Ciudades inteligentes, territorios más humanos

Ciudades inteligentes, territorios más humanos

El Centro Georges Pompidou de París, construido hace más de 30 años, es una metáfora arquitectónica. Quien ha visto imágenes o ha estado en el exterior del Beaubourg (así se le conoce popularmente) se siente impresionado por la gran cantidad de estructuras metálicas, tuberías y elementos de colores que envuelven el edificio. El espacio exterior muestra, paradójicamente, la infraestructura interior. Las tripas se convierten en fachada. Una solución arquitectónica que es, a la vez, una reflexión política: transparentar el interior para construir lo exterior. Esta red compleja tecnológica facilita que el interior del mismo sea complemente diáfano y que se conceptualice como un contenedor vacío donde los espacios son móviles-polivalentes-moldeables. La experiencia del visitante al recorrer las distintas salas es amable y confortable, ya que los espacios pueden acondicionarse a conveniencia de los contenidos que van mutando con los cambios de programación. En definitiva, la arquitectura interior es como un enorme ecosistema «transparente» que se adapta a las necesidades humanas.

La concepción de la aplicación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación en los territorios, y en especial en las Ciudades Inteligentes, debería concebirse de una forma similar. Las herramientas por las que fluyen datos cobran sentido en el momento en que son útiles a las personas que las utilizan. Esta mirada a la tecnología como una capa instrumental para la ciudadanía y la sociedad en red no siempre ocupa la centralidad de las propuestas. Frecuentemente, el esfuerzo para desarrollar a toda velocidad un proyecto de ‘Ciudad inteligente’ ignora el verdadero objetivo: mejorar la calidad de vida de la ciudadanía. El despliegue tecnológico se realiza de forma vertical por parte de gobiernos y grandes corporaciones y su significación en el día a día del ciudadano es, a menudo, lejana. Una ciudad inteligente debería ser, pues, una ciudad más humanizada.

De esto hablaremos estos días en Quito, en una gran cita regional: El XIV Encuentro Iberoamericano de Ciudades Inteligentes 2013.
El ecosistema de información que se puede generar entre ciudadanos (y sus organizaciones públicas y corporaciones privadas), territorios e infraestructuras inteligentes puede cambiar la manera que tenemos de gobernar las ciudades y de gestionar lo público. Los datos y soluciones que se posibilitan en este rico y denso ecosistema permiten superar las limitaciones presupuestarias o competenciales de las Administraciones locales y municipales, con una estrategia de impulso a la conectividad.

El gran flujo de datos (Big Data), fruto de la interacción en red, cambia la visión sobre los problemas, el alcance de las soluciones y el modelo de gestión de la política. En este marco, los espacios de cocreación e innovación conjunta crecen exponencialmente. La reconfiguración del papel de la Administración Pública y del Gobierno como plataforma de oportunidades obliga a revisar el rol de los actores y las reglas de juego y sitúa al gestor público (y al liderazgo político) como generador de alianzas, más que como simple gestor de sus recursos. El ciudadano se convierte, definitivamente, en el eje principal de la conceptualización estratégica de la acción de gobierno y de la propia narrativa comunicativa.

Publicado en: Hoy Ecuador

Enlaces asociados:
8 argumentos para impulsar smart cities (25.09.2013)
‘Por mayoría que tengan, los gobiernos deben ser para todos’ (La Hora, 25.09.2013)
Entrevista en CN PLUS Al Día (CN PLUS Al Día, 25.09.2013)

Otros enlaces de interés:
Microsoft presenta nuevo tablero digital para medir el progreso de las ciudades (ntn24, 25.09.2013)

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