El retrete

Desde la antigüedad el ser humano siempre ha soñado con la inmortalidad y la ha proyectado a lo largo de la historia como motivación permanente. Nietzsche hablaba del Superhombre, un hombre capaz de superarse a sí mismo… y a la naturaleza. Y José Saramago, en su novela Las intermitencias de la muerte (2005), plantea una realidad en la que las personas dejan de morir y celebran su victoria. El texto arranca con la frase: «Al día siguiente, no murió nadie».

Pero todavía no somos inmortales, ni infinitos. Nuestra casa común, nuestro planeta está gravemente herido y muriéndose poco a poco. Nuestra irresponsable inconsciencia nos lleva a apurar el reloj irreversible de la vida planetaria. Esta semana hemos constatado las diferencias —cuando no contradicciones— entre lo urgente, lo posible y lo necesario.

Durante su discurso en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP26, el Secretario General de la ONU, António Guterres, se dirigió a los líderes mundiales con un mensaje contundente: «basta de tratar a la naturaleza como un retrete. Basta de quemar, perforar y minar nuestro camino más profundo. Estamos cavando nuestras propias tumbas», alertaba.

El retrete es una imagen eficaz, aunque la comparación pueda ser desafortunada, si tenemos en cuenta que 3.600 millones de personas —la mitad de la población mundial— carecen de uno que funcione correctamente. La campaña del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) también pone el acento en la culpabilidad del ser humano, incluso llevándolo hacia el absurdo. En un original spot, un dinosaurio irrumpe en la Asamblea General de las Naciones Unidas para increpar a los líderes mundiales: «Les tengo que decir, y pensarán que es obvio, que extinguirse es algo malo. Pero, ¿y extinguirse a uno mismo? En 70 millones de años es la cosa más ridícula que he escuchado jamás». Masoquismo ambiental.

Pero hay una diferencia, sutil pero profunda, entre culpa y responsabilidad. Tan importante como reconocer nuestra culpa en la crisis climática es asumir nuestra responsabilidad y los líderes políticos no pueden evadir esta cuestión. Pensarnos como responsables (y no solo como culpables) nos motiva a actuar (y cuanto antes) para revertir esta situación. Una responsabilidad individual y colectiva.

Publicado en: La Vanguardia (4.11.2021)
Foto: Danilo Alvesd para Unsplash

Artículos de interés:
Sobre váteres y tumbas (Jordi Sevilla. El Periódico de España, 11.11.2021)

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