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La autenticidad de Silvia Salis

Hoy en día, tenemos un sexto sentido para detectar cuándo algo es impostado, está preparado o es mero postureo. Y lo sentimos especialmente en política. Por eso es interesante observar a la nueva estrella política emergente italiana, Silvia Salis.

Ya se ha hablado mucho de ella, de su perfil como exatleta, su relativa juventud, su condición de alcaldesa de Génova, su posible proyección nacional e incluso de su capacidad para convertirse en una especie de contrafigura de Giorgia Meloni. Pero, quizá, lo más interesante de Salis no sea lo que representa o lo que puede llegar a ser (si lo consigue), sino cómo logra hacerlo sin que parezca que busca ese impacto y visibilidad. Ahí aparece una palabra gastada, pero todavía imprescindible: autenticidad.

La autenticidad política no consiste en ser espontáneo todo el tiempo. De hecho, en política casi nada es completamente espontáneo. Hay discursos, cámaras, asesores, agendas, fotografías, mensajes más que calculados y silencios medidos. La autenticidad, por tanto, no es la ausencia de construcción, sino más bien la sensación de coherencia, de que esa construcción no se contradice con la persona ni con el carácter.

En Silvia Salis, esa sensación funciona porque no da la impresión de haberse inventado una identidad para competir en el mercado electoral, sino de haber trasladado a la política una manera de ser y de estar que ya existía en ella previamente. No comunica desde el exceso ni parece necesitar demostrar constantemente que es cercana, combativa, disruptiva o emocional. Y eso, en una época saturada de líderes que sí que intentan mostrarlo y que hacen espectáculo de ello, resulta casi llamativo. Salis actúa a menudo (o eso parece) de manera natural, generando una percepción más positiva.

En comunicación política, Xavier Peytibi suele destacar el concepto de hombre común, en el que se teoriza sobre que la ciudadanía vota cada vez más a quien más se parece a ella, o a quien cree que más se parece. Y Rocío Annunziata apunta que, aunque el carisma es importante en los líderes, los líderes anticarismáticos (más parecidos a la ciudadanía común, más naturales) son los que más éxito pueden obtener.

Salis puede ser y mostrarse así porque es alcaldesa de una ciudad mediana, y porque no participa en la política nacional italiana. Hasta hace poco, el foco no estaba tan puesto en ella. Ahora, en el contexto actual de polarización, la izquierda italiana anda en constante (y para ellos esperanzada) búsqueda de alguien que pueda competir con Meloni, y que incluso mejore su fantástica comunicación. La de Salis no es tan profesional, pero sí mucho más natural. Faltaría ver si esa profesionalización, en un futuro, le hace daño o, por el contrario, lleva su autenticidad a nuevos públicos.

El riesgo, muchas veces, está en el propio éxito. Cuanto más se hable de ella como fenómeno, cuanto más se la convierta en marca o promesa nacional, más difícil será conservar esa impresión de naturalidad, de ser realmente auténtica.

Publicado en: La Vanguardia (08.06.2026)
Fotografía: Wikipedia

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