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Público, privado, íntimo

Publicado en: El Periódico de Catalunya (11.01.2014)(versión PDF)

La política democrática debe estar sometida al ejercicio de transparencia máxima en toda su dimensión pública, en parte de la privada, y nunca en la íntima. El paso dado por la revista del corazón Closer, que ha publicado un amplio reportaje en el que afirma que François Hollande mantiene una relación con la actriz Julie Gayet, no es admisible bajo el pretexto de transparencia o libertad de información. No lo es.

Las personas que nos representan y gobiernan saben que la democracia se fortalece con la coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace. También, que la manera en que viven y cómo se comportan en la vida privada puede tener interés público y político. Y consecuencias políticas y electorales. De acuerdo.

Es cierto, además, que hay informaciones privadas que tienen naturaleza política. La creciente −y conveniente− regulación sobre datos económicos (rentas, patrimonios, intereses), por ejemplo, de los cargos públicos va en este deseable sentido de transparencia. Esconder (utilizando los resortes del cargo y del poder) una enfermedad, o cualquier otra circunstancia personal que pueda limitar el ejercicio del cargo o el mandato público asumido, no sería, entonces, aceptable. Incluso hay representantes políticos que hacen del control de la información de su vida privada un ejercicio de coherencia política o de estrategia personal (como, por ejemplo, desvelar su orientación sexual). Hasta ahí, la ley o la voluntad debe regular qué parte de la vida privada tiene o puede tener interés público.

Pero no hay ninguna justificación para que la vida íntima de las personas que se dedican al servicio público pueda ser revelada sin su consentimiento expreso, ni utilizada en la pugna o rivalidad política electoral, o en el chantaje que es −además− un delito. El daño que se inflige a estas (a su intimidad y autonomía) y a su libertad (de expresión, al manipularla torticeramente) es irreparable. Y los medios de comunicación, y el conjunto de la sociedad, deben hacer frente a la turba que, enarbolando el derecho a la información, la vulnera y destroza. A muchas personas no nos importa, y no queremos saber cómo es, la vida sentimental de Hollande. La única fidelidad que exigimos es al cargo y a la institución que representa. Esta es la diferencia entre el populismo y la democracia.

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