Fin de la cita

Mariano Rajoy no ha subestimado este debate. No ha sucumbido a la tentación de diluirlo en el tedio político y ambiental. Ha llegado a la tribuna (forzado por los “irresponsables que han hecho un uso fraudulento de la moción de censura y de la Constitución”) consciente de sus problemas, que no son pocos: con su credibilidad bajo mínimos (los ciudadanos creen antes a un delincuente que a él).

En este contexto, ha cogido el toro por los cuernos con una estrategia ofensiva (al ataque y acusatoria). Una estrategia gradual. Rajoy ha dado “su versión”: una rectificación (‘me equivoqué’), una acusación patriótica (a ’los insidiosos o irresponsables’) y una explicación de valores y actitudes sobre la presunción de inocencia en un estado de derecho. De los ‘hechos’ (sobre la verdad o falsedad de los mismos) hablará la justicia… y el tiempo.

Rajoy ha jalonado, permanentemente, su discurso con citas literales de Alfredo Pérez Rubalcaba para convertirlas en un boomerang acusatorio. Cada expresión era finalizada con el popular #findelacita (trending topic total). El tono y el gesto acompañaban el martillo picón de Rajoy. La idea era presentarse como víctima de un “moción de confianza fraudulenta”, propia de un “saboteador”, que actúa por “conveniencias particulares e intereses partidistas”, algo “irresponsable”, “poco serio y solvente” propio de un “caprichoso”. Las citas textuales de Rubalcaba han sido palanca ganadora de Rajoy. El ataque ha sido frontal. Puentes rotos, definitivos. Rubalcaba ha devuelto el golpe: “Usted utiliza mis citas, yo utilizo sus sms. Que son los de un socio hacia otro socio en apuros. O los de un socio a otro que le puede poner en apuros”.

Rajoy ha tenido un repentino brote de sinceridad, los auténticos brotes verdes de la política y la democracia: “Confié en un falso inocente, pero no encubrí a un presunto culpable”. Mientras afirma que el resto es falso y que nadie podrá demostrar una actividad ilícita, ni suya ni del PP. Ha reconocido los sobresueldos (pagar por un trabajo extra) y ha dicho que son “de justicia”. Pero no hay contabilidad B y “he declarado siempre todos mis ingresos”. O sea, ni financiación irregular, ni fraude fiscal. Rajoy ha mostrado en esta parte de su discurso una versión contundente. Tres veces dice que es falso “lo que dice el extesorero”, aunque reconoce que “di crédito al señor Bárcenas”, en una expresión equívoca en su literalidad. Pero lo justifica en la confianza y después de ver como las “cacerías” (políticas, mediáticas y judiciales) en otros casos casi siempre eran interesadas… y casi nunca ciertas.

Rajoy, en dos palabras: “me equivoqué”. Ayer fue: “es falso”. Un giro copernicano en la estrategia de comunicación que incluye un ataque frontal: las críticas son (casi) antipatrióticas e irresponsables en un momento delicado de nuestra economía y de la confianza exterior. La acusación de traición (a España) flota en el ambiente. La moción de censura es “pueril y causa un daño irreparable”.

En algún plano de la retransmisión televisiva se ha visto a la Vicepresidenta pasando hojas (entiendo que siguiendo la literalidad de la comparecencia). Ha sido un señal inequívoca de centralidad y autoría, así como consultando su móvil (llamadas y mensajes) en lo que parece un trabajo en equipo y coordinado dentro y fuera del hemiciclo. En definitiva, un discurso trabajado y trabado. Una pieza sólida, al ataque y con la voluntad desviar la atención: los jueces ya decidirán, pero hoy podemos juzgar a las personas y a sus intereses políticos. Rajoy se ha preparado y ha preparado el terreno para una estrategia de combate. Ya lo ha dicho: no tiene que demostrar que es inocente (así es en una democracia) pero los demás tienen que demostrar sus acusaciones o, en caso contrario, son insinuaciones desleales, antipatrióticas e irresponsables. Fin de la cita.

Publicado en: El País (01.08.2013)(blog ‘Micropolítica’)

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