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Ruptura emocional

Hay un momento de quiebre. Un instante —irreversible— en el que la conexión entre el líder político y el electorado se rompe de manera irreparable. Hasta ese punto, los enojos y los aplausos pueden convivir en un balance soportable, con altibajos, sin riesgo para la confianza. Pero cuando se produce un desgaste continuado de credibilidad, llega el momento decisivo en el que el elector pierde el respeto al representante y la reconexión es imposible, así como lo es la atención.

Estas rupturas casi nunca son, estrictamente, por razones objetivas, sino por una suerte de interiorización del desengaño, el cansancio o la desconfianza. Más que errores, lo que rompe el cordón vinculante son las decepciones. Es decir, emociones más que razones.

El vínculo emocional lo es todo en política. No es posible ejercer el liderazgo —con sus dosis de ejemplaridad y ética públicas— sin esa conexión que permite aceptar la autoridad y confiar en el interés general que debe inspirar la acción de cualquier lider, en particular, de los presidentes.

Descubrir los sentimientos que generan los comportamientos, los gestos o las palabras de nuestros líderes políticos es muy relevante. No es lo que se entiende, es lo que se siente. Ya sabemos, gracias a la neurociencia y el conocimiento del cerebro humano, que el capital cognitivo es capital de conocimiento básico. Pensamos lo que sentimos.

En España, todos los presidentes han tenido su momento de quiebre. De desconexión. De agotamiento. De paciencia consumida. Algunos lo llaman fin de ciclo. Hay un momento en el que las audiencias se cansan, se enojan, se hartan. ¿Cómo, cuándo y por qué llega ese instante? Medir con claridad esta elasticidad y aceptación del electorado a la presencia continuada y sobreexpuesta que todo liderazgo presidencial conlleva es clave.

¿Cuánto pesa un copo de nieve?, se preguntaba Rabindranath Tagore. Nada, decía el poeta bengalí. «Pero hay uno que, acumulado con los anteriores, es capaz de romper cualquier rama». La poesía nos ayuda a entender los estados de ánimo, a comprender las emociones individuales y colectivas. Los copos de nieve parecen insignificantes. Como la gota que desborda el vaso. Pero finalmente hay una que derrama. Nos lamentamos, casi siempre, de la última, pero las anteriores son las decisivas.  

Publicado en: La Vanguardia (30.09.2021)
Fotografía: Kelly Sikkema para Unsplash

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