante es una pancarta, una voz, un testimonio.

La marea blanca crece al ritmo de la música. Hay nuevos formatos de intervención y acción que reinventan el concepto de manifestación y concentración para dotarlo de mayor dinamismo participativo. Adiós al tedio ordenado de los abajo firmantes o los que van detrás de los que sujetan la pancarta. El flashmob de ayer, a ritmo de la pegadiza y electrizante canción “Think”, ha supuesto un paso más en una creciente y estimulante nueva concepción de la ocupación del espacio público. La calle hierve. Los lemas se han convertido en partituras. Los gritos en acordes. Los solistas en coros. El baile es acción.

El simbolismo es extraordinario. La música eterna de Aretha Franklin (intérprete del tema) contra la sordera de Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, quien ya ha anunciado que nada ni nadie (ni Aretha) le detendrán en su “plan privatizador”. El soul de la gente  contra el solo de González. Los argumentos del Presidente no convencen, ni se pueden demostrar, parece. La falta de datos fiables enfrenta a detractores y defensores de la privatización. No hay estudios independientes que demuestren las bondades del plan. Los usuarios (y los profesionales) no creen que la eficiencia de la privatización sea superior, en términos de calidad y de servicio, a la profesionalidad y el compromiso de la gestión pública. La huelga blanca (y la noche blanca, con sus encierros reivindicativos) ha sido un éxito, sin lugar a dudas.

Lemas que son haikus políticos contemporáneos. Textos que golpean la conciencia con su belleza poética o su descarnada verdad. Frases escritas sobre cartones, titulares povera, pero que abren las secciones de política y sociedad de homes y ediciones papel tras conquistar las redes. Silbatos y caceroladas que conviven con música y bailes reivindicativos. El sonido, sea ruido de hojalata o acordes de la Franklin, es la potente voz de los sin-voz. La respuesta política y cívica desborda en imaginación y creatividad. La dureza de la crisis, en su amarga cara de los desahucios, por ejemplo, se combate con sentido del humor, ironía y descaro. Y fuerza radical: la que nace de un profundo sentido de lo justo. Con poderosas acciones de ARTivismo, coreografías sociales y políticas, cuerpos-pancarta, acciones sorprendentes y tecnología smartphone que sustituye a los tradicionales secretarios de organización.

González podrá ignorar el sonido social. Pero las mareas que emergen son el reflejo de una nueva política, subterránea, que se mueve en frecuencias de onda desconocidas para las instituciones y para las organizaciones tradicionales de acción política. Más pronto que tarde estas mareas serán tsunamis.

Vuelve Aretha. Vuelve Think. Vuelve la política que, como decía León Felipe (referenciando a otro poeta, Walt Whitman): “Algún día será una canción”.

Publicado en: El País (29.11.2012) (blog ‘Micropolítica‘)

Enlace de interés:
Miles de madrileños ‘abrazan’ sus hospitales contra el plan privatizador (El País, 2.12.2012)

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