‘Detox’ digital (y político)

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Este verano es muy diferente. Hay una sensación como de artificial tregua, más que de pausa necesaria o descanso reparador. La preocupación por el retorno nos tiene atentos, expectantes, en alerta. Hay miedo y ansiedad por las consecuencias sanitarias, económicas y sociales de esta pandemia agotadora y extenuante. Además, muchas personas ya están sufriendo las consecuencias de esta tragedia en sus propias vidas. Algunas, truncadas dramáticamente y, muchas otras, limitadas y transformadas por profundos cambios en su cotidianidad: del trabajo a la vida personal. Hay una atmósfera de inquietud. Justo lo contrario de la quietud de esta época estival.

‘INFOXICACIÓN’

Estos meses han sido, también, agitados. Nuestra sobreexposición a la información —sea de las noticias o de nuestras conversaciones digitales— ha alterado ánimos, comportamientos y pautas. Hay una infoxicación grave en nuestra vida, como ya advirtió la OMS hace meses al hablar de la COVID-19. Es indudable que la ansiedad y la incertidumbre nos predisponen a escuchar ideas alternativas —incluyendo desinformaciones, bulos y teorías conspiranoicas— con mayor facilidad. Las mediaciones institucionalizadas, sean de los medios de comunicación o de las instancias políticas, están acechadas por la sospecha y el descrédito, que provocan el desánimo y la angustia. La desconfianza crece, peligrosamente.

PACIENCIA COGNITIVA

Las redes sociales, estos meses, han alimentado nuestra reverberación. Hemos sustituido las conversaciones abiertas por un eco insaciable de resonancias autocomplacientes. Nuestra paciencia cognitiva es escasísima, tan solo de cuatro o cinco segundos. Las relaciones causales, con las que garantizamos un sereno orden racional, han sido alteradas por simples relaciones coyunturales y contingentes. Y la aceleración digital está destruyendo la decantación y evaluación por la inmediatez y la superficialidad. Necesitamos un detox digital que vaya más allá de la conveniente desconexión estival. Hay que reiniciar nuestro ecosistema digital para hacerlo más diverso, plural y moderado en su consumo y comportamiento.

POLARIZACIÓN

Las redes se polarizan cada día más; disuaden a los silentes y observadores; estigmatizan ideas y personas; estimulan el disenso para retenernos y alimentan los antagonismos, con la eficacia de unos algoritmos que masajean nuestros instintos gracias a su profundo conocimiento de nuestro comportamiento, al que le asignan patrones fácilmente comercializables. Paradójicamente, a mayor sobreexposición, menor autonomía e independencia de criterio y peor calidad de información.

DISONANCIA

Los datos y los hechos que desafían nuestra visión del mundo cuestionan nuestros prejuicios y creencias. Un sugerente libro titulado Mistakes were made, but not by me (Hubo errores, pero yo no los cometí) demuestra, a partir de varios experimentos de psicología social, que usualmente la gente manipula la realidad para adaptarla a sus ideas. La causa de este comportamiento: la disonancia y los sesgos cognitivos, que revelan que somos bastante más irracionales de lo que creemos. Los sesgos son atajos mentales que nos llevan a confirmar las propias creencias o a hacer interpretaciones equivocadas. Hay muchos sesgos, como el de comprobación, que es la búsqueda selectiva de información para corroborar y reforzar la creencia, o el de autoridad, que transfiere la imagen que se tiene del emisor a la información presentada.

REINICIO

Los retos a los que nos enfrentamos por la COVID-19 no son abordables desde las trincheras mentales de las trincheras digitales. Necesitamos un campo más abierto, predispuesto a la duda para el reencuentro y la búsqueda honesta de soluciones y acuerdos. El detox digital es la primera fase de un inaplazable, también, detox político que nos permita reiniciar muchas relaciones y consensos.

Publicado en: La Vanguardia (20.08.2020). RESET (5)

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